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Dios es amor Nueva Teología San Anselmo y Duns Escoto Teología Franciscana

La teología del amor de Dios

Mi querid@ teólog@, la teología del amor de Dios es para uso de todas aquellas personas que estén abiertas a ella y a la misericordia del Padre y de la nueva visión de la encarnación. Esta teología soporta los capítulos anteriores.

En estos apuntes se presenta una síntesis de la Cristología Franciscana, haciendo una comparación de ambos esquemas teológicos:

  • El tradicional (Teología Pecado-céntrica)
  • El nuevo (Teología Cristo-céntrica)

El autor de esta teología es el Beato Fray Juan Duns Escoto, franciscano del 1300, seguidor de San Francisco de Asís y la originalidad de sus intuiciones, las cuales vemos a continuación:

Además de que Dios es amor sin medida y gratuito, Francisco ha descubierto, también, el modo de amar de Dios; descubrimiento que hizo contemplando al niño de Belén, el crucifijo del calvario y el misterio de la eucaristía.

Dios ama con amor humilde. Se pone a nuestra orden para servimos, para que tengamos vida, no importa cuanto tenga que sufrir. En Belén se arrodilla ante nosotros para lavamos los pies, como hace una madre con sus niños.

Dios nos ama con amor pobre, des-apropiado.
Él nos ama sin pedimos nada a cambio; nos deja en libertad; no nos chantajea. ‘Nos lava lo pies sin quedarse con nuestros pies”.

Dios ama con amor incondicional.
Aun cuando nosotros no lo amaramos, Él nos sigue amando; aun cuando pecamos, aun cuando no nos arrepentimos, Él nos sigue amando. Él no castiga, no manda desgracias como castigo, no pone prueba, no manda la muerte, no fija la hora de la muerte: no creó el infierno, no manda al infierno (cfr. Lc 15, 11 ss). Dios usa el amor como único medio para convencemos y aceptar el regalo de su vida divina, eternamente feliz.

Dios ama aunque no tenga necesidad de amarnos, y es completamente libre en su amor
Nadie le puede sugerir que tome iniciativas de amor, menos aún el pecado. Todas las iniciativas de amor nacen directamente de su corazón.

Ama más a los “menos amables” (los enfermos, marginados, pobres, etc).
Como una madre entre sus hijos ama más al más debilucho.

San Francisco parece haber entendido todo esto, cuando un día en una calle polvorienta de la campiña de Asís, bajó de su rica cabalgadura y abrazó y besó a un leproso, y este abrazo fue decisivo en su conversión.

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Nueva Teología San Anselmo y Duns Escoto

Los 3 protagonistas de las teologías en cuestión

Fray Mauro junto al monumento de Duns Escoto, en el parque de la ciudad de Duns, al sur de Escocia, mayo 2009

SAN ANSELMO (1033-1109), benedectino. Nació en el norte de Italia. Abad del Monasterio de Bec. Fue hecho obispo de Canterbury, en Inglaterra. Su gran fama se debe a la obra teológica CUR DEUS HOMO (“por qué Dios se hizo hombre”). Su reflexión sobre la Encarnación se basa sobre la necesidad de la expiación de los pecados. Decía: el ser humano ha ofendido a Dios con ofensa infinita y debe pagar con satisfacción adecuada. Pero la satisfacción adecuada la puede dar sólo un Dios-hombre, con efusión de sangre. Por eso Dios se encarnó: para pagar con su sangre la ofensa infinita, muriendo en la cruz. Esta explicación de la encarnación en vista a la expiación (=redención) ejerció una gran influencia enla Iglesia, a lo largo de muchos siglos, llegando hasta nosotros por cauces intelectuales y devocionales.

No son pocos hoy en día los que consideran a esta doctrina más negativa que consoladora. Hay que apreciar en San Anselmo la preocupación de dar respuestas teológicas a la cultura feudal de su tiempo; esto es el papel de una teología. Murió a los 76 años.

SANTO TOMAS DE AQUINO (1225-1274), dominico. Nació en el sur de Italia. Fue educado por los monjes benedictinos del célebre monasterio de Montecassino. Entró a la vida religiosa con los Dominicos y fue enviado a estudiar a Colonia. Era corpulento y casi no hablaba, por eso lo llamaban “buey mudo”. Su profesor, San Alberto Magno, predijo que el mugido de ese buey se escucharía en todo el mundo. Se doctoró en la Universidad de París y fue reconocido como un genio por sus profundos y brillantes trabajos, en filosofía y teología. Se esforzó de adaptar la filosofía del pagano Aristóteles a la teología cristiana, así como de dialogar con otras culturas. Por lo cual fue hasta condenado por el obispo de París, quitándole la condena otro obispo de París, pero sólo 50 años después.

8 años antes de morir comenzó a trabajar en su obra maestra, “La Summa teologica”; que es la más sistemática exposición de la fe católica jamás emprendida, siendo una visión teológica de la “totalidad”. Por esta característica y por su profundidad, a partir del 1800 hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965), la formación académica de los Seminarios ha estado dominada por la visión filosófica y teológica de Santo Tomás. Murió a los 49 años de edad.

BEATO JUAN DUNS ESCOTO (1266-1308), franciscano. Nació en Duns, sur de Escocia (por eso: Escoto, escocés). Entró enla Orden franciscana a los 15 años; estudió en Oxford y, además de allí, enseñó en Cambridge, París y Colonia. Fue llamado el doctor sutil por su inteligencia penetrante y sedienta de la verdad. También fue llamado el doctor del amor, siendo éste el punto de partida de su teología.

Fue uno de los mayores teólogos escolásticos, a pesar de que su fama fue oscurecida por la enorme influencia ejercida enla Iglesiapor Santo Tomás de Aquino.

Su teología, cargada de mística, ofrecía un encanto particular para los franciscanos, al volcar en términos filosóficos la espiritualidad, altamente afectiva y centrada en la creación, de su Santo Fundador, San Francisco de Asís.

Temas de particular importancia fueron para Duns Escoto: el amor infinito, libérrimo, incondicional y gratuito de Dios;la InmaculadaConcepcióny, sobre todo,la Encarnación.Noestaba de acuerdo con San Anselmo quien entendíala Encarnaciónen función de la expiación del pecado. Nuestra redención por la cruz, si bien causada por el pecado, era la expresión suprema del amor de Jesucristo antes que un apaciguamiento de la ira de Dios, o una forma de compensación por la majestad herida de Dios. Duns Escoto creía que el conocimiento del amor de Dios evocaría una respuesta amorosa de parte de la humanidad. Su camino a la contemplación de Dios debía proceder no sólo a través de la mente sino también a través de los sentidos. Murió en Colonia, Alemania, donde todavía es venerado.

El Papa Beato Juan Pablo II reconoció su culto (declarándolo Beato) en 1993.

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Premisas a la nueva teología

Mi querid@ teólog@, he aquí algunas razones que postulan la nueva de teología de Duns Escoto. Las ideas sobre Dios castigados, justiciero, vengador, antojadizo y arbitrario nos vienen de un tipo de teología o sea de un tipo de explicación que se ha dado de los datos revelados de los dogmas. Éstos no cambian, pero la explicación de los mismos sí cambian, según las exigencias de las épocas y según las nuevas luces que da el Espíritu Santo a la humanidad y a la Iglesia. Decir nueva teología, nueva visión, es como decir nueva explicación de la revelación. Ahora bien, estamos entrando a una nueva época histórico-cultural. Aquí un esquema.

  • Hasta el 200 a.C. Conciencia mítica
  • Hasta el 1600 d.C. Conciencia reflexiva
  • Hasta el 2000 d.C. Conciencia científica
  • Desde el 2000 d.C. Conciencia globalizada, desmitificada, secularizada

¿Cómo se reacciona ante este cambio de época que pone en crisis el cristianismo?

  • Atrincheramiento cognitivo, fundamentalismo.
  • Rendición cognitiva, Renunciar a los principios (ponerse a la moda a como de lugar)
  • Pasivismo (tal vez, la peor reacción)
  • Reacción positivamente dialogante que es la correcta, la cual conlleva:
  1. Búsqueda del sentido unitario (sentido religioso), ante la de los varios sentidos parciales presentados por los medios de comunicación. El sentido unitario ES LA PERSONA DE CRISTO. Da unidad a todo lo que existe y nos sucede en la experiencia. Un sentido que neutraliza la ansiedad destructiva de la desesperación por ver un mundo opaco, incomprensible. Dice el Documento Aparecida, 41 En Cristo Palabra, sabiduría de Dios (cfr.Cor.1,30), la cultura encuentra su centro y su profundidad, desde donde se puede mirar la realidad en el conjunto de todos sus factores, discirniéndolos a la luz del Evangelio y dando a cada uno su sitio y su dimensión adecuada. Cristo, con su presencia y manifestación con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a la plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio humano-divino; a saber que Dios esta con nosotros para liberarnos de las tinieblas del pecado y la muerte y para hacernos resucitar a una vida eterna (efr. Dei Verbum, Va.11, n. 4)
  2. Re-fundamentarse en lo esencial (lo innegociable). Algunos elementos innegables son: Cristo hombre y Dios; Él es la verdad; amor y testimonio auténtico y humilde; universalidad de la salvación, sin exclusión.
  3. Nuevo paradigma (marco unitario permanente de pensamiento). Nueva teología, nueva explicación a partir de una nueva imagen de Dios y nueva teología de La Encarnación.
  4. Nueva espiritualidad: inclusiva, testimonial, dialogante, valoración de la religión “atea”: parábola del-Buen Samaritano; “Res sacra homo” (el ser humano es sagrado)
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Los Nuevos Tiempos

Mi querid@ teólog@, la revelación de la venida del Jesucristo Mesías, en el Antiguo Testamento, fue progresiva. También la comprensión del Mesías en la historia es progresiva, y los signos de los tiempos, interpretados por el Magisterio, marcan el paso de esta comprensión.

La segunda guerra mundial y el Concilio Vaticano II, cada acontecimiento a su modo, marcaron el nacimiento de una nueva época histórica, y por ende, de una nueva cultura, un nuevo modo de percibir la realidad de este mundo y, por eso mismo; de una nueva mentalidad. Se han intensificado las comunicaciones a nivel mundial. Sobre todo, se han cambiado las relaciones humanas. Una característica sobresaliente de éstas es una profunda conciencia del respeto que se debe a todo ser humano.

Es cierto que estamos todavía en pañales en esto. Sin embargo, lo poco alcanzado ya ha revolucionado, en sentido positivo, la relación de autoridad. En pedagogía, los maestros no pueden dar maltratos a los alumnos, ni los padres a los hijos. En política, las autoridades civiles o militares deben respetar los derechos humanos de la población. El caso Pinochet es muy iluminador. Incluso en la vida religiosa, las relaciones entre superiores y súbditos se han transformado en relaciones entre hermanos iguales en dignidad.

Este cambio se puede resumir como el paso de una cultura del temor a una cultura del amor. En un tiempo en que cualquiera puede desplazarse adonde quiera y manejar cualquier arma (recordemos la masacre juvenil en Littleton), la cultura del temor y de la represión debe dejar lugar a la formación de la conciencia y al respeto religioso ante el misterio de cada ser humano. La coerción, ¡que quede sólo para casos reducidos y por legitima defensa!

No es extraño ni atrevido decir que esta evolución de la humanidad ha traído la evolución del dogma en la imagen del Padre. Jesús, imagen visible del Padre invisible (a Felipe: “el que me ha visto a mi, ha visto al Padre” Jn 8, 14), nos revela en la parábola del hijo pródigo a un Dios de respeto, de amor y de vida, porque en la mente de ese Padre no hay otra cosa, mucho menos el castigo o la venganza.

Cuando, ante un niño atropellado y gravemente herido, la mamá vuelve los ojos al cielo, exclamando: “hágase, señor, tu voluntad”, sobreentendiendo que la voluntad de Dios es que el niño muera, muy piadosa puede ser esta madre pero en realidad también está muy equivocada, y es victima de la vieja mentalidad que atribuía a Dios lo malo que nos ocurría.

¿Qué haremos, entonces? ¿Nos abandonaremos al pecado? Pues, si Dios no castiga, ¿para qué luchar por observar los mandamientos?

Si este fuera nuestro razonamiento conclusivo, demostraríamos no haber entendido nada de lo dicho. Habríamos abandonado la ley del temor pero demostraríamos no creer en el amor de Dios. ¡Quedaríamos en la muerte! Porque no hacerle caso al Dios de la vida, es morir. Porque la verdad es que la enfermedad y la muerte no viene de Dios, sino de las decisiones equivocadas de nuestra voluntad, cuando no queremos seguir los consejos de amor y de vida que son los diez mandamientos.

Conclusión acertada es que nuestra vida sea un anhelo constante para a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef 4,13). Pues, es lo que da gloria al Padre y hace crecer nuestra vida como una palmera junto al rió porque Él da vida en abundancia ( cfr. Jn 10,10). Finalmente, conclusión acertada es que el pozo de nuestra esperanza sea siempre rebosante, porque Jesús ha resucitado para nunca más morir, y el amor del Padre es eterno.

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Dios es amor Teología Franciscana

La teología franciscana

Mi querid@ teólog@, las teologías son reflexiones e interpretaciones de la verdad cristiana. Pueden ser muy distintas, aunque guarden la ortodoxia. Es como decir que reflejan la misma verdad, pero iluminando y profundizando facetas diferentes.

La teología que conocemos y manejamos a nivel de las universidades pontificias y de predicación popular, sigue siendo la de Santo Tomás de Aquino, acogiendo y sistematizando la visión teológica del Cur Deus Homo de San Anselmo . Esta teología ha hecho un servicio inmenso al caminar del pueblo de Dios. Sin embargo, como toda actividad humana, tiene sus limitaciones. Una de sus grandes limitaciones es la de sugerir una visión pecado-céntrica del cristianismo. En el centro del plan de salvación está el pecado. Este es casi el protagonista, hasta tal punto que si se quitara el pecado, no habría plan de salvación y Jesucristo no habría venido a estar con nosotros. El pecado es el motivo de la encarnación. Pero esta concepción pecado-céntrica generó la visión del castigo y del temor. No hay necesidad de detenernos en este punto, pues ejemplos hay de todo peso y tamaño. Ahora bien, la cultura actual ya no soporta tal visión.

La teología franciscana nació al mismo tiempo que la teología tradicional, pero tuvo menos suerte, si bien sobrevivió hasta hoy. Es Cristo-céntrica. Sostiene que Jesucristo habría venido a estar con nosotros aunque no hubiese habido el pecado.

La motivación es interesante. Jesucristo habría venido porque Dios es amor y sólo el amor es el estimulo de sus decisiones. Un amor libre de cualquier condicionamiento, sobre todo del condicionamiento del pecado.

Es como si un médico visitara a sus amigos solamente cuando ellos están enfermos. Un médico visita a sus amigos por amor, porque son sus amigos; siendo muy lógico que si, al visitarlos, los encuentra enfermos, lo primero que hace es curarlos, con el fin de que puedan disfrutar de su visita.

La segunda persona de la Trinidad se habría encarnado prescindiendo de si el ser humano hubiese o no pecado. Fundamentos bíblicos para esta visión teológica hay muchos. Voy a referir aquí algunas citas:

  • “(…) y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo” (Ef 1,4).
  • “Dios trazó su plan de salvación desde el principio en Cristo Jesús” (Ef 3,11).
  • “Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades; todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia”. (Col 1, 15-17).
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Dios es amor El Dios que castiga

Un gran velo

Mi querid@ teólg@, un gran velo cubre nuestros ojos y vemos el rostro de Dios Padre todo borroso. Es el velo del temor. El velo del Antiguo Testamento, leído y expresado por la cultura judía, con grandes limitaciones filosóficas y teológicas. Jesús, con su comportamiento y con la parábola del hijo pródigo (mejor seria llamarla del padre bondadoso), revolucionó esa visión que entre los hebreos era común, con algunas cualificadas excepciones. Según la visión de Jesús, Dios es amor, sólo amor, nada mis que amor.

Dios Padre es vida, sólo vida, nada más que vida. Donde hay enfermedad y muerte, Dios Padre, que es el Dios de la vida, se hace presente como médico y consolador. La muerte física, psíquica y espiritual, parcial o total, es cuando el ser humano rechaza al Maestro que previene, y al Medico que cura. Es como cuando uno se muere de frío, no porque no haya fuego o porque éste no quiera dar calor, sino porque uno se aleja y se esconde del fuego, del sol, de la luz.

¿Qué imágenes se tiene de Dios? ¡Imágenes contaminadas, blasfemas! Las de un dios antojadizo, castigador, vengador. Nosotros, los adultos, hasta tenemos el descaro de desmenuzar estas imágenes a los niños. Les decimos que si no obedecen al papá o a la mamá, Dios los va a castigar; que si no van a misa, Dios los castiga. En realidad, estamos haciendo el papel del demonio, desacreditando al verdadero Dios.

Hemos proyectado en Dios las imágenes negativas de algunos padres que a menudo “padrinos mafiosos” son padrastros. No pudiendo o no queriendo mejorar nuestra paternidad, nos hemos querido convencer de que Dios tiene nuestros mismos defectos y así lo transmitimos de generación en generación. De este incalificable mecanismo de defensa, los más responsables somos nosotros, hombres y mujeres de iglesia.

Nuestra ignorancia sobre la verdadera imagen de Dios no es libre de culpa, porque está inspirada en la salvaguarda y el reforzamiento de nuestros poderes y privilegios. De manera que, siendo nosotros tiranos, hemos predicado a un dios tirano poderosos para complacer a los tiranos, los cuales a menudo fueron y son nuestros amigos y bienhechores.

Afortunadamente, algo empieza a cambiar dentro de la Iglesia, a este respecto.

En el documento del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano, – 2.2 Un año dedicado a Dios, nuestro Padre, 3, 4 párrafo), escrito para celebrar el 1999 como el año del Padre, los obispos dicen así:

¡Qué don tan grande, entonces, poder dedicar un año a su paternidad para espantar del alma humana las caricaturas de Dios que tanto daño nos hacen y nos han hecho! Un año para dejar de lado al Dios justiciero, vengativo, castigador. A un Dios hecho a imagen y semejanza del hombre, incapaz de clemencia y de perdón. Un Dios-ley, un Dios impredecible, arbitrario, antojadizo. Un Dios-naturaleza, del que sólo conocemos su poder, que muchas veces nos aterra. Un ídolo. Una caricatura. Una simple mueca de una búsqueda sincera pero incompleta.

¡Qué don tan grande tener un año para evangelizar sobre Dios, sobre el Padre, y hablar acerca de su corazón y de su belleza a los cuatro puntos cardinales! Un año para exorcizar las visiones erráticas sobre Dios, enderezar las torcidas, completar las parciales y llenar de gozo el corazón humano, que esta inquieto hasta que no descanse en Él (cfr. San Agustin)".

Dios no castiga en absoluto, todo lo malo, lo enfermo, en la mente y en la sociedad tiene nombre y apellido humano dijo JP II el 1ero de enro del 2002 y el actual Papa a los enfermos que iban a Lourdes, dijo, "Dios nos ha creado para la vida y la felicidad, pero la enfermedad y la muerte son consecuencias del pecado".

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El Dios que castiga

¿Quién creó el infierno?

Yo no sé, pero ciertamente no es Dios el autor del infierno ni es él quien manda al infierno. Su obra creadora terminó al séptimo día, y contemplando su creación vio que todo era bueno. Lo que empezó a existir después: el pecado, la muerte, el infierno, son obra del ser humano, no castigo de Dios. Dios llora delante del infierno y hace de todo para que nadie caiga en él. Oigan lo que dijo el Papa Juan Pablo II el 28 de julio de 1999, año del Padre: “el infierno no se trata de un castigo de Dios inflingido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida “….” Es la última consecuencia del pecado mismo, quien se vuelve contra quien lo ha cometido“.

No sé que harán con la pintura de la capilla sixtina, en la que se representa a Cristo con la mano levantada para mandar al infierno. Tendrán que explicar que en realidad no es así, y que eso era una forma popular y cultural de entender las cosas. De hecho, no hay ningún dogma que diga que Dios hizo el infierno ni que decide quién cae en él.

Escuchemos al Papa en la misma catequesis: “Para describir esta realidad, la Sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico que se precisará progresivamente“. Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente.

Me atrevo a decirles también que si no están convencidos de esto y siguieran enseñando que Dios es quien creó el infierno y es El quien manda al infierno, mejor no salgan a misionar, porque contribuirían a seguir ensuciando la amorosa imagen de Dios; y seguirían predicando la religión del temor en lugar de abrir la puerta a la religión del amor. La del temor sirvió pedagógicamente antes, porque el temor es el inicio de la sabiduría; pero es solo el inicio, y no ayuda para crecer hasta la estatura de Cristo, quien dio su vida por amor, y es la imagen visible del Dios invisible.

Leamos todavía, para concluir, un párrafo de la catequesis del Papa sobre el infierno: Por eso la “condenación” no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que en su amor misericordioso Él no puede querer sino la salvación de los seres que ha creado. En realidad, es la criatura la que se cierra a su amor. La condenación consiste precisamente en que el hombre se aleja definitivamente de Dios, por elección libre y confirmada con la muerte, que sella para siempre esa opción

Preguntan que cómo pudo prolongarse por tantos siglos la imagen del Dios castigador. Doy 3 razones:

  1. El pensamiento hebreo (y la Escritura ha sido escrita dentro de ese pensamiento, especialmente el Antiguo Testamento) no conocía el concepto de “causa segunda”. La causa segunda es el ser humano. Sólo conocía la “causa primera”, que era Yavé. Entonces, de Yavé’ venia lo bueno y lo malo. Job dice: si de Yavé hemos recibido los bienes, ¿no vamos a recibir los males? (Job. 2,10). Y I Samuel 2,6 dice: “El señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece”. Y cuando quedaban desconcertados ante alguna actuación de Yavé demasiado difícil de entender, decían: Yavé sabe por qué.
  2. La mentalidad hebrea, en lo que a imagen de Dios respecta, ha sido mantenida para conveniencia de los poderosos de todos los tiempos, porque la imagen de un Dios castigador hacia su juego de castigadores de aquellos que no quería observar sus leyes antojadizas; un concepto filosófico, el de los hebreos, que apuntalaba de mil maravillas su poder injusto; también porque desalentaba todo tipo de denuncia de injusticia o prepotencia. Tenemos que admitir que este juego ha tenido vigencia también al interior de la estructura eclesiástica, desde el tiempo del emperador Constantino.
  3. Finalmente, hay una tercera razón por la que se ha tardado tanto en descubrir que la imagen de Dios, que Jesús había presentado en la parábola del hijo pródigo era muy diferente. Es que a esta parábola se
    le puso el titulo equivocado; en lugar de titularla el Padre amoroso se llamó del Hijo pródigo (como sugiere la lógica de las otras dos parábolas de la misericordia del mismo cap.15 de Lc.); de manera que los predicadores han siempre enfocado la necesidad de conversión y no el amor incondicional y tierno del Padre.

Presentan también el temor que esta imagen de un Dios-todoamoroso alentaría a los delincuentes para que sigan haciendo fechorías porque de todas maneras no les pasaría nada.

Es que no se entendió que las malas acciones tienen sus consecuencias funestas de todos modos, como efecto natural; eso si, no por castigo de Dios.

El problema es hacer entender a los malhechores (allí estamos también nosotros) que las malas acciones llevan al infierno de todos modos; eso si, no porque Dios manda si no, por voluntad propia.

Si no se entiende esto no hay conversión, ni si se amenaza con un Dios castigador. Más bien, hablándoles de un Dios-todo-amor a los malhechores, se les da la posibilidad de volver a Dios porque no le sienten miedo; como le pasó al hijo pródigo de la parábola, el cual volvió porque sabía que su padre era bueno.

Además, que “Dios es todo amor” es la verdad, y la verdad hace libres para amar a Dios y al prójimo y a si mismo (Jn. 4,16-18) Por nuestra parte, hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en un Dios es amor. El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. Cuando el amor alcance en nosotros su perfección, miraremos con confianza al día del juicio. Él es amor no temor.

El amor perfecto echa fuera el temor, pues hay temor donde hay castigo. Quien teme no conoce el amor perfecto,

Además de nunca más decir Dios te castiga hay que aprender a decir en lugar de todopoderoso un Dios, Todoamoroso

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Fray Mauro
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El Dios que castiga

¿Dios castiga?

No más la imagen de un Dios castigados, vengador, antojadizo y fabricador de desgracias. Dios es sólo amor, nada más que amor y amigo de la vida.

Entonces, nada de pensar y decir que Dios te castiga, porque Dios nunca castiga; solo nos da consejos de amor (como los 10 mandamientos) y luego, con paciencia y respetando nuestra libertad, nos espera con los brazos abiertos con ternura cuando regresamos.

Recuerda a la parábola del hijo pródigo (Lucas 15, 13-24). Dios es más mamá que papá. ¿Cuál mamá de las nuestras concebiría un castigo negativo para su hijo, aunque malo? Ninguna.

Por tanto, el misionero de hoy debe saber ayudar a la gente a que nunca diga a los hijos “si no me haces caso, Dios te va a castigar”; y que, delante de una criatura de tres años atropellada por un conductor borracho, nunca le digan a la madre: “paciencia, señora ¿qué vamos a hacer? Así quiso Dios”. Todas las desgracias tienen la firma de algún ser humano con nombre y apellido, nunca con la firma de Dios.

Mi querid@ teolólog@, me atrevo a decirte que si no estas convencido de esto y siguieras enseñando la imagen de un Dios castigador, mejor no vayas a misionar.

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Dios y mis vaquitas

Mi nombre es Fray Mauro Iacomelli, franciscano; soy italiano y he cumplido 38 años de haber llegado a tierras centroamericanas.

Trabajé 12 años en Nicaragua, de 1974 a 1986, y el resto aquí en Guatemala.

Te digo, mi querid@ teólog@, de una vez que estoy agradecido con el Señor y con la comunidad centroamericana, especialmente los nicas y chapines, porque en realidad me parece que me han ayudado a entender mejor el evangelio que si me hubiera quedado en Italia. Así lo siento.

Para empezar me parece útil narrarles brevemente cómo llegué a ser misionero. Una cosa es cierta, no he bajado del cielo.

Estaba en medio de un prado cuidando de mis vaquitas (una se llamaba estrellita, otra princesa y la tercera regina), cuando un fraile limosnero me propuesto entrar en el seminario menor de los franciscanos. Yo tenía 12 años y había terminado la primaria. El fraile me dijo que allí los muchachos estudiaban y jugaban al balompié, y, si uno quería, podría ser fraile. Entré porque me gustaba estudiar y jugar balompié.

Empecé a pensar que Dios se tenía algo entre manos conmigo (como con todos), cuando a lo largo de los 14 años de seminario vi salirse a 23 de mis 25 compañeros, y yo en cambio, desde el primer día iba sintiendo cada vez más seguro de este camino.

Otra cosa. Desde muy temprano, en los primeros años del seminario, me daba vuelta en la cabeza una frase que no sé a quien se la había oído. La frase era “consolar a los afligidos“. Más tarde la encontré en el Evangelio. Pero, para entonces, ya se había tanto apoderado de mi sensibilidad que todo lo bueno lo hacia bajo el impulso de “consolar a los afligidos”. Me preguntaban ¿por qué quiere ser sacerdote? Y yo contestaba: para consolar a los afligidos. Aquello me resonaba dentro como si fuera mi nombre.

Estudié teología con un joven nicaragüense, quien me contaba de las calamidades que se pasaban en su país; era 1970. Así que, 3 años más tarde, cuando los superiores en Italia preguntaron si había algún valiente que quisiera ir a Nicaragua, levanté la mano de un impulso.

Esto fue hace exactamente 30 años. Me encontré en medio de la revolución sandinista y después a Guatemala, en medio de tantos mártires a causa del Evangelio.

A pesar de mis pecados, el Señor me ha tenido misericordia y he llegado a esta fecha y a esta edad con la alegría de decir:

“gracias Señor porque en medio de tantos pueblos pobres y afligidos por tantas dificultades me has hecho entender bastante tu Evangelio”