Folleto 6
(Para Religiosos\as, pero también para laicos\as;
Según un nuevo paradigma teológico).
***(La noche anterior: Introducción, El recogimiento. Ver apéndice n 3, EL RECOGIMIENTO).
Día 1 – mañana: MI CIELO PERSONAL
He oído decir que los EE no son un paréntesis en nuestra vida espiritual sino: son la misma vida de cada día analizada en cámara lenta. El desplazamiento físico, ambiental sólo nos facilita el análisis de lo que hacemos y cómo lo hacemos, en nuestra vida ordinaria. Eso también significa que en los EE no se viene para descubrir el agua caliente, con cosas de otro mundo. Los contenidos en gran parte son los que manejamos todos los días. Si algo nuevo hay, en contenido y forma, (y veremos que sí hay) es porque ha entrado o debe haber entrado a hacer parte de nuestra vida ordinaria, de cada día, desde hoy en adelante. A propósito: nuestras meditaciones silenciosas, durante estos EE deben de llenarse de acción de gracias al Espíritu Santo, por las grandes y bellas cosas que nos va revelando.
Somos como tierra
sagrada. Descalcémonos. Abramos la mente y el corazón
a la gracia especial que el Espíritu
Santo da en ocasión de querer renovar
nuestra vida de cada día, en
estos EE. La divina providencia se pone en acción.
Sé que si en algo se va a renovar en ustedes en ocasión de los EE será porque se produce un buen entendimiento entre lo bueno que ustedes buscan y la gracia del Espíritu Santo. Lo que voy a decir yo sólo podrá servir de ocasión para este encuentro con el Espíritu Santo.
Es curioso lo que dijo el Papa, después de sus recientes EE, refiriendo una anécdota del predicador. Dijo el predicador: “En ocasión de unos EE que prediqué, ante el entusiasmo de un participante, le pregunté qué fue lo que le impresionó; me respondió que sintió un benéfico impulso del Espíritu Santo cuando yo dije “¡pasemos a otra cosa!”. Con esto, no quiero lavarme las manos, pero la verdad es que yo no sé cambiar mentes y corazones. Yo haré algo, pero el buen resultado de estos EE depende de cada uno.
Iniciamos con la inspiración que nos viene de San Buenaventura, el cual decía: cuando te prepares para subir al tercer cielo para comunicarte con Dios, primero detente en tu cielo; que eres tú y el contexto que te rodea.
¿Conozco mi cielo? Quién soy, cómo ha sido mi vida desde la infancia, la adolescencia, mi iniciación cristiana, mi vocación de adulto. Por qué estoy haciendo este trabajo y por qué en este lugar. Y por qué estoy aquí estos días. Por qué he venido a los EE, ahora que estoy aquí, qué es lo que me habita. ¿Creo que podré recibir algo bueno? Caigo en la cuenta, y me hace bien, que son pocos los profesionales que pueden tener 7 días para apartarse del lugar de trabajo y venir a este lugar. Las motivaciones para aprovechar este tiempo son tantas.
Voy a sugerir algo que ayude a descubrir mejor su cielo personal: “el nombre”, como se dice, invitándoles a preguntarse cuál es su nombre; el nombre con el que los ha venido llamando el Señor a lo largo de su vida y los seguirá llamando. “Yo soy el buen pastor y conozco a mis ovejas y las llamo por nombre y ellas me hacen caso” (Jn. 10, 3. 14).
Les doy alguna pista para identificar su nombre (pensemos en los nombres bíblicos…Abrahán, Moisés, Simón Pedro).
¿Cuál es mi nombre? Es mi fuerte ideal, es lo mejor de mi mismo. Es una frase o una palabra que me interpreta a fondo. Me resuena dentro en los momentos más fuertes. Cómo más fácilmente reacciono (en el bien). Dónde más satisfecho(a) me siento (en el bien): “Escúchenme islas lejanas, Yavé me llamó desde el seno de mi madre, conoció mi nombre desde antes que naciera” (Is. 49, 1; Is.45, 3 y 4). “Yo llamo a mis ovejas por nombre y ellas reconocen mi voz”. Coincide con mi pozo y con la actividad que más me hace sentir en lo mío. Llama la atención, siempre. Es el concepto o actividad que más me hace vibrar. Lo que más da fuerza, sentido y convergencia a mi ser, a mi sentir y hacer. Es el carisma que más me da identidad (los comentarios de la gente lo revelan). Es una luz siempre prendida. ¡Es lo mío! Que es también muy útil y bueno para muchos. Es mi fuerte ideal.
El nombre
de Yavé es particularmente sugestivo: “Yo soy
aquel que los acontecimientos se encargarán de decir quién soy”(ver Ex. 3ss). Algo
análogo es para
nuestro nombre.
Para que entiendan mejor, permítanme decirles lo que me parece ser mi nombre.
Mi nombre es “consolar a los afligidos”. Es una
tarea no un título honorífico. Lo descubrí hace
25 años, pero caigo en la cuenta
que desde siempre
ha funcionado así en mí.
Es muy útil reconocerlo porque nos revela qué es lo mejor de nuestra naturaleza personal; nos da valoración; en torno a esa virtud propia de nuestro nombre es donde podemos dar más a la gente, porque constituye nuestra manera de ser, de pensar y sentir. Es siendo fiel a nuestro nombre como le estamos respondiendo mejor al Señor, le estamos restituyendo los frutos de los bienes que nos ha dado. “Sé y darás”.
***(PARA MEDITAR: ver apéndice 1, “PARA MEDITAR”). Nota: Leer aparte la hoja sobre LAS ÉPOCAS RELIGIOSAS, para la meditación de esta tarde. Apéndice 2, “HOJA A LEER, A PARTE, SOBRE LAS ÉPOCAS RELIGIOSAS”.
Día 1 – tarde: Mi cielo socio-religioso
LAS ÉPOCAS RELIGIOSAS
(ya se leyó todo el tema; para esta meditación, resumimos el tema y nos detendremos en la última parte).
I ÉPOCA.
El año 800 a.C. (=tiempo eje), el primer milenio antes de Cristo) marca el inicio de la primera época “religiosa” bien identificada. Dura mil años, hasta el 200 d.C. Es llamada época de la conciencia mítica (señalando el punto de donde viene y cómo va desarrollándose), en cuanto que lo religioso viene de una cultura religiosa que se ha rodeado de una aureola mágica y de ficción alegórica. Conciencia mítica, arcaica, cósmica, imaginaria. Las grandes religiones, desde una concepción religiosa fundamentalmente colectiva, grupal, van buscando una salvación personal. Confucio en China, Buda en India, Zaratustra en Persia; los grandes profetas en Israel, los grandes pensadores en Grecia.
La repercusión de la crisis del tiempo eje sobre la vida religiosa de los pueblos fue enorme. En ella vemos ilustrado un momento prototípico de metamorfosis de lo sagrado: la necesidad de una salvación personal, que origina la aparición de religiones salvíficas en un sentido desconocido hasta ese momento. Religiones universales, trasformación radical de la idea de lo divino. En Israel: Yavé, Dios único y misericordioso.
Los cambios que se dan hoy parecen tener las dimensiones del tiempo eje.
Es necesario que nosotros, personas cristianas, tomemos nota, para no quedarnos atrás en nuestra evangelización.
II ÉPOCA.
Del 200 d.C. hasta 1600 d. C. Dura 1400 años. Inicia la época de la conciencia reflexiva. Va adquiriendo gradualmente preponderancia la conciencia reflexiva, objetiva. El ser humano se repliega sobre su propio cielo (reflexiona) para encontrar el cielo de la divinidad, en un horizonte nuevo. En Israel, Cristo dice ser la imagen visible de Dios invisible. Esta II época evidencia el paso de una conciencia grupal a una conciencia personal, individual. Se caen los dioses y se difunden por todo el mundo las religiones monoteístas. La humanidad avanza mucho en su conocimiento de la divinidad. Desaparecen las divinidades griegas y latinas, en occidente. Es curioso caer en la cuenta que ciertos elementos de esta época, incluso de la primera, siguen vigentes hasta nuestros tiempos; por ejemplo: el dios todopoderoso, castigador, antojadizo.
III ÉPOCA.
Del 1600 d.C. hasta el 2000. Dura 400 años. Marca el inicio de la conciencia científica. Se busca la verdad objetiva de la realidad, con instrumentos físicos y matemáticos. A Dios habrá que buscarlo a través de los elementos físicos de la creación, y con instrumentos físicos, que garantizan la certeza y la objetividad. El caso de Galileo Galilei es emblemático; esto repercute profundamente en la concepción religiosa y en la reinterpretación de las expresiones tradicionales de la misma Biblia. Es la pasión por buscar la verdad de la realidad.
IV ÉPOCA.
Hacia la cual estamos dando los primeros pasos. De la conciencia científica, estamos entrando a una conciencia secularizada, desmitificada (sin tabúes), globalizada. Se habla de la muerte de Dios, entendemos: del “dios tradicional”; en búsqueda de una verdad más universal e incluyente. (cfr. CELAM y JUAN PABLO II, 1999, año del Padre).
Estos cambios conceptuales tienen mucha repercusión en la espiritualidad y en la ética no solo cristiana.
–¿Cuáles son las reacciones de la Iglesia ante esta nueva época, vista sobre todo como época secularizada, desmitificada? He aquí las cuatro reacciones más destacadas.
a)- Atrincheramiento cognitivo.
Se hace cuadrado en torno a los principios, se genera una búsqueda obsesiva de la propia identidad religiosa, con proselitismo agresivo, fundamentalismo y rigorismo.
b)- Rendición cognitiva.
Renuncia fácil a los principios, relativismo, moda, new age.
Como añadidura peyorativa, dentro de este contexto, han escrito sus programas movimientos mal llamados “progresistas”, los cuales a fuerza de buscar relevancia social han sacrificado a ella su identidad original (toda la problemática sobre el aborto, divorcio, divorciados vueltos a casar, el homosexualismo, la ideología de género, etc.).
c)- El pasivismo.
Es la reacción más negativa. “No me molesten, digan cualquier cosa, qué me importa”.
d)- La “Reacción positivamente dialogante”.
Es la evangélicamente correcta y rica de perspectivas positivas. El Espíritu Santo sigue haciendo cosas nuevas. Todas estas cosas influyen grandemente sobre nosotros, pues, en nuestra vida de cada día estamos sumergidos en estas cosas. Ante estas cosas se resuelven nuestras decisiones y nuestro apostolado, nuestra ética, nuestro camino de santificación.
SIN EMBARGO, esta postura positiva conlleva mucho trabajo. Requiere 4 exigencias principales.
- La búsqueda de un sentido religioso unitario. Ante la fragmentación de los varios sentidos parciales de la realidad reflejados por los medios de comunicación masiva, el sentido religioso unitario para la Iglesia es LA PERSONA DE CRISTO, antes que su enseñanza. El da unidad a todo lo que existe y sucede en la experiencia de la vida. Un sentido que neutraliza la ansiedad destructiva de la desesperación que se da por fuerza ante un mundo opaco de sentido, ilógico e incoherente (cfr. Aparecida, 41 y Vat. II, Dei Verbum, 4).
- La re-fundamentación en lo esencial, lo innegociable. Cristo hombre y Dios, camino-verdad-vida, imagen visible de Dios invisible, plenitud de la revelación divina a la humanidad, universalidad de la salvación sin exclusiones, los dogmas con la profundización que el Espíritu Santo va revelando al pueblo de Dios, los sacramentos, la Iglesia garantía de estabilidad en la Verdad y la Bondad, la supremacía del amor efectivo a Dios y al prójimo.
- Un nuevo paradigma teológico, es decir, un nuevo marco unitario y permanente de pensamiento teológico. Una nueva teología. (Ver: Gaudium et spes, del Vaticano II).
- Una nueva espiritualidad. Inclusiva, testimonial, dialogante, con valoración de la religión “atea” (Ver el Samaritano y Mt. 25), en la vida ordinaria
Día 2 – mañana: DIOS NOS ENVUELVE CON SU AMOR (una nueva imagen de Dios).
En el panorama de un nuevo paradigma teológico, requerido por la IV época, tiene el primer lugar la afirmación sorprendente, vista bajo nueva luz, del evangelista Juan: Dios es amor. San Agustín dice que si San Juan no hubiese dicho nada más, al decirnos que Dios es amor, nos habría hecho de todos modos el servicio más precioso. Estamos rodeados por su amor como pececitos en el agua, decían los Santos Padres. En realidad, la imagen de Dios en esta cuarta época ha tenido un cambio muy grande, una metamorfosis; desde la II guerra mundial y desde el Concilio Vaticano II. No es la misma imagen que manejaban nuestros papás y mamás y que todavía maneja gran parte de nuestra gente. Aquella era la imagen de un dios “bipolar”, por decirlo de algún modo. Un día muy bueno, y al otro día, muy furioso y amenazador.
El mensaje del CELAM 1999 motivó y describió este cambio de forma dramática. Leamos: “Que este año 1999, año de Dios Padre en vista del jubileo 2000, sea un año para espantar del alma humana esa caricatura de Dios que tanto daño nos ha hecho y nos hace. La imagen de un Dios castigador, justiciero, antojadizo, arbitrario…una caricatura, un ídolo”. Sorprendentemente, el mismo año, en la audiencia general del 28 de julio, el Papa Juan Pablo II proclamaba: “el infierno no es un castigo de Dios sino el desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida”. Y añadió un principio exegético novedoso y luminoso; dijo: ”Para describir esta realidad del infierno, la Sagrada Escritura emplea un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente”.
San Juan evangelista dice que nosotros debemos mirar con confianza al día del juicio: “quien teme no conoce el amor perfecto”. Demasiado se ha predicado un Dios de temor. Nunca yo había oído, hasta el 1999, un lenguaje así sobre la naturaleza de Dios, nuestra gente mucho menos.
Pero eso supone enormes cambios
mentales y pastorales, dentro de mí y en torno a mí. Cambio
de mente y de corazón. Si Dios es así, yo también debo
ser así y reflejar el rostro del Padre a los demás. El fruto más preciado de estos Ejercicios espirituales podría
ser el de querer difundir, con el ejemplo
y la palabra, esta
nueva imagen de Dios en nuestro ambiente, “a tiempo
y a destiempo”.
Esta nueva imagen de Dios supone pensar y predicar que Dios es amor infinito, incondicional y gratuito. Supone creer que todo lo bueno viene de Él y nada de lo malo viene de Él, nada de lo que hace sufrir y morir viene de Él. Supone convencernos que Él nos ama siempre; aun cuando estamos pecando, su amor perdonador sigue fluyendo sobre mí aun cuando no me arrepiente; su amor no cesa de llamar a mi puerta para que lo deje entrar y cene conmigo. Abrámosle la puerta al amor infinito de Dios.
Día 2 – Tarde: LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO (Lc.15, 11 – 24)
¡Finalmente, podemos comprender a cabalidad la “parábola del hijo pródigo”.
Vamos a recordar brevemente esta bella parábola.
Cuenta Jesús que un padre tenía dos hijos. El más joven exigió que el padre le diera dinero porque quería ir a probar fortuna y placeres. Se fue al extranjero. Pronto se le terminó el dinero y buscó un trabajo. Le dieron un trabajo vergonzoso para un hebreo, el de cuidar cerdos. Llegó al colmo de estar a punto de morir de hambre, porque el patrón no le permitía ni siquiera comer lo que comían los cerdos.
Fue cuando decidió volver a casa, donde su papá. Sabía que era bueno, pero él estaba dispuesto a pedirle perdón de rodillas y a trabajar en la casa como un trabajador cualquiera.
¡Era justo, después de todo lo que había hecho! Pensaba que merecía todo tipo de castigo. Pero, no contaba con el amor incondicional y gratuito del padre. El cual, al verlo de lejos, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó al cuello y echó la casa por la ventana, haciendo una gran fiesta. “Porque este hijo, decía, estaba muerto y ha vuelto a la vida”
Jesús contó esta parábola para hacernos comprender que así es el amor del Padre que está en el cielo, un amor infinito, incondicional y gratuito.
El hijo, al volver, razonaba según el metro de la justicia humana, el padre, en cambio, reaccionó según el metro de la misericordia divina, que es infinita, incondicional y gratuita.
¿Por qué se descuidó esta parábola aun en los ambientes más cristianos? Mucho se debió al error de haberle puesto un nombre equivocado, que hizo equivocar a todo el mundo sobre el contenido esencial; más todavía, tal vez, dependió de la mentalidad pecado-céntrica, herencia del Antiguo Testamento y de una cultura aislada y lenta a la transformación.
Pero, las nuevas generaciones necesitan que volvamos a la fuente refrescante del amor de Dios, infinito, incondicional y gratuito. Un precioso río de este manantial es precisamente la parábola del “Padre amoroso”, mal llamada, del hijo pródigo. Navegando por este río, a los jóvenes se les hace más fácil volver a Dios o buscarlo como fuente de vida, terrenal y eterna. Son muchos, hoy, que se mueren de hambre, buscan la casa del padre y se les hace difícil encontrarla, tal vez, porque les hemos predicado a un dios castigador, vengador, arbitrario, que manda al infierno cuando quiere, con rabia y con gusto. ¡Una verdadera caricatura de Dios!
Día 3 – mañana: TODO LO QUE HACE SUFRIR Y MORIR NO VIENE DE DIOS.
De él viene solo lo bueno, lo que da vida, a nivel integral. Las pruebas, la cruz, el sufrimiento, las desgracias, la muerte no vienen de Él, como se ha venido diciendo desde siglos. La humanidad, como una niña, ha crecido y va entendiendo cada día más y cada generación mejor, la lógica de Dios y de la verdad creada. Las desgracias, las enfermedades causan tanto más miedo cuanto más se acercan a la muerte. El miedo, en definitiva, es a la muerte. Ahora bien, la muerte no la creó Dios ni es Él que la manda. Dice el libro de la Sabiduría, al capítulo 1, versos de 12 a 16: “no os busquéis la muerte con los extravíos…Que no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Él todo lo creó para que subsistiera. Las creaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte…Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte, teniéndola por amiga”. En realidad, los sufrimientos, desgracias, enfermedades y muerte son consecuencias lógicas de decisiones ilógicas de los seres humanos, a nivel individual o social. Todo lo que hace sufrir y morir viene de la libertad humana mal usada.
El Apóstol Santiago, en el capítulo 1 y versos
de 12 a 18 de su
Carta, dice
que la muerte es consecuencia del pecado, que es un deseo
mal orientado del propio ser humano. Hoy, entendemos mejor que los sufrimientos y la muerte
tampoco son castigo de Dios, porque la ciencia y la Iglesia
luchan para aminorar el sufrimiento; ahora bien, la ciencia
y la Iglesia no pueden estar llevándole la contraria a Dios. Es que una humanidad en crecimiento cultural percibe una lógica más fina, como
obra
didáctica del Espíritu Santo. El Papa emérito Benedicto XVI, a los enfermos que se dirigían a Lourdes, en febrero de 2011, dijo lo siguiente: ”Dios nos ha creado para la vida y la felicidad, pero la enfermedad y la muerte son fruto del pecado”.
El dolor existe, las desgracias existen, la muerte dramática, como la conocemos nosotros existe, sin embargo queremos enfatizar que no vienen de Dios sino del mal uso de la libertad humana; que a veces es la nuestra, de los familiares, de los antepasados. Creo que tenemos que poner mucho empeño en aclarar esta verdad a nuestra gente, porque la convicción anterior de que el sufrimiento y la muerte vienen de Dios hace alejar cada vez más las nuevas generaciones, las cuales perciben rápidamente lo absurdo de este tipo de catequesis.
Día 3 – tarde: profundizando la raíz del mal. Qué dice la Biblia.
San Juan Pablo II, el primero de enero de 2005 (cuatro meses antes de morir), a la pregunta
“qué es el mal”, contestó de la siguiente
manera: “El mal pasa por la
libertad humana…Tiene nombre y apellido: el nombre del hombre y de la mujer que lo admiten”. Me llama
la atención el que este santo Papa, en este contexto tan específico, no nombre el diablo.
Quiere que no seamos
víctimas de evasiones, para que, como humanidad madura, tomemos nuestra
responsabilidad según verdad.
¿Por qué la Biblia frecuentemente atribuye el mal a Dios, como castigo? Por dos razones. Primera: porque la Revelación es progresiva, es decir: según el desarrollo que va alcanzando el pueblo hebreo. Como se hace con un niño, al cual se le explican las cosas en la medida que las pueda comprender. A los tres años, para explicarle un peligro, se le narra el cuento de caperucita roja; pero, a los 16 años, para hablarle también de un peligro, se le habla de manera directa, sin cuentos. También, al niño se le habla en términos de premio y castigo, pero, a los 16 años, ya no se usan siquiera esos términos.
Segunda razón: el pueblo hebreo no tenía mucha filosofía, era un pueblo de campo. En cuanto a lógica, no tenía el concepto de causa segunda, que son el ser humano o las leyes de la naturaleza, y todo lo atribuía a la causa primera, que es Dios.
Nosotros sí conocemos el concepto de causa segunda y conocemos la causa de los fenómenos naturales. Sabemos que tenemos el libre albedrío y entendemos mejor lo que Moisés dijo al pueblo: “Mira, hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor,…guardando sus caminos…vivirás” (Dt. 30, 15-20). Si las cosas no nos salen bien, la culpa es nuestra o de otros seres humanos; no es por castigo de Dios, sino por lógica inmanante. Los problemas de todo tipo que tengamos son consecuencias lógicas de decisiones ilógicas. Hemos leído lo que dice Santiago en su carta, al capítulo 1, versículos de 12 a 18. Volvamos a leerlo.
De manera que la Biblia trata el problema del mal de una forma “ambigua”; alguna vez, culpa justamente al ser humano; otras veces lo atribuye a un Dios furioso y vengativo (Ezequiel 9, 1-6). Afortunadamente, el Nuevo Testamento ya no se expresa así. Para una humanidad “niña” (el pueblo hebreo joven del Antiguo Testamento), se usa un lenguaje tajante por tres razones principales: para inculcar la soberanía de Dios; para inculcar la obediencia a Dios; y porque, no teniendo el concepto de causa segunda, como hemos dicho, atribuía a Dios las desgracias, como castigo suyo.
Después de haber conocido la parábola del hijo pródigo, ya sabemos que Dios no castiga, no se venga y sus reacciones hacia nosotros, aun cuando somos malos, solo son de amor misericordioso.
Día 4 – mañana: EL PLAN DEL PADRE EN LA CREACION
(plan que Cristo abrazó hasta las últimas consecuencias; redención y divina providencia).
*** (Ver Quién es Jesús, Apéndice 6, ¿QUIEN ES JESUS? EL CENTRO DE NUESTRA VIDA)
–Volvamos a la IV Epoca, que exige un nuevo paradigma teológico. Tocamos el tema muy sensible de la Redención.
El plan del Padre siempre
fue como el de una madre: querer lo mejor para sus hijos, que sean bien portados o no. El Verbo del Padre se encarnó en la naturaleza humana,
para que, usando bien nuestra libertad
a ejemplo de El, hombre y Dios,
creciéramos a su estatura y llegáramos a ser partícipes de la divina
naturaleza. Dios creador quiso elevarnos a ser
partícipes de la divina naturaleza, a ser co-amadores.
Nos creó libres porque solo así podíamos aprender a amar; arriesgó que falláramos en el uso de nuestra libertad, como en realidad ocurrió: pero, su voluntad de amor no cambió a causa de nuestro pecado, siguió con el mismo propósito y, en Cristo, restauró la naturaleza humana, para conseguir el plan primigenio. Restaurar el inicial proyecto de su Reinado en el mundo, una vida humana en amor, justicia, paz, verdad y vida fue la tarea de Jesús (cfr. CIC 460. 541). Y así fue: el “octavo día” (diría un escritor). Para que la humanidad gozara del día luminoso del Señor. La redención se dio cuando, en ocasión de la muerte de Jesús, afrontada con el grado máximo de amor, el Padre intervino con su providencia divina (CIC 600). Y, “en ocasión del delito más grande cometido por la humanidad, el asesinado de Jesucristo”, creó la maravillosa realidad de la resurrección de Jesús venciendo la enemiga muerte y, por el infinito amor humano-divino de Jesús, volvió a llenar de vida (salvar = salud-dar) a todos los seres humanos (cfr. CIC. 312. 608). No se trató de pagar por nuestros pecados, porque el amor de Dios es gratuito (cfr. Lc. 15), sino: se trató de producir tanto amor cuanto pudiera vencer el egoísmo de los fariseos y de toda la humanidad. El amor de Jesús al grado máximo venció todo egoísmo productor de todo mal incluyendo la muerte. El egoísmo mata, el amor salva. Jesús nos salvó con su amor al máximo grado.
Es mejor decirlo así. No nos salvó, en sí, con su sufrimiento, sino con su amor; el grado de sufrimiento de Jesús, aun siendo la expresión de su amor, fue circunstancial; en otra cultura habría podido ser diferente. Nosotros los cristianos no debemos enfatizar el sufrimiento (el viernes santo) a costa del amor que, solo, produjo la Pascua de resurrección. “Aunque diera mi cuerpo a ser quemado, si no tengo amor, nada soy” (cfr. ICor. 13). Es decir: se puede morir con el gran sufrimiento de la tortura y de la muerte aun sin amor. Entonces, ese sufrimiento no vale nada.
¡La verdadera energía salvadora es el amor! Jesús nos salvó con su amor, al grado máximo; si las circunstancias hubiesen exigido aún más grande sufrimiento, Jesús lo habría afrontado con el grado máximo de amor, que él tenía y tiene como fuente (ver: la teología del Primado del Verbo Encarnado, del Beato fray Juan Duns Escoto).
Nuestro deseo, la ciencia, la Iglesia, y también Dios, quieren ir eliminando el sufrimiento; el amor, en cambio, “no pasa nunca”. El sufrimiento y la muerte son siempre repugnantes y los fueron también para Jesús en el huerto del Getsemaní (cfr. Mt. 26, 29). Esto es importante para nosotros mismos y en nuestra pastoral. Una cosa es exhortar a los enfermos a soportar el sufrimiento con la paciencia, la humildad con que lo afrontó Jesús en la cruz, otra cosa muy diferente es transmitir a ellos que ese sufrimiento se los ha mandado Dios y que su salvación viene del grado de sufrimiento que tienen que aguantar. El cristianismo no es el camino de Dios pavimentado con sufrimiento sino iluminado por la victoria final y definitiva del amor y de la vida, en la resurrección y en el Paraíso. Cristo ha venido a liberar del sufrimiento porque ha venido para liberar del pecado (cfr. Lc. 4, 16). ¿Somos ingenuos? No. ¡Somos realistas, pero optimistas! a partir de hechos incontrovertibles del Evangelio y de la realidad humana.
Día 4 – tarde: “HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD”, (hágase tu Plan de amor)
A raíz de lo anterior, resulta evidente que la frase de Jesús en el Getsemaní “hágase, Padre, tu voluntad” no fue la sumisión a un Padre que exigía el pago por el pecado de la humanidad y quería ser pagado con sangre, sino la determinación de quedar firme en el compromiso de amor tomado en el bautismo (cfr. CIC 536), costara lo que costara; porque la perseverancia heroica del amor es la que salva (cfr. Mc. 13, 13). Esto es el contenido de lo que decimos también con el Padre nuestro (“hágase, Padre, tu voluntad”) y nosotros repetimos tantas veces en las circunstancias dolorosas.
¡Cuántas expresiones “equivocadas” de nuestra gente, en los momentos más dolorosos!
Al visitar a una madre que perdió a su niño, decimos piadosamente: “Qué vamos a hacer, señora, hay que hacer la voluntad de Dios que ha dispuesto así”. “Le había llegado
su hora”, queriendo decir que fue Dios quien
mandó esa muerte. También decimos: “no se mueve hoja
sin la voluntad de Dios”,
queriendo decir que
todo viene de Dios, también
el crimen del despale del Mato Groso o de nuestros bosques.
La voluntad de Dios es solo una: tener
un proyecto de amor y quedar
fieles a ese proyecto
de amor, lo demás
viene del maligno.
En el huerto del Getsemaní, Jesús le dijo
al Padre: me comprometí a acoger tu voluntad
de re-instaurar tu reinado en el mundo para la vida de mis hermanos, y ahora sigo
fiel a este proyecto de amor, cueste
lo que cueste, Padre.
Es oportuno notar que los diferentes conceptos que se nos han transmitido, al respecto, en la visión teológica tradicional (que Dios exige el pago por nuestros pecados, la satisfacción vicaria, etc.) no son dogmas, sino explicaciones del dogma de la redención, según las exigencias y las posibilidades de conocimiento del tiempo. Tampoco son dogmas las explicaciones que estoy dando, pero son explicaciones que nuestra época ya puede comprender como más lógicas y, lo que es más importante, nos hacen comprender mejor que Dios es amor infinito, incondicional, gratuito, tal como está expresado en la parábola del padre amoroso (mal llamada “del hijo pródigo”). El actual arzobispo de San Salvador, al referirse al martirio del P. Rutilio Grande, dijo: ”no es que la voluntad de Dios fue la de ver morir al P. Rutilio de forma macabra, ni mucho menos a su Hijo” (Carta pastoral sobre el martirio, 2017). Estas afirmaciones no son dogmas, pero indican una sensibilidad nueva. Muy distinta de la que expresaba San Leonardo de Puerto Mauricio, en 1700. He aquí un trozo de su prédica en Viernes santo:”¿qué es lo que condenó a Jesús a una muerte tan atroz? ¿Fueron Pilato, los escribas y fariseos? No, hermanos míos, no. Fue la justicia divina. El salvador bondadoso agonizaba colgado en el aire de tres clavos, derramaba sangre por todas partes; su tierna madre lloraba al pie de la cruz, gemían todos los ángeles, pero la justicia divina, sin dejarse conmover, repetía “¡todavía no!”. Hay que preguntarse: ¿Cuál de las dos expresiones (la del arzobispo de San Salvador y la de San Leonardo) concuerda mejor con la parábola del hijo pródigo y la sensibilidad de las generaciones de esta IV época? (Ver la recomendación al clero, de Benedicto XVI, 2007, como en la charla del día 1 por la tarde, de estos EE).
Día 5 – mañana: EL ANTI PLAN, ANTI REINO, ANTI REALIZACION HUMANA: EL PECADO
Es lo que hizo morir a Adán y Eva, a Abel y a Jesús, y nos hace morir a nosotros, en la vida ordinaria de cada día y al final. El pecado no es cosa misteriosa, es un nuestro deseo mal controlado, y todo conocemos su desarrollo y su trayectoria lógica de muerte. Santiago lo dice de la manera más clara (St. 1, 12- 18). Adán y Eva iniciaron el des-orden del pecado, concibiendo el deseo desenfrenado de ser iguales a Dios. Quisieron constituirse en principio de moralidad, a la par de Dios. Eso es lo que pretendemos nosotros también, más o menos conscientemente. El disparate madre, origen de todos nuestros problemas y fracasos.
Desde el ADN de Adán y Eva siguió una cadena de des-órdenes. Nosotros también entramos y aportamos en esa cadena. Ahora bien: cuando hay des-orden las cosas no funcionan. Y con el des-orden del pecado no funcionaron el amor, la justicia, la verdad, la perseverancia y la vida. El Reino de Dios se iba desmoronando. Por este des-orden entró el sufrimiento y la muerte en la creación (cfr. Rom 5, 12); los cuales no son castigo de Dios sino consecuencia lógica de decisiones ilógicas. Hasta que Cristo, que todo lo hizo bien, modelo humano y Dios, se puso “visiblemente” al frente de todo lo creado y reordenó la Historia humana (recapituló en él todas las cosas), venciendo todo mal, incluyendo al enemigo número uno de Dios que es la muerte. El ser humano pudo retomar el camino de la verdad y de la vida, en la tierra y en el cielo. Y supo que Dios, lejos de ser la causa de nuestro sufrimiento y muerte, “llora” con nosotros cuando nos encontramos en el sufrimiento y en la agonía de la muerte.
Los antiguos hebreos se equivocaban cuando pensaban que los sufrimientos y la muerte eran castigo de Dios, porque no conocían tantas cosas. Nos equivocamos nosotros también cuando pensamos lo mismo, y con más responsabilidad. Hoy, el que dice que los problemas que tenemos a causa del cambio climático son castigos de Dios, da lástima por su ignorancia o, tal vez, por su pereza o evasión. Santiago describe magistralmente la causa del pecado y también su dinámica mortal. Nace un deseo, me doy cuenta que va hacia un bien no apropiado, le doy alas, él arrastra y seduce mi voluntad la cual aprueba; si continúa la trayectoria me lleva a la ruina, muerte de todo tipo, a menudo, hasta la muerte física (cf. St. 1, 12 – 18).
Al inicio, la dinámica del deseo es normal: Dios ha creado miles de millones de bienes, y son todos para llenar nuestras necesidades y llenarnos de felicidad, así que espontáneamente nuestros deseos van hacia estos bienes; sin embargo, somos limitados y no podemos con todos los bienes y no los necesitamos todos, tenemos la inteligencia y la voluntad para discernir cuáles bienes necesitamos y decidimos tomar, siempre según la voluntad de Dios manifestada en la conciencia, en la ley natural, en los mandamientos, sobre todo en la enseñanza de Jesucristo. Cuando prescindimos de la voluntad de Dios es cuando nos des-ordenamos y morimos.
“¡Esto es matemático!” Funciona
como causa y efecto, acción
y reacción. Dios perdona, pero la naturaleza no perdona. Señor,
estoy clarísimo ahora
de dónde vienen
mis sufrimientos, los del
mundo y de dónde viene
la muerte. Y ahora siento
la carga de todos los desvíos que he causado,
los sufrimientos, la muerte
que
he causado a lo largo
de mi camino por esta
vida, en la vida
ordinaria de cada día. Pido
perdón a Ti, creador
de todos los bienes, por haberlos manipulados con egoísmo,
soberbia, por concupiscencia, por falta de auto control.
Gracias por tu luz, el día
de hoy; ahora
sé el tipo de combate
que me corresponde. Controlaré mis deseos y mantendré a raya aquellos que van mal
orientados. Recordaré las tentaciones que tuvo tu Hijo Jesucristo y cómo
las venció. Caigo
mejor en la cuenta que las
tentaciones son cosa
seria y se fraguan dentro
de mí.
Día 5 – tarde: CÓMO SALIR DEL ATOLLADERO DEL PECADO.
Dos instrumentos: LA MISERICORDIA DIVINA Y LA PENITENCIA HUMANA.
Lograré salir acogiéndome a dos realidades: una divina y una humana. La primera es para todos, la segunda es personal.
LA MISERICORDIA DIVINA.
Juan Pablo II, en la encíclica “Dives in misericordia”, en continuación de la Biblia, dice que la misericordia es una potencia especial del amor de Dios, que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido. Es como lo máximo del amor de Dios, en el que florece la compasión y el perdón para todas sus criaturas, aun hacia el más miserable en todo sentido. De hecho, la traducción latina de esta realidad maravillosa es MISERI-COR-DAR (= dar el corazón al miserable: misericordia). Es la potencia que restaura la alianza de Dios con su pueblo, borrando la culpa y la pena de todo pecado, comunicando nueva gracia y nueva vitalidad. Nos preguntamos: ¿se puede hablar de justicia divina? Mejor no; porque viene espontáneo ponerla a la par de la justicia humana. La cual, aun entendiéndola como acto sanador, y así debe ser, la justicia humana tiende a ser simétrica, tanto cuanto, tanto pecado tanto castigo, tanta pena; la Justicia divina en cambio, en realidad es misericordia divina (Papa Francisco). En esta equivocación estuvo el desafortunado punto de partida del CUR DEUS HOMO de San Anselmo; que ha “maleado”, por decirlo de alguna manera, nuestra teología tradicional. Dios, decía San Anselmo, quería ser pagado DE CONDIGNO por la ofensa infinita del ser humano. Pero esto no puede ser, porque “la misericordia de Dios es eterna” (cfr. SaL. 146). La palabra hebrea es RAHAMIM, amor de entrañas: es el amor de la madre, a la que se le hace simplemente innatural rechazar el fruto de sus entrañas. “Los hijos nacen perdonados”. Otra palabra que en la Biblia acompaña RAHAMIM es HESED, que significa fidelidad. Dios tiene amor de entrañas y siempre es fiel a este amor (cfr. Sal- 27. 10: “Aunque mi madre …”). Está en la naturaleza de Dios perdonarnos gratis. En este sentido, Jesús nos ha salvado, no pagando por nosotros sino abriéndonos los ojos y aplicándonos la misericordia perdonadora del Padre (Parábola del hijo pródigo). Dios perdona porque así lo quiere y lo puede sin ningún problema.
El regalo de Dios, pues, allí está: el medio
fundamental para salir del atolladero del
pecado es acogerse a la gracia perdonadora de Dios. Con el arrepentimiento y la oración
de perdón, expresando así la conversión de la voluntad.
LA PENITENCIA HUMANA
(auto corrección, entrenamiento, producción de amor)
El otro medio corresponde a nosotros. Somos personas libres, por tanto, a nosotros corresponde decidir si acoger la gracia del perdón, o bien, quedarnos indiferentes ante ella. Si decidimos acoger el regalo, es natural que hagamos algún signo positivo para expresar nuestra libertad y la conversión de nuestra voluntad. Jesús nos proporciona signos sacramentales. El sacramento del perdón. Arrepentimiento, reparar los daños, propósito de enmienda y un programa de penitencia. Hacer un serio programa de penitencia quiere decir que también nuestro arrepentimiento quiere ser fiel; como fiel es el amor de Dios por nosotros.
Señor, de verdad quiero ser una nueva criatura y entonces voy a hacer un serio programa de penitencia.
Pero, ¿Por qué hacer penitencia si el perdón es gratuito? En efecto, no es para pagar a Dios por nuestros pecados. Hay que hacer penitencia por varios motivos. La palabra “penitencia” es la traducción de la palabra griega “metanoia”, que significa “cambio de mente”. Ahora bien, siempre necesitamos cambiar nuestra mente, que ha aprendido a inclinarse al desorden del pecado. Otro gran motivo es que siempre que pecamos, nuestro ser se desordena, se contamina, sus procesos sicológicos se inclinan a repetir más fácilmente el pecado, el mismo desorden, con la mente y también el cuerpo. Continuamente necesitamos corregir, purificar, sanar la infección. Y este proceso de reordenamiento se da actuando “contrario modo” a las inclinaciones desordenadas. De tal cuenta, los ayunos de varias formas, los sacrificios de varia índole hechos por fidelidad al deber, al amor, y las renuncias aun “artificiales“ tienen sentido. Solo un tipo de sacrificio y renuncia no tiene sentido, el de sufrir para pagar a Dios por nuestras ofensas. Lamentablemente esta parece ser la motivación más común que se les da a los actos de penitencia y a los sacrificios. El perdón de Dios es gratuito, no necesita ser pagado.
Por otra parte, la ascética sí tiene sentido. Ascesis, de ásquesis = entrenamiento, será siempre necesaria para educar nuestras reacciones hacia un fin correcto. Como hace el atleta: todas las mañanas corre muchos kilómetros para que al final del mes, cuando será la competencia, esté en capacidad de hacer el esfuerzo adecuado para vencer. Hay que entrenarse para conseguir reflejos condicionados apropiados. Y si el atleta lo hace por una corona que se marchita, ¿cómo no hacerlo para conseguir la corona eterna? (cfr. ICor. 9, 25). Hay un motivo más para que hagamos penitencia con sacrificios “artificiales”, como el ayuno, por ejemplo: es el gesto simbólico de amor. Por ejemplo: una madre que emprende un largo viaje a pie, hacia un santuario, para obtener la curación o conversión de un hijo enfermo o extraviado. Esta madre, a su manera, quiere expresar, para sí misma, para los demás y para Dios, que la salud de su hijo vale más para ella que el sacrificio de su cansancio; es un gesto artificial pero es una motivación de amor profundo y puro. Dígase lo mismo de los ayunos, de los largos rezos de rodillas, y otras cosas, que hacemos para obtener la curación de un ser querido. Todo es producción de amor, ¡todo, por tanto, está lleno de sentido! Estos sacrificios no valen por el sufrimiento sino por ser producción de amor.
Señor, cuando sea necesario, estoy decidido a sufrir, sea para cumplir con el deber como para ayudar a los hermanos y hermanas que se encuentren en dificultad. Pero también, estoy animado a hacer sacrificios para convertirme en un instrumento de bien, educando mi voluntad e incluso mi sentimiento, para que en todo momento yo sea un hacedor de bien, y por tanto, de tu santa voluntad. ¡Que no sea una persona dejada, perezosa, acomodada, superficial y árida de amor!”.
Día 6 – mañana: EL SEGUIMIENTO DE JESUS (los votos, el voto de obediencia)
Los votos y el voto de obediencia.
Los votos religiosos van a la raíz del bautismo y constituyen el compromiso de seguir a Jesús camino verdad y vida, con su misma forma de vida. Cuando el compromiso es público y definitivo se vuelve oficial; eso significa que la Iglesia cuenta con ese compromiso en la dinámica de su evangelización. Faltar al compromiso acarrea daños y alteración en la dinámica eclesial. La Congregación religiosa a la que se pertenece sería el área eclesial más afectada.
En las 3 áreas
del poder, del tener
y del placer, es donde el ser
humano se integra o se desintegra, porque, al fin y al cabo,
todo es cuestión
de amor o bien de egoísmo. Obviamente, con la fidelidad a los votos
se alcanza la madurez humana,
pues, según el gran sicólogo norteamericano Allport: la madurez humana es la armonización de todas las facultades en torno a un proyecto de amor.
Los votos religiosos son la triple expresión de la única consagración a Dios. No son tres cargas jurídicas. Son consagración a Dios y a los hermanos y hermanas del mundo, con preferencia explícita a los más pobres. En Guatemala, se nos hace más fácil relacionar este sacrificio agradable a Dios con la urgencia de liberar a los oprimidos de todos los pecados, con el amor preferencial a los pobres. Son ellos, los pobres, que más sufrirán por nuestra infidelidad a los votos. Como el buen samaritano apartó los afectos familiares, dio su dinero para socorrer al herido y obedeció de esa manera a Dios que quiere que se ame al prójimo, así tenemos que hacer hoy nosotros en C.A. Los pobres son una muchedumbre y no podemos malgastar energías.
Los votos también son el suporte para ayudar a la persona para que se desarrolle al máximo, manejando a la manera de Jesús las 3 áreas base de su ser: el área del placer, del tener y del poder.
Una nota interesante: la persona consagrada no se compromete a NUNCA PECAR (porque no está confirmada en gracia), sino, se compromete a SIEMPRE LUCHAR PARA NUNCA PECAR; y si faltare, se compromete A SIEMPRE LEVANTARSE PARA SEGUIR LA LUCHA, HASTA LA MUERTE.
LA OBEDIENCIA (en armonía con la verdad)
El voto de
obediencia es el compromiso, oficialmente
expresado,
de hacer siempre
la voluntad de Dios, con la ayuda de la mediación de la Comunidad y de los superiores. Se trata
de adquirir la actitud de Jesús, el cual siempre
obedecía al Padre: “Aquí estoy
para hacer tu voluntad”.
Es servir con libertad y amor, como el servicio de una madre.
¿LA LIBERTAD? Es aceptar y hacer la voluntad de Dios por iniciativa propia; por tanto, la persona consagrada escoge las mejores condiciones de libertad. Jesús nunca hizo su capricho, nunca hizo el mal y fue así el ser humano más libre de la historia.
No se trata de obediencia ciega sino bien iluminada; para eso, se trata de una obediencia dialogada y bien consciente, donde la última palabra de discernimiento es de los Superiores. Eso sí, la ultimísima palabra es de la propia conciencia, responsabilidad definitiva de cada persona. Una obediencia humilde y de fe, pues se trata de obedecer a Dios.
¿Cómo conjugar las relaciones comunitarias de cada día? “En lo necesario y seguro: unidad; en lo segundario y dudoso: libertad; en todo: caridad”. Es una fórmula que, si bien aplicada, evita convertir a la Comunidad religiosa en una convivencia infantil, dependiente de una autoridad que adquiere un carácter despótico y arbitrario. La Jerarquía en la Iglesia es en función del pueblo cristiano, no viceversa (L. G. ); análogamente hay que decir de la autoridad en la Comunidad religiosa.
Hoy se habla de “realización personal” también dentro de la Comunidad religiosa. Es realizar el ideal, la proyección que cada uno ha hecho de sí mismo, en metas, objetivos, estrategias. Ojalá todo sea bien entendido, a la luz de la coherencia al compromiso solemne que se ha asumido: de querer santificarse poniéndose en mano de la Congregación, como es simbolizado en el gesto de la profesión. De otra manera, se absolutiza lo propio y se relativiza el amor, que es dar vida a los demás. No es fuera de lugar, recordar que el primer pecado fue de soberbia, que fue pretender ser uno mismo el criterio de la bondad y de la verdad. La humildad y el amor deben ser los imprescindibles acompañantes de la obediencia, para que lleve al verdadero seguimiento de Jesús.
Día 7 – mañana: LA CASTIDAD
Es la promesa de vivir los bienes sexuales de la forma como los vivió Jesús, es decir, con una sobre abundancia de amor, fijados en el Absoluto y en el servicio a toda la familia humana, priorizando a los pobres.
Desde un principio, hay que notar que el no uso de la genitalidad y de la afectividad conyugal y de todo lo que a ello conduce no afecta la madurez sexual ni la madurez humana. Lo que afectaría a la madurez sería el uso egoísta de las facultades sexuales. Así que con derecho se puede afirmar que Jesús era maduro sexualmente y, en su personalidad, era el más maduro de los seres humanos. Pues, la madurez es ordenar las facultades hacia el amor.
Recordemos algunas definiciones.
MADUREZ AFECTIVA: capacidad de establecer relaciones equilibradas (según la Creación y la sana naturaleza) con las personas, los animales y las cosas.
MADUREZ HUMANA: armonía de todas las facultades y
energías de la persona en torno a un proyecto
de oblatividad, de amor (Allport).
CASTIDAD: virtud de usar las facultades sexuales ordenadamente, dentro de un proyecto global de amor (castidad conyugal, juvenil, de soltero, religiosa\o…).
CASTIDAD RELIGIOSA: virtud por la que todas las facultades sexuales están ordenadas hacia un proyecto de vida que, como el de Jesús, prevé el ofrecimiento a Dios de todo lo que es propio de la vida conyugal (la maternidad-paternidad), para una dedicación integral a la construcción del Reino.
Es importante tener presente todo lo anterior para estar claros, especialmente al momento de la tentación. Estar conscientes que, lejos de ser personas “raras”, somos tan sanos y en armonía con la realidad como para atrevernos a seguir el mismo proyecto de vida que tuvo Jesús. No complejo de inferioridad ni de superioridad, sino la voluntad de querer ofrecer a los hermanos del mundo un humilde servicio para la búsqueda del Absoluto.
ALGUNOS MEDIOS: una Comunidad religiosa acogedora y, posiblemente, un trabajo satisfactorio. Tal vez, en la Comunidad, se podrá ser amigo (a) con pocos, pero hermano(a) hay que serlo con todos. Leer vidas de santos, sacramentos, oficio divino, visita al SS., Rosario.
Dominio de la afectividad:
inclinaciones naturales (instintos) que no se vuelvan pasiones. Actualmente, una importancia especial tienen los medios
tecnológicos de comunicación; cuidado a la conectopatía (adicción a estar conectado). Dijo el gran predicador dominico Bossuet:
“Custodien los sentidos si quieren ser verdaderamente vírgenes”. Finalmente: cultivar el ideal de la santidad; no como aureola
sino como vida
vivida
como Jesús, haciendo el bien de la manera
más intensa y eficaz
posible.
Para la castidad, más que para otras virtudes, es necesario cultivar una atmósfera espiritual, en la que se corten con decisión las motivaciones contaminadas, que sean medio carnales y medio espirituales (Mt.18, 8). Querer llevar la gente a Dios, no a nosotros. Para muchos de nosotros, aquí está el martirio. Podemos cumplir con el ideal de los primeros cristianos; martirio lento, pero verdadero testimonio heroico de vida.
Día 7 – tarde: LA FRATERNIDAD (COMUNIDAD) RELIGIOSA
La Fraternidad, espejo de la Trinidad. ¿En serio? Lo grande que la gente quiere ver en nuestras Fraternidades tal vez es un signo de eso. Recuerda concretamente los comentarios que has oído de la gente sobre tu Fraternidad. La Fraternidad para la fraternidad, en la vida ordinaria, en cada acto de la vida cotidiana.
“Que sean uno, Padre, como yo y tú somos
uno”. “Yo salí de
Dios y vine al mundo;
ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”. Salió de la Trinidad y a la Trinidad
volvió. Habla de su persona humano-divina. La Trinidad
divina que crea al ser humano a su imagen. Venimos de la Trinidad y a la Trinidad
volvemos. La Trinidad es nuestro origen
y nuestro punto de llegada.
La unidad con Dios y entre nosotros. Todos venimos
de la
trinidad familiar
y en ella crecemos. En la Fraternidad religiosa vivimos y crecemos como
en la familia y en la Trinidad.
En realidad, las virtudes que subyacen a los tres votos son los medios necesarios para la fraternidad. Eso dice que fraternidad no es igual a camaradería. La fraternidad es amor, la camaradería puede no tener nada de amor (sucede que el “amigo” mata al amigo).
Dios medio hermanos. La Fraternidad religiosa debe ser espejo para la fraternidad universal y cósmica. Todo es precioso lo que salió de las manos del Padre creador y todo constituye una grada para subir a él. Pero la criatura humana es toda la escalera, sin amor a ella no hay subida. La Fraternidad es un concentrado de esta escalera. Hemos sido creados para convivir y compartir, no para competir.
La persona se realiza solo en relaciones de calidad, relación de comunión, para realizar el Reino de Dios. La gracia supone la naturaleza y la naturaleza del ser humano es ser hermano.
Para poder crecer en la Fraternidad se necesitan tres condiciones básicas, que se vuelven 3 destrezas. La Inclusión: aceptar y ser aceptado. El Control: necesidad de influir y dejarse influir, respetando siempre la libertad del otro. El afecto: valoración, necesidad de amar y ser amado. Cuando estas necesidades son negadas, la persona experimenta vacío, malhumor, agresividad, autoritarismo, murmuración, envidia, inmadurez afectiva, conflictos sin salida (discernimiento vocacional). Las necesidades no se subliman, apaciguan, superan ignorándolas, sino reconociéndolas, aceptándolas y satisfaciéndolas. La Fraternidad religiosa se construye en la medida que se va estableciendo en torno a los valores que constituyen el sentido último de la vida y la razón de la existencia. Junto a todo esto, hay que cultivar la propia identidad, y esta se cultiva en la interioridad, en el silencio y en la comunicación de calidad. Casi da miedo pensar que en la medida que uno sabe estar solo, puede aspirar a “perderse” en una Fraternidad. La Fraternidad no debe ser espiritualista (que ignora la realidad humana) ni sicologista (que se reúne en función de afinidades…). Finalmente, hay que dar una importancia especial a la corrección fraterna. Es la crema de la caridad, que es la crema de la Fraternidad.
La última palabra, pero no la menos importante. La corrección fraterna (Mt. 18, 15ss). Por preocupación y con respeto, haciendo la verdad en la caridad. No es fácil porque somos débiles sicológicamente. Si en una Fraternidad nadie se dice nada, no es por respeto al hermano(a), sino por miedo y, peor aún, por desinterés…¡que me importa si el hermano(a) se pierde!
Todos queremos realizarnos; todos queremos ser “grandes”; en la Fraternidad encontramos el camino a la santidad; lo cual realiza y hace grandes porque lleva a ser partícipes de la divina naturaleza trinitaria.
¡ALABADO SEA DIOS!
NOTA
Además de los señalados, hay dos apéndices más: el número 5, sobre el discernimiento; y el número 7, sobre una conferencia dada a Sacerdotes, que resulta ser una especie de resumen de muchos temas tratados en estos EE.
Apéndice 1. PARA MEDITAR
Introducción, El recogimiento (si hay)
“Ser persona de Dios o persona dispersa, esta es la cuestión”. Cristo es el modelo. Jesús estaba en mil lugares, pero siempre consigo mismo: con su compasión hacia los débiles, con su preocupación por enseñar, con su levantarse de noche o de madrugada para estar a solas con el Padre (Mt. 14, 23; Lc. 6, 12).
Sus acciones tenían siempre una finalidad constructiva, sus palabras tenían siempre mucho sentido.
No era un santulón, pero tampoco un hombre disperso. Nos puede suceder que destruimos una buena charla o una buena conversación por contar un chiste de doble sentido; por no hablar de descontroles mayores. No es necesario levantarse de noche para rezar maitines pero sí nos hace falta visitar el Santísimo, durante el día. Nos hace falta rezar algunas horas del Oficio divino, nos hace falta participar en la Misa con sosiego y poniendo el corazón en lo que estamos haciendo, viendo y diciendo.
Hagámonos un programa escrito, esencial y posible: lo necesitamos, para dar calidad a nuestra vida de personas cristianas, delante de Dios y de la gente; a la que hace mucho bien vernos actuar así.
1. Mañana: mi cielo personal
PARA MEDITAR:
Ex. 3, 13: “Yo soy aquel que los acontecimientos se encargarán de decir quién soy”; Mt. 1, 21-25; Lc. 2, 21; Jn. 1, 42 y 10, 3. Ger. 1, 5; Is. 45, 1 – 8.
¿Tengo siempre presente mi realidad humana, mi infancia con sus heridas, mi adolescencia y un sincero arrepentimiento por la historia de mi pecado? Así, mi vida sigue construyéndose sobre buenos cimientos de “bondad y verdad”.
1. Tarde: mi cielo socio-cultural
PARA MEDITAR:
¿Qué impresión te causa esto de las épocas? ¿Te ayuda a ubicarte y a moverte mejor en la realidad social y eclesial? ¿En qué sentido? ¿En cuáles temas debo cambiar mi manera de ver las cosas, de mi pensar teológico y de mi actuar en la vida espiritual ordinaria? Voy deshojando el evangelio de San mateo, deteniéndome donde Jesús pide cambios radicales, en el pensar y en el actuar religioso. Rom. 1, 5; 1, 23-32; 2, 14-15.
2. Mañana: Dios es solo amor
PARA MEDITAR:
Vuelvo a leer pausadamente y con atención la parábola del padre amoroso (del hijo pródigo). Describo mis impresiones como si tuviera que contarlas a alguien de confianza. ¿Me siento más el hijo menor o más el hijo mayor? Y ¿cuánto me parezco al padre? ¿Quiero llegar a ser así, primero con los hermanos más cercanos y, después, con todo el mundo? Hago una oración sincera según sea mi respuesta. ¿Qué entiendo por amor incondicional y gratuito de Dios? ¿Qué cambios suponen en mi visión teológica tradicional? ¿Y en mi vida espiritual y ascética? Pasaré un buen tiempo deshojando el evangelio de San Lucas, buscando confirma de estos dos adjetivos, incondicional y gratuito.
2. Tarde: El hijo pródigo (el padre amoroso)
PARA MEDITAR:
¿De verdad me siento abrazado(a) por Dios, con ternura como el hijo pródigo? ¿Tengo todavía miedo? ¿Miedo a qué? Tengo que darle nombre a mi miedo. Dios es infinitamente noble y puede perdonarme sin tener que yo pague algo. De verdad, su amor es gratuito. El quiere, lo puede, lo hace así, gratis e inmediatamente (Is. 6, 7-8). Él tiene amor de entrañas, como una madre, pero con capacidad infinita de amar. Rahamim (amor de entrañas) y hesed (fidelidad al amor de entrañas) son palabras imborrables e inseparables; porque su misericordia es eterna (salmos 135 A y B). Dios, infinitamente más allá de nuestra imaginación, nos ha creado y sigue nuestro desarrollo con cuidado personalizado, aunque siempre respetando nuestra libertad, pero también con capacidad de seducirnos. Vuelve a leer la parábola del hijo pródigo (con la aclaración hecha arriba): ese padre dejó libre al hijo, arriesgando, no mandó problemas al hijo como castigo, lo acogió con abrazos, besos y una gran fiesta, ni le preguntó nada. Leer también la parábola de la oveja perdida (Lc. 15). Haz el ejercicio de alejar el temor, el miedo a Dios. El único miedo que debemos tener es el de perder a Dios, por atrasarnos en “volver a la casa”, por nuestra indiferencia al amor a los hermanos. Que Dios nos está esperando con los brazos abiertos y con fiesta lo dijo Jesús; y él es la imagen visible de Dios invisible. Si el hijo pródigo hubiese tenido miedo al padre, no habría vuelto a casa; probablemente, a muchos no les nace volver a la fe cristiana porque tienen la imagen de un Dios castigador. Jn. 12, 47: “He venido a salvar (=salud–dar) no a condenar”.
3. Mañana: lo que hace sufrir y morir no viene de Dios
PARA MEDITAR:
Vuelvo a leer el texto y las citas del tema y las interpreto con la nueva clave, aplicando todo a mí mismo. Después de la reflexión sobre cada texto, hago una oración prolongada, que me salga del corazón. ¿Prefiero esta nueva imagen de Dios o la antigua? ¿Por qué? Doy la respuesta “en espíritu y verdad”.
Me pongo a deshojar uno de los evangelios y lo interpreto, saboreándolo, con esta clave.
Me siento cómodamente y, cerrando los ojos, me sumerjo en esta nueva imagen de Dios. El Espíritu Santo hace nuevas cosas y nuevas las cosas. “Yo soy aquel que los acontecimientos dirán quién soy”. La palabra hebrea Yavé tiene sentido de futuro.
3. Tarde: Profundizando en el mismo tema; ¿Qué dice la sagrada escritura, al respecto?
PARA MEDITAR:
Llamo a la memoria cómo, en mi pueblo, la gente expresa su solidaridad a una madre a la que acaba de fallecer un\a niño\a (recordar frases precisas).
¿De dónde viene el sufrimiento y la muerte? Llamo a la memoria algunas desgracias que han ocurrido a mis vecinos\ as o he leído en el periódico. Busco las causas y oro por los causantes, que allí están con nombre y apellido (aunque los investigadores no los puedan ver, o no los quieran ver).
Vuelvo a leer las citas del tema y las confronto con mi experiencia.
4. Mañana: El plan del Padre, en Cristo
PARA MEDITAR:
Me detengo a pensar sobre la libertad verdadera. ¿Cuándo soy libre de verdad? ¿Cuánto vivo sintonizado con la voluntad de Dios, que es solo amor? ¿Cuál diferencia encuentro entre el Dios del Antiguo y del Nuevo Testamento, respecto de lo que estamos diciendo? Me siento cómodamente al aire libre y contemplo la inmensidad de la naturaleza que el amor de Dios ha concebido para mi utilidad y alegría. Mientras contemplo la naturaleza y recuerdo los grandes descubrimientos científicos, leo con detenimiento y con el corazón las cartas siguientes de San Pablo: Ef. 1, 3 – 10 y también Col. 2, 10 – 20.
4. Tarde: segunda parte del mismo tema
PARA MEDITAR:
¿A qué estamos llamados en este mundo? Responder a nuestro bautismo, viviendo de amor y contribuir a construir el Reino del Padre. ¡Díganlo con palabras de la vida ordinaria! Amor, justicia, paz, verdad, vida y perseverancia, en la vida ordinaria. ¿Cuál fue la voluntad del Padre ante la angustia de Jesús en el Getsemaní y cuál es su voluntad ante nuestro sufrimiento? ¿Qué le decimos a los(as) amigos (as)? ¿Por qué tanta diferencia entre la prédica de San Leonardo de Puerto Mauricio y lo que dijo el arzobispo de San Salvador a propósito del martirio de Rutilio Grande? ¿Cómo explicarías tu convicción al respecto, en una conversación o en una catequesis? Visita al Santísimo y dile lo que piensas y sientes. Heb. 2, 18; Hch.5, 41; Rom. 8, 35; ¿estamos dispuestos a morir por él? Hch. 21, 13; Jn. 21, 15-19.
5. Mañana: El anti plan, el pecado
PARA MEDITAR:
¿Tengo conciencia que pecar es ofender al Creador y lastimar al prójimo y atrasar el avance del Reino de Dios? Y si quiero pedir perdón a Dios, ¿tengo que pedir perdón también al prójimo, de alguna manera? Hacer un recuento de los gravísimos pecados de la historia y ver sus consecuencias: la muerte.
Lo mismo puede ocurrir a mí. Recordar algunos de los graves pecados que me han ocurrido, y analizar de cuál deseo desordenado tuvieron inicio (St. 1, 12-18). También, recuerdo algunos daños graves que he hecho a algunas personas y doy el nombre al deseo que hubo al inicio.
¿He conducido algún tiempo una doble vida? Perdón, Señor, de todo corazón. Rom. 3, 11-12; 2Sam. 11, 2-26.
¿Cuáles son mis apegos más fuertes? Pensando en lo que dijo Jesús, ¿Tengo que cortar algo de mí, interior y exteriormente? ¿Qué cosa? ¡Tengo que ser honesto(a), conmigo mismo(a) y con Dios! Si estás en serios apuros, aprende de memoria las estrofas del salmo 51, 12-15 donde dicen: “Crea en mí Señor, un corazón puro, un espíritu firme; no me alejes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu; devuélveme la alegría de tu salvación y dame un espíritu generoso.
Entonces, enseñaré a los hermanos tus caminos, y los pecadores volverán a Ti”. Mt. 19, 1-12; Icor. 7, 32; P. C. 12
5. Tarde: Cómo salir del atolladero
PARA MEDITAR:
¿Tengo algún programa o propósito de penitencia? ¿Hago ayunos de esas cosas (celular, por ejemplo) que me absorben exagerada y negativamente? ¿Cuáles son mis apegos más perjudiciales? Los enumero detalladamente.
Pensando en lo que dijo Jesús: ¿Tendré que cortar alguno de mis gustos dañinos? ¿Cuál? (Mt. 18, 8) ¡Tengo que ser honesto(a), conmigo mismo(a) y con Dios!
Vuelvo a leer el cap. 15 del evangelio de San Lucas, con el corazón abierto a la gracia del Esp. Santo. Porque quiero ser un(a) buen(a) cristiano(a) para Dios y para mi gente. ¿Cómo recibo los cambios de espiritualidad que vienen de la nueva época? Localizo las virtudes tradicionales que debo reforzar para elevar la calidad de mi vida, y añado las nuevas virtudes de la inclusión, del diálogo y de la misericordia. 2Sam. 12, 13ss.; analizo todo el salmo 51 (Miserere, del Rey David). ¿Qué había ocurrido, cómo reacciona David ante la corrección profética, qué tipo de oración hace a Dios sobre el asunto?”. ¿Qué propones hacer para el futuro?. Jn. 8, 1-11: las últimas palabras de Jesús a la adúltera resumen las últimas dos meditaciones.
6. Mañana: El seguimiento de Cristo “más de cerca”, las tres virtudes de las cuales los(as) Religiosos(as) hacen voto. La obediencia.
PARA MEDITAR:
Obediencia de fe: creer que la familia, la sociedad en general y la Comunidad religiosa nacieron por inspiración del Espíritu Santo; que son un medio seguro de santificación, que en la vida ordinaria me hacen caminar en el seguimiento de Cristo.
En el caso que se equivoquen los que mandan, porque tienen la última palabra, recuerda: Dios sabe escribir derecho sobre líneas torcidas, la divina providencia. Si eres Religioso(a), en tus Constituciones lee y detente en el capítulo que trata de la obediencia.
Hb. 5, 8; P.C. 14; la generosidad es otro criterio muy valioso para edificar la sociedad y la Comunidad (leer todo el capítulo 7 de San Mateo).
6. Tarde: La pobreza
PARA MEDITAR:
Mt. 25, 31ss.; Rico epulón Lc. 16, 20ss.; Mt. 10, 34ss.; Mt. 19, 16ss.; P. C. 13. Deshojar el evangelio de San Lucas y detenerse sobre el tema de los pobres sociológicos. Delante del SS., esboza un programa de despojo interior y exterior (el uso estrictamente necesario de las cosas personales, ahorro de luz, agua, compras y otras cosas). Sobre todo, recuerda que “la opción preferencial por los pobres” es la ´lógica de Dios (CELAM 1999) y es necesario tenerla para “entrar en el Reino de Dios” (ver Mt. 25, 31ss).
7. Mañana: La castidad
PARA MEDITAR:
Si eres Religioso(a), ¿qué entiendes por castidad religiosa (diferente de la castidad matrimonial, juvenil). Con la castidad, según tu estado de vida (casado, joven, soltero, novio), ¿te das concretamente cuenta de lo que te despojas? ¿te das cuenta de la riqueza de la que enriqueces tu persona cristiana, tu apostolado y las personas y la sociedad que te rodean? ¿Cómo harías un programa de ascética para quedar casto(a) para el Reino de Dios? Intenta trazar algunos rasgos. Ve a la capilla, y, a la presencia de la Virgen, ofrece tu castidad al Señor. Deshoja el evangelio de San Juan y busca dónde se toca este tema.
7. Tarde: La fraternidad en la Comunidad; pero también vale por la vida en la familia.
PARA MEDITAR:
Examina con sinceridad tu calidad de vida fraterna o familiar.¿Qué habita dentro de ti respecto de la vida fraterna o familiar? ¿Vives en fraternidad, o también en familia, con las tres condiciones: inclusión, control y afecto? Cuando ves a un(a) hermano(a) actuar mal, ¿piensas inmediatamente en orar por él (ella) o lo primero que haces es criticar? Y, en cosas de cierta gravedad ¿te preparas a hacer corrección fraterna? El amor por el (la) hermano(a) debería de hacerte superar el miedo ¿qué te parece? Vuelve a leer el capítulo 7 de San Mateo.
Apéndice 2. HOJA A LEER, A PARTE, SOBRE LAS ÉPOCAS RELIGIOSAS
–I ÉPOCA. El año 800 a.C. (=tiempo eje), el primer milenio antes de Cristo) marca el inicio de la primera época “religiosa” bien identificada. Dura mil años, hasta el 200 d.C. Es llamada época de la conciencia mítica (señalando el punto de donde viene y hacia dónde va desarrollándose), en cuanto que lo religioso viene de una cultura religiosa que se ha rodeado de una aureola mágica y de ficción alegórica. Conciencia mítica, arcaica, cósmica, imaginaria. Las grandes religiones, desde una concepción religiosa fundamentalmente colectiva, grupal, van buscando una salvación personal. Confucio en China, Buda en India, Zaratustra en Persia; los grandes profetas en Israel. Los grandes pensadores en Grecia.
La repercusión de la crisis del tiempo eje sobre la vida religiosa de los pueblos fue enorme. En ella vemos ilustrado un momento prototípico de metamorfosis de lo sagrado: la necesidad de una salvación personal, que origina la aparición de religiones salvíficas en un sentido desconocido hasta ese momento. Religiones universales, trasformación radical de la idea de lo divino. En Israel: Yavé, Dios único y misericordioso.
Los cambios que se dan hoy parecen tener las dimensiones del tiempo eje.
Es necesario que nosotros, personas cristianas, tomemos
nota, para no quedarnos atrás
en nuestra evangelización.
–II ÉPOCA. Del 200 d.C. hasta 1600 d. C. Dura 1400 años. Inicia la época de la conciencia reflexiva. Va adquiriendo gradualmente preponderancia la conciencia reflexiva, objetiva. El ser humano se repliega sobre su propio cielo (reflexiona) para encontrar el cielo de la divinidad, en un horizonte nuevo. En Israel, Cristo dice ser la imagen visible de Dios invisible. Esta II época evidencia el paso de una conciencia grupal a una conciencia personal, individual. Se caen los dioses y se difunden por todo el mundo las religiones monoteístas. La humanidad avanza mucho en su conocimiento de la divinidad. Desaparecen las divinidades griegas y latinas, en occidente. Es curioso caer en la cuenta que ciertos elementos de esta época, incluso de la primera, siguen vigentes hasta nuestros tiempos; por ejemplo: el dios todopoderoso, castigador, antojadizo.
–III ÉPOCA. Del 1600 d.C. hasta el 2000. Dura 400 años. Marca el inicio de la conciencia científica. Se busca la verdad objetiva de la realidad, con instrumentos físicos y matemáticos. A Dios habrá que buscarlo a través de los elementos físicos de la creación, y con instrumentos físicos, que garantizan la certeza y la objetividad. El caso de Galileo Galilei es emblemático: esto repercute profundamente en la concepción religiosa y en la reinterpretación de las expresiones tradicionales de la misma Biblia. Es la pasión por buscar la verdad de la realidad.
–IV ÉPOCA. Hacia la cual estamos dando los primeros pasos. De la conciencia científica, estamos entrando a una conciencia secularizada, desmitificada (sin tabúes), globalizada. Se habla de la muerte de Dios, entendemos: del “dios tradicional”; en búsqueda de una verdad más universal e incluyente. (cfr. CELAM y Juan Pablo II, 1999, año del Padre).
Estos cambios conceptuales tienen mucha repercusión en la espiritualidad y en la ética no solo cristiana.
–¿Cuáles son las reacciones de la Iglesia ante esta nueva época, vista sobre todo como época secularizada, desmitificada? He aquí las cuatro reacciones más destacadas.
a)- Atrincheramiento cognitivo. Se hace cuadrado en torno a los principios, se genera una búsqueda obsesiva de la propia identidad religiosa, con proselitismo agresivo, fundamentalismo y rigorismo.
b)-Rendición cognitiva. Renuncia fácil a los principios, relativismo, moda, new age.
Como añadidura peyorativa, dentro de este contexto, han escrito sus programas movimientos mal llamados “progresistas”, los cuales a fuerza de buscar relevancia social han sacrificado a ella su identidad original (toda la problemática sobre el aborto, divorcio, divorciados vueltos a casar, el homosexualismo, la ideología de genero, etc.).
c)- El pasivismo. Es la reacción más negativa. “No me molesten, digan cualquier cosa, qué me importa”.
d)-La “Reacción positivamente dialogante”. Es la evangélicamente correcta y rica de perspectivas positivas. El Espíritus Santo sigue haciendo cosas nuevas. Todas estas cosas influyen grandemente sobre nosotros, eso sí que en nuestra vida de cada día estamos sumergidos en estas cosas. Ante estas cosas se resuelven nuestras decisiones y nuestro apostolado, nuestra ética, nuestro camino de santificación.
SIN EMBARGO, esta postura positiva conlleva mucho trabajo. Requiere 4 exigencias principales.
- La búsqueda de un sentido religioso unitario. Ante la fragmentación de los varios sentidos parciales de la realidad reflejados por los medios de comunicación masiva, el sentido religioso unitario para la Iglesia es LA PERSONA DE CRISTO. El da unidad a todo lo que existe y sucede en la experiencia de la vida. Un sentido que neutraliza la ansiedad destructiva de la desesperación que se da por fuerza ante un mundo opaco de sentido, ilógico e incoherente (cfr. Aparecida, 41 y Vat. II, Dei Verbum, 4).
- La re-fundamentación en lo esencial, lo innegociable. Cristo hombre y Dios, camino-verdad-vida, imagen visible de Dios invisible, plenitud de la revelación divina a la humanidad, universalidad de la salvación sin exclusiones, los dogmas con la profundización que el Espíritus Santo va revelando al pueblo de Dios, los sacramentos, la Iglesia garantía de estabilidad en la Verdad y la Bondad, la supremacía del amor efectivo a Dios y al prójimo.
- Un nuevo paradigma teológico, es decir, un nuevo marco unitario y permanente de pensamiento teológico. Una nueva teología. (Ver: Gaudium et spes, del Vaticano II).
- Una nueva espiritualidad. Inclusiva, testimonial, dialogante, con valoración de la religión “atea” (Ver el Samaritano y Mt. 25), en la vida ordinaria.
Apéndice 3. EL RECOGIMIENTO.
La palabra misma lo dice: una actitud de mantener todo recogido dentro de nuestro ser. Hacer unidad en torno al alma. Al decir alma, entendemos la parte más íntima de nuestro ser, no estamos haciendo dicotomía. Todos los grandes valores reunidos en torno al alma. El agua tiene que estar dentro de un balde, la fruta debe de estar dentro de un canasto; nuestros pensamientos mejores, nuestras aspiraciones mejores deben de estar recogidas dentro del alma. No significa estar pensando solo en Dios, solo orando; significa que también las preocupaciones por los demás y nuestro apostolado deben estar guardados dentro, rodeados de bueno aire, sumergidos en agua pura. Recogimiento no significa no hacer nada afuera y no ocuparse de los demás; significa más bien que las buenas acciones sólidas y cargadas de amor al prójimo estén rodeadas del espíritu que viene de lo alto, proyectadas a los bienes de arriba. Los bienes de abajo en función de los bienes de arriba. Significa purificar continuamente la intención, una conciencia recta, cierta y verdadera. Que haya orden dentro de nuestra inteligencia, voluntad y sentimiento. Ciertamente tener recogimiento significa manejar constantemente buenos contenidos, los contenidos esenciales, pero también significa una forma especial de vivir y actuar. Es fácil distinguir al hombre disperso del hombre en recogimiento.
Dentro de nuestro contexto eclesial, si no tenemos recogimiento se nos hace difícil tener celo apostólico, difícilmente hay creatividad espiritual, incluso, se hace difícil nutrir la compasión, esencial para la fecundidad apostólica. El encuentro con los demás y el entretenimiento deben de tener su lugar; eso, deben de tener su lugar y deben estar en función del recogimiento interior, para allí custodiar lo precioso del mensaje evangélico y la actitud de adoración. Queremos decir que nos acerquemos a la forma de ser de Jesús. El no era ningún santulón, pero sí tenía recogimiento, no era un hombre disperso y superficial.
Para custodiar el recogimiento interior, además de la oración frecuente durante el día, como el rezo de los salmos, sugiero la visita al SS. Es como restañar el balde interior al que la vida diaria agujerea con tantas cosas. Querer tener recogimiento supone tener una fe viva, una esperanza teológica operante y una caridad difusa en todo nuestro ser. Supone tener un buen programa ascético, como de quien no quiere pasar por este mundo siendo pura lata; supone tener auto control: en la relación con las personas y con las cosas, especialmente con el celular y otros medios de comunicación masiva. Cuidado a la “conectopatía”. En fin, si uno tiene la preocupación de seguir a la personalidad de Jesús de cerca, las modalidades las encuentra. Dentro de este contexto se ubica la necesidad de estudiar, de mantenerse al día con nuestro servicio, volver a estudiar las cosas estudiadas en teología, estar pendientes de los documentos del Magisterio, incluso, mantenerse informado sobre el avance de las ciencias y de lo que ocurre en la sociedad.
No estamos hablando de experiencias místicas, ni de recogimiento para el equilibrio sicológico, sino, consideramos necesario el recogimiento como atmósfera interior para el diálogo amoroso con Dios, para andar por los caminos de Dios, para estar y servir en el mundo sin dejarnos contaminar por el espíritu del mundo.
A propósito de recogimiento, recojamos lo más importante que hemos tocado en estos EE. La nueva imagen de Dios: un Dios que es amor infinito, incondicional, gratuito, como es manifestado en la parábola del hijo pródigo. De él no viene nada de lo que hace sufrir y morir, lo cual está a cargo del mal uso de la voluntad humana. Se ha encarnado para salvarnos,¿cómo? Ciertamente, no con pagarle al Padre, porque su amor es gratuito. Nos hemos preguntado cuál es el plan de Dios sobre la humanidad y cuál es su voluntad. Nos hemos detenido también sobre la actividad anti plan de Dios, anti voluntad de Dios, anti realización del ser humano. La misericordia de Dios y la penitencia de parte nuestra vencen el pecado.
Apéndice 4. RESUMEN DE LA EXHORTACION PASTORAL “GAUDETE ET EXULTATE”
(Papa Francisco en su VI año de pontificado, 19 de marzo de 2018).
NOTA: al resumir, me he permitido añadir algo mío: es lo que va en cursiva.
Llamado a la santidad
- “Estamos rodeados por un ingente nube de testigos” (Hb.12.1), desde el A.T. Ellos nos alientan a no detenernos en el camino; entre ellos puede estar nuestra madre y nuestro vecino de casa (cfr. 2 Tm. 1, 5). Quizá su vida no fue siempre perfecta pero, aun en medio de imperfecciones y caídas, siguieron adelante y agradaron al Señor. “En la perseverancia en querer hacer el bien salvarán sus almas”.
- Los Santos mantienen con nosotros lazos de amor y comunión (cfr. Ap. 6, 9 – 10). La muchedumbre de los Santos de Dios me protege, sostiene y conduce (Benedicto XVI); con el martirio, la heroicidad de las virtudes y por el ofrecimiento de su vida por los demás.
- La voluntad de Dios fue salvarnos en conexión con otros (cf. LG, 9). Dios, en Cristo, quiso entrar en una dinámica popular. Los buenos vecinos son el reflejo de la presencia de Dios; son la “clase media” de la santidad, pues, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. A los que más han influenciado los grandes y positivos acontecimientos de la historia y de nuestra vida los conoceremos el día en que lo oculto será revelado (Santa Teresa Benedicta de la Cruz).
- Los Santos están también fuera de la Iglesia Católica. Ha habido mártires también Ortodoxos, Anglicanos, Protestantes; y el martirio es una herencia que habla más fuerte que los factores de división (San Juan Pablo II).
- El Señor nos llama a ser santos (1P. 1, 16 y LG, 11), cada uno por su camino. No se trata pues de desalentarse al contemplar a los grandes Santos. No se trata de copiar porque esto incluso puede alejarnos de nuestro camino único de santidad. Todos somos llamados a ser testigos pero hay muchas maneras de serlo y cada uno tiene la propia (San Juan de la Cruz) porque la vida divina se comunica de manera diferente, según las circunstancias, la historia de la infancia, el temperamento, la personalidad. No es necesario ser obispo o Religioso.
- A veces pensamos que ser santo significa alejarnos de las ocupaciones ordinarias para dar mucho tiempo a la oración. No es así.
- *** ¡LO QUE SOLO CUENTA ES AMAR! Que es dar vida hasta dar la vida por puro amor (1Cor. 13) empezando por los que menos vida tienen, en las ocupaciones de cada día. ¿Eres consagrado, estás casado, trabajador en una oficina, en una fábrica, en la calle recogiendo la basura de la ciudad, dando clase en la Universidad, estás en el campo, en el Parlamento o en una tienda? Sé santo, viviendo con paz y amor fiel al servicio, en tu familia o en la sociedad. Con humildad y sencillez, porque la santidad es fruto del Espíritu Santo en tu vida (cfr. Gal. 5, 22-23).
- Tu santidad crecerá con pequeños gestos de amor, ya que las ocasiones de producir amor son innumerables. A veces la vida presenta desafíos mayores; entonces el Señor nos invita a dar nuevos pasos de conversión a El, aprendiendo y practicando el despojo integral (San Francisco de Asís, quien, en la plaza de Asís, se desnudó delante del Obispo y de la gente, declarando que definitivamente escogía SER y no TENER). Siendo instrumentos de su divina providencia y produciendo amor en toda circunstancia. Así seremos buenos administradores de la multiforme gracia de Dios (cfr. 1P. 4, 10). El Resucitado comparte su vida poderosa con nuestras frágiles vidas (Obispos de Nueva Zelanda). Su amor es fiel, perseverante y gratuito.
- La santidad es vivir los varios aspectos de la vida del Señor en los varios aspectos de la nuestra: su vida oculta, comunitaria, su cercanía a los últimos, su austeridad, su desapego de las comodidades y tantos otros aspectos. Deberíamos de re-capitular en Cristo todos los pasos que vamos dando (cfr. Ef. 1, 4 – 15 y CIC 518 ).
- Muerte = despojo de todo egoísmo; resurrección = producción de amor-vida. Hemos sido bautizados en la muerte y en la resurrección de Cristo (cfr. Rom. 6, 1 – 4). La santidad es la caridad plenamente vivida.
- Lo que hay que contemplar es el conjunto de la vida del Santo, no los detalles, que pueden ser imperfectos, errados o incluso fueron pecados. El Señor cumplirá tu misión, aun con tus errores y malos momentos (pecados), con tal que nunca abandones el camino del amor. Puede que te detengas en este camino, incluso que lo abandones por momentos, pero vuelve a tomar el camino una y otra vez, hasta el final.
- Tu identificación con Cristo y sus deseos implica el empeño por construir, con él, el Reino de amor, justicia y paz para todos (n. 25). No es que la vida tenga una misión, sino que la vida es misión (Javier Zubiri.
- Vivir como Cristo es la misión de todo ser humano, de cualquier cultura que sea, especialmente dentro de la cultura cristiana. En ella se dan las varias espiritualidades: del trabajo, de la familia, de la vida religiosa, ecológica y todas las otras.
- Fuera de los disfrutes epidérmicos y efímeros, los ininterrumpidos entretenimientos y los goces de vicios capitales, todo esto construye el no-sentido de la vida; y, al faltar estos, se propicia el asco de la vida, con los consiguientes signos de desmoronamiento vital: amargura en toda relación humana, vicios desenfrenados y desquiciados, depresión.
- No tengas miedo a la santidad, porque llegarás a ser lo que el Padre todo amoroso ha soñado para ti; serás fiel a tu propio ser. HAZLE CASO a tu Buen Dios Y SERÁS. En el fondo, en la vida hay solamente una tristeza y una soledad: lo de no haber emprendido el camino de la santidad (León Bloy).
- En este camino se pueden encontrar dos sutiles enemigos: el gnosticismo y el pelagianismo. En ellos se expresa un inmanentismo antropocéntrico disfrazado de verdad católica; dos formas de “seguridad doctrinal” que dan lugar a un elitismo narcisista y autoritario. El primero enferma la razón, pretendiendo poner la perfección cristiana en el “supuesto” conocimiento de la verdad. El segundo enferma la voluntad; pone la perfección cristiana en el esfuerzo personal que prescinde de la gracia. En las dos cosas, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente. Es puro egoísmo soberbio.
- Gracias a Dios, a lo largo de la historia de la Iglesia, ha quedado claro que lo que hace santos es la caridad, ¡Que no los conocimientos ni la perfección que prescinde de la gracia de Dios! (nn. 35–62; 1Cor. 13, 2; Rom. 13, 8; Gal. 5, 6).
- A menudo, los afectados prefieren a un Dios sin Cristo, un Cristo sin la Iglesia, una Iglesia sin pueblo, porque hablan de un Cristo sin carne, sin misterio y sin gracia de Dios. Un conocimiento sin Cristo, los gnostícos; y un cristianismo sin trascendencia, los pelagianos: una razón sin luz, los primeros; y una voluntad sin humildad, los segundos.
- Todo es gracia, incluso nuestra libertad y nuestras buenas obras. La libertad es una gracia por lo que tenemos la capacidad de adherirnos por iniciativa propia a la voluntad de Dios, un privilegio que solo a los humanos ha sido regalado. Y las obras buenas no nos justifican, tan solo son frutos y signos de nuestra auténtica adhesión de fe. Esta adhesión conlleva obras de amor, que posibilitan llegar a conseguir la gracia de ser partícipes de la divina naturaleza.
- Credo Deum, credo Deo, credo in Deum: me adhiero y me abandono en las manos amorosas de Dios, y venga lo que venga. Como el niño en los brazos de su madre. Todo es don amoroso. LAS BIENAVENTURANZAS
- ¡Eso es ser santo! (Mt. 5, 3 – 12; Lc. 6, 20 – 23). Son el carnet de identidad del cristiano. En ellas se dibuja el rostro del Maestro que estamos llamados a transparentar. Es una manera de vivir en contra corriente del “mundo”: contra la soberbia y el “comodismo” egoísta. Sigamos la versión de San Mateo.
Bienaventurados los pobres en el espíritu.
Los que tienen el espíritu de los pobres de Yavé, los anawim, los desterrados de Babilonia, quienes , en el exilio, desarrollaron tres virtudes básicas: confianza en Yavé, humildad y solidaridad. San Lucas habla de pobres, a secas; los pobres sociológicos, a diferencia de los ricos sociológicos. Dios de rico se hizo pobre. Tener el espíritu de pobre, ¡esto es santidad!
Los mansos, porque heredarán la tierra.
Mira a tu rey que viene sentado en una borrica (cfr. Mt. 21, 5). Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (= en lo profundo, no en las apariencias) (Mt.11, 29). La mansedumbre es un fruto del Espíritu Santo (cfr. 5, 23). La mansedumbre es hermana de la humildad y del despojo (cfr. Is. 66, 2). En nuestras relaciones humanas hay que reaccionar con humildad, es decir: según verdad y mansedumbre. Entonces, poseerán la tierra; todos los sanos de corazón (a menudo, incluso los soberbios) les abren la puerta y se hacen disponibles.
Ser manso y humilde ¡Esto es santidad!
Los que lloran, porque serán consolados.
El mundo nos propone lo contrario: el disfrute, el entretenimiento, “hacerse el loco” antes los sufrimientos de los demás; nos quiere convencer que solo eso hace buena la vida, ignorando los valores más importantes. Entonces, el mundano mira hacia otra parte cuando hay problemas de enfermedad y de dolor, en su propia familia o a su alrededor, y pasa la vida enajenado de la realidad y de la verdad; y como solo la verdad hace libres, el mundano pasa y muere enredado y fracasado. El que llora toca el fondo de su ser y de la realidad. Llora el niño, el Santo y aquel que siente compasión con los que sufren. Jesús lloró, la Virgen también lloró al pie dela cruz. El que llora con quien llora será consolado con el consuelo del Espíritu Santo y de su conciencia, y descubre que la vida tiene sentido en socorrer a los demás, y está metido muy hondamente en la verdad y en el amor, que son las facetas más destacadas de la personalidad de Jesucristo (cfr. Mt. 25, 31ss. Y Lc. 4, 16ss).
Saber sufrir con los demás ¡esto es santidad!
Los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.
Tener hambre y sed son experiencias intensas porque primarias. El cristiano debe estremecerse ante tanta injusticiaydesigualdad; debedeintervenirenlasociedad y en la política (la caridad estructural es la forma más alta de caridad-Papa Paolo VI), para construir el Reino de Dios, hoy, aquí y en este ambiente donde vives. Y esto saciará al cristiano hambriento y sediento de justicia, le creará la conciencia de estar realizándose realizando acciones que promuevan la verdad y la justicia, que es amor de más alto grado. Es cierto que la palabra justicia, en la biblia, tiene el significado más amplio de fidelidad a la voluntad de Dios, pero debemos tener cuidado de quedarnos en eso, sin puntualizar el significado social que la Iglesia, en estos últimos tiempos, tanto enfatiza (recordar las numerosas encíclicas sociales producidas desde la Rerum Novarum).
Buscar la justicia con hambre y fe ¡esto es santidad!
Los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
Con la misma medida con que acogemos a los “miserables”, seremos acogidos, en la tierra
y en el cielo (cfr. Mt. 7, 12). Socorrer a los más necesitados,
a los menos amables, esta
es la perfecta Leticia de la
misericordia. Hay dos vertientes de
“miserables”: una, de los miserables corporales (los más pobres
y marginados) y los miserables “morales”, aquellos
que los vicios han vuelto repugnantes, peligrosos, ofensivos
y agresivos. Jesús los perdonó desde la cruz…y ¡lo estaban matando entre carcajadas irónicas!
¡Tener misericordia, esto es santidad!
Los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Limpio, sin suciedad, puro; un corazón que sabe amar y no hace entrar nada en el corazón que contradiga el amor. En la Biblia, el corazón son las intenciones verdaderas no la apariencia, un corazón nuevo (cfr. Is. 16, 7; Os. 2, 16; Je. 31, 33; Ez. 36, 26; Mt. 6, 6; Jn. 2, 25; 13, 3). “En las intenciones del corazón se originan los deseos más profundos que de verdad mueven (ver: St. 1, 12, 18). El amor al prójimo, según el evangelio, debe brotar de un corazón con intenciones puras (cfr. 1Cor. 13, 3). Entonces, “verán a Dios”, pues El es amor.
Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha, ¡esto es santidad!
Los que trabajan por la paz, porque serán llamados los hijos de Dios.
Es muy fácil para nosotros
ser agentes de maledicencia,
de pleitos,
de “dime que te diré”,
de levantar la voz y las
manos; además, nos ponemos del lado del pleitista, del poderoso que con su mundo de injusticias,
exclusiones y desigualdades provoca guerras. Ser
hombres de paz
es parecerse a Jesús,
el hijo de Dios en la tierra.
Esta paz evangélica no pretende disimular el conflicto sino
superarlo transformándolo en eslabón de un proceso positivo. Ser artesanos de la paz con actitudes de respeto, serenidad, creatividad y destreza especial
para la paz.
Construir paz, ¡esto es santidad!
Los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
La justicia (personal y social) es el pernio de la paz, que favorece la producción de amor. ¡Cuántos mártires de la justicia! En esta sociedad enajenada, atrapada en una trama política egoísta e injusta, con complicidades mediáticas, económicas, culturales e incluso religiosas; el que lucha por el bien común es ridiculizado, perseguido y asesinado, como le sucedió a Jesús (cfr. Hch. 4, 1 – 33). Antes de llegar al asesinado, se recorren todos los caminos del mal: soberbia, injusticias, ironía, calumnias, amenazas. El caso de San Romero de América es emblemático. Mártir de la justicia, en odio a la fe.
Ser perseguido por el evangelio de la justicia, ¡esto es santidad!
Las bienaventuranzas apuntan al protocolo evangélico: las obras de misericordia corporales (cfr. Mt. 25, 31ss).
22- Entonces, ser santos no es blanquear los ojos en un supuesto éxtasis sino en un arremangarse las mangas para socorrer a los pobres y sufrientes. Es el caso de decir que esta página del evangelio hay que interpretarla sin elucubraciones y sin “peros” que le quiten fuerza (sine glossa). Porque la misericordia aquí proclamada es el corazón palpitante del evangelio.
23- *** Todo el n. 98 de la Carta pastoral.
“Cuando encuentro una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una criatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristiano! ¿O acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?”
24- Hay que socorrer con las tres formas de caridad: asistencial, pro-mocional y estructural; porque se trata de llegar a componer los sistemas culturales, económicos, sociales y exclusivos, evitando, con mucho cuidado, los excesos de las ideologías. La de izquierda, que puede considerar tiempo perdido el sentido religioso y reducir a la Iglesia a una ONG. La de derecha, que sospecha del compromiso social, considerándolo algo superficial, secularista, inmanentista, populista o comunista. Sagrada es la vida del feto, pero sagrada es también la vida de los pobres, los marginados, los inmigrantes (cfr. Ex. 22, 20).
25- No podemos plantearnos un ideal de santidad en el que haya mucha oración, en el que sin embargo se ignora la desigualdad y la injusticia de este mundo, donde unos festejan y gastan y reducen su vida a las novedades del consumo mientras otras acaban su vida miserablemente (cfr. Is. 58, 7 – 8).
26- Para discernir si nuestro camino de oración es auténtico hay que mirar en qué medida nuestra vida se va transformando a la luz de la misericordia. La misericordia debe ser la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia; y es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios (Sto. Tomás de Aquino y Sta. Teresa de Calcuta).
27- *** 5 GRANDES MANIFESTACIONES DEL AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO.
a) Firmeza. Dios ama y sostiene (111)-
Desde esta convicción interior, es posible afrontar toda contrariedad. Cristo es nuestra paz.
b) Alegría y gozo en el Señor, no en el consumismo.
Este empacha el corazón y lo vacuna contra la verdadera y profunda alegría.
c) Empuje evangelizador (parresía).
AY de mí si no evangelizo. Somos portadores de un
tesoro con el cual se compra
la vitalidad del mundo. Jesús nos “primerea” y llama al celo apostólico, con “olor a oveja”.
El Espíritu Santo inspira
y nos empuja para que lo
dejemos salir.
d) En comunidad.
La santidad es un camino comunitario. Envió a sus apóstoles de dos en dos.
e) En oración constante.
Apertura constante habitual a la trascendencia. El apóstol amplía sus límites en la contemplación del Señor. Apegando a Él su corazón. Con la actitud del recogimiento, que recompone nuestra humanidad fragmentada por el pecado, la fatiga y las distracciones de la vida. Entonces el mundo aparece más amigo (cfr. El peregrino ruso).
*** Hay otras actitudes muy buenas. Combate, vigilancia y discernimiento; y la lógica del don y de la cruz.
*** Quiero anotar, en este contexto, un principio importante de Papa Francisco: “Desarrollar una doctrina no es borrarla; significa adecuar las respuestas de un contenido perenne a los tiempos que se están viviendo, para una mejor comprensión de la verdad nuclear”. Por ejemplo: la nueva imagen de Dios, una nueva visión de la encarnación o de la redención. Con tal que la ampliación y la adecuación tengan fundamento en la Biblia y tal el Magisterio.