LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN DE JESÚS NOS HAN SALVADO ¿CÓMO?

Folleto 2

(La Semana Santa)

Fray Mauro Iacomelli, ofm

Descargar Folleto 2 en formato PDF

Primera Parte:

  1. Algunos representantes religiosos del pueblo hebreo, con la complicidad de los Romanos, quisieron la muerte de Jesús. Los hebreos fueron los autores intelectuales de la muerte de Jesús; los Romanos fueron los ejecutores políticos y materiales.
  2. No fue un plan de Dios el que Jesús muriera crucificado para pagar la deuda de nuestros pecados, como se ha ido transmitiendo desde siglos. Dios no quiere la muerte de nadie, mucho menos la del ser humano más inocente. ¡La muerte es su enemiga! Dios nos ha creado con ternura para que viviéramos felices para siempre (cfr. Sab. 1, 12-15), y a Jesucristo lo ha creado para que tuviera vida en plenitud para Él y para todos y todo: “En El, por El y para El todo ha sido creado” (Ef. 1, 4-10 y Col. 1, 15-20). Dios no ha creado la muerte, como no ha creado el infierno. En los primeros seis días de la creación fueron creadas todas las cosas y la primera pareja humana; entonces, no existía la muerte, todo era vida y felicidad; la muerte, que es des-orden total y ausencia de vida, entró en el mundo por el pecado de Adán y Eva, es decir, por el trastorno causado por ellos, al querer tratar la creación no al modo de Dios, que la había hecho con sabiduría y amor, sino a modo de ellos, que no conocían las cosas en su estructura interna. Ese mal uso de la libertad los afectó profundamente a ellos y a sus descendientes. Constituyó el desorden original.
  3. La muerte, junto a todo lo que hace sufrir, es enemiga de Dios. Por las muchas citas bíblicas y del Magisterio, pongo aquí sólo una de San Pablo (I Cor. 15, 26 y 27): “Está dicho que (Cristo) debe ejercer el poder hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies, y el último de los enemigos sometidos será la muerte”. Y, por el Magisterio ordinario de la Iglesia, pongo aquí lo que dijo el Papa emérito Benedicto XVI, el 30.ENE.2013, comentando el segundo renglón del Credo “Creo en Dios todopoderoso”; dijo así: “la omnipotencia de Dios (que es omnipotencia en el amor) al odio asesino responde con el amor … y así, la muerte (al final) será finalmente derrotada, la gran enemiga, será devorada y privada de su veneno “. Dios Padre, pues, no usó el servicio de su enemiga para implementar sus planes de amor y de vida.

Evidentemente, repugna a la razón el que la muerte de Jesús fuera planeada por Dios Padre. Es contradictorio exaltar el heroísmo del Hijo a costa de la crueldad del Padre (cfr. discurso de San Leonardo de Porto Mauricio, en: “Teología del gusano, autoestima y evangelio”, Cap. 3. José-Vicente Bonet. Ed. Sal Terrae). La Voluntad de Dios, siempre y para todos, es que amemos y quedemos fieles en el amor (no la de que Jesús muriera desangrado en la cruz). Esto es lo que decimos en el Padre nuestro; esto es lo que Dios pide a la pareja conyugal, al Religioso que hace los votos, a los padres y a los hijos. Este es el criterio para discernir la Voluntad de Dios en las varias circunstancias de la vida. Esto proclamó Jesús entre lágrimas de sangre en el huerto de Getsemaní. “Padre, si es posible, pase este cáliz, pero si no es posible, hágase tu voluntad”; lo que es legítimo interpretar de la siguiente manera: “Quiero hacer tu Voluntad, Padre, a pesar de mi temor y tristeza, quedando fiel en el amor, habiendo asumido en el Bautismo la tarea de implantar tu Reino, para salvación integral de la humanidad, la cual finalmente podrá saber dónde encontrar el camino, la verdad y la vida hacia tu Casa bendita” (cfr. El hijo pródigo).

  1. Entonces, si la manera con que nos ha salvado Jesús no fue la de pagar por nosotros al Padre ¿CÓMO NOS HA SALVADO JESÚS? Tiene sentido responder uniendo 5 modalidades:
  • Revelándonos y aplicándonos de forma visible la misericordia invisible del Padre, siendo Jesús la imagen visible del Padre invisible; de una forma análoga a la que Jesús contó en la parábola del Hijo pródigo. Es como cuando un acreedor le perdona la deuda a un deudor suyo, ¿cómo lo hace? Simplemente aplicándole su misericordia, perdonando la deuda con palabras como éstas: “Ya no tienes deuda conmigo, te la perdono porque te tengo un amor compasivo y misericordioso, y mi misericordia supera infinitamente la justicia humana”.

Es oportuno aclarar el significado de la palabra SALVAR. No es el de sacar a alguien por el pelo porque se está ahogando, sino que tiene el significado etimológico de SALUD-DAR; con el tiempo, la U se cambió en V (la u-ve), se quitó la ‘d’ por mejor sonido y quedó SALVAR (= LLENAR DE VIDA DIVINA y VOLVER A LLENAR DE VIDA DIVINA, cuando se haya perdido por el pecado). En adelante, la palabra salvación la usaremos con esta acepción etimológica. La Historia salutis empezó con la creación de la naturaleza humana de Jesús, en la cual se encarnó el Verbo, al inicio del mundo. En la persona de Jesús, por la cual persona y para la cual persona todos hemos sido creados y salvados, y redimidos (habiendo ocurrido el pecado). Redimidos = vueltos a ser llenados de vida, gratis, por pura gracia.

  • Jesús nos ha salvado también presentándose a la humanidad como CAMINO, VERDAD Y VIDA; el que lo sigue a Él encontrará la Casa del Padre y así se salvará.
  • Venciendo definitivamente la muerte, que nos había arrebatado la vida divina, por ser fruto del pecado y de sus consecuencias (cfr. St. 1, 12ss). La muerte ya no nos tendrá esclavos para siempre.
  • Otra forma de decir que Jesús nos ha salvado, con toda su vida y especialmente con su muerte y resurrección puede ser la siguiente: ¡Dónde hay amor, allí está Dios, porque Dios es amor! A más amor más presencia salvadora de Dios. El egoísmo mata y el amor salva. Poco egoísmo mata poco y poco amor salva poco; mucho egoísmo mata mucho y mucho amor salva mucho; el máximo egoísmo de los fariseos (que concentró y simbolizó todo el egoísmo humano) mató al mismo autor de la vida, pero el infinito amor de Jesús, hombre-Dios, salvó a toda la humanidad. En Jesús estaba presente el mismo Dios-Padre y el Espíritu Santo, con su amor infinito y gratuito; por eso, en las expresiones amorosas de Jesús, hombre-Dios, en toda su vida y más visiblemente en su pasión y muerte, estuvo presente Dios con todo su amor salvador. Todo lo que hizo Jesús durante su vida era signo de esta realidad de la salvación (cfr. Jn. 2, 11). ¡La humanidad, en Jesús, fue inundada por el infinito amor salvador de Dios! En la pasión amorosa de Jesús y en su resurrección, ¡el amor infinito y gratuito de Dios habló fuerte y definitivamente!

Y así, la humanidad, ¡por la muerte y resurrección de Jesús, estaba definitivamente salvada! (=llenada de nuevo de vida integral).

  • Finalmente, Jesús nos salvó haciendo brotar dentro de nosotros la Esperanza (cfr. Spe salvi, Benedicto XVI), dándonos la buena noticia (eu-angelion=evangelio) de que Dios es amor infinito, incondicional y gratuito (cfr. Parábola del Hijo pródigo, Lc. 15); y que los pobres son sus preferidos (cfr. Lc. 4, 16). Esta noticia invita a buscar al Padre, como el amor del padre de la parábola animó al hijo a volver. El amor de Jesús nos habría igualmente salvado muriendo de otra manera, por ejemplo, cayendo agotado de cansancio para ir anunciándonos el camino, la verdad y la vida. Pues, lo que nos ha salvado ha sido su amor; la crucifixión ha sido circunstancial.

*** Y así: ¡La salvación objetiva ya ocurrió! ¡Ya está! ¡La humanidad está salvada!

Lo que queda por hacer es que cada ser humano, para hacer suya la salvación, exprese su libre voluntad de querer recibir esa gracia salvadora, con las obras buenas, siempre, aún antes de la aparición visible de Jesús, y, después de su venida visible, también con los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía. ¿Cómo expresar esta voluntad? ¡Viviendo con los mismos sentimientos de Jesucristo! Siguiendo al Señor, en todo nuestro camino (de conversión) hacia la “casa” del Padre (cfr. El hijo pródigo).

NOTA – Reconoceremos a Jesús salvador cuando se nos perdonen los pecados (=¡la gran deuda nuestra! – cfr. Jer 31, 34; Mt. 9, 2; Lc. 23, 43 y otros), es decir, cuando se nos aplica personalmente la misericordia del Padre (ver una vez más la parábola del Hijo pródigo. ¡El hijo de la parábola quiere primero “confesarse”!

  1. ¿Por qué ha llegado hasta nosotros la interpretación pecado-céntrica de que Jesús nos podía salvar solamente derramando su sangre y que así lo había planeado el Padre para que se le pagara la deuda? Porque fue una interpretación del siglo XII, de San Anselmo, obispo de Canterbury, Inglaterra; fue una interpretación que parecía resumir la interpretación tradicional de ciertas citas bíblicas y de cierta tradición. San Anselmo hizo el siguiente razonamiento: el ser humano ha pecado y por sus ofensas tiene que pagar un precio adecuado. Sin embargo, siendo limitado, ningún ser humano habría podido dar un pago satisfactorio a Dios; entonces, la única opción era que el Verbo se encarnara y que pagara Él el precio a Dios. De allí que se ha acostumbrado decir que Jesús pagó por nosotros el precio del pecado, derramando su sangre preciosa. Esta ha sido la interpretación anselmiana de la Encarnación y Redención, y la teología que ha sido hecha propia por el Magisterio en todos estos siglos. Sin embargo, no es la única interpretación posible. De hecho, con lo dicho anteriormente, se propone otra interpretación, que nos parece más acorde con la razón y con la Revelación interpretada en su conjunto; especialmente a la luz de la parábola del Hijo pródigo (del Padre amoroso). En ésta, aparece un padre (Dios) que no exige algún pago al hijo pecador; su amor es incondicional y gratuito. Salva al hijo simplemente aplicándole su incondicional amor, su misericordia (rahamim= amor de entrañas). De la misma manera, Dios nos salva, simplemente aplicándonos a cada creatura su amor gratuito, su misericordia. Lo hace mediante el amor visible de Jesucristo; que es el primer creado, la fuente de toda vida y el representante de toda la humanidad, nuestro pontífice (=puente entre Dios y nosotros). Él nos enseña el camino hacia el Padre, que es misericordia, amor gratuito. De esta manera, el ser humano obtiene la vida en plenitud, y la recupera cuando la pierda.

Segunda Parte:

INTERPRETACION ACTUALIZADA DE CONCEPTOS BIBLICOS SOBRE LA PASION Y LA MUERTE DE JESUCRISTO.       

  1. ¿Cómo interpretar ciertas citas bíblicas de la pasión? ¿Las cosas ocurren así porque la Biblia lo dice? O bien ¿La Biblia lo dice porque las cosas ocurren así?

Es necesario tener interpretaciones nuevas, que nos ayuden a leer los textos de la pasión con ojos nuevos. Interpretaciones fundamentadas sobre nuevos descubrimientos científicos literarios.

  1. 1er concepto: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?

¿Es ésta una expresión desesperada de Jesús sintiéndose abandonado física y psicológicamente por Dios? No. Jesús estaba orando con el salmo 21. Jesús estaba declarando que se estaba realizando en Él lo que está escrito en ese salmo. Los hebreos acostumbraban, para recordar todo un salmo, mencionar el inicio del salmo. El salmo 21 que Jesús estaba iniciando es el salmo del justo perseguido, que clama a Dios, pero, sin embargo, en medio de sus tribulaciones espera firmemente en Dios.

  1. 2do concepto: “Para que se cumplieran las Escrituras”.

Los evangelistas, al describir la pasión de Jesús, se preocupan de repetir una y otra vez esta frase. ¿Por qué? Significa que los evangelistas, para ser creíbles ante el pueblo judío se apoyan en el testimonio de la Sagrada Escritura, especialmente los salmos, que era la oración más conocida del pueblo. Citan 20 veces los salmos en este contexto de la Pasión. Es que ellos no tenían otro medio para convencer a los hebreos que el de recurrir a la autoridad de la Escritura. En efecto, el que moría en la cruz era maldito por Dios (“Maldito el que pende de un madero”, Dt. 21, 23).  Entonces, ¿Cómo era posible que ese Jesús fuera el Mesías? Además, Jesús estaba siendo juzgado y condenado por la máxima autoridad religiosa, representante de Yavé. Es más, el Mesías era considerado el libertador del pueblo hebreo. Entonces, ¿Cómo era posible que el libertador del pueblo hebreo haya sido vencido y crucificado por los enemigos de este pueblo?

¿Qué dicen pues los evangelios con la expresión “como dice la Escritura?”. En realidad, la Escritura está describiendo lo que le pasa al justo que quiere quedar fiel a Yavé; a todos los justos de todos los tiempos (Mons. Romero); con mayor razón, esto debía pasarle al más justo de los justos, que era el Mesías. De manera que: las cosas ocurren así, no porque lo dice la Escritura, sino: la Escritura lo dice porque las cosas ocurren así. Además, lo que dice la Escritura estaba simplemente ¡PREVISTO NO PLANEADO!

  1. 3er concepto: Ahora, la pregunta central es: ¿el que Jesús padeciera así y muriera así estaba planeado o sólo previsto por la Historia y por el Espíritu Santo que conoce la Historia? La respuesta coherente es que todo estaba sólo previsto, por Dios y la Historia. La frase “para que se cumpliera la Escritura” no significa la planeación de la pasión y muerte de Jesús de parte de Yavé, sino: la previsión de lo que le pasa al justo que quiere quedar fiel al amor, que es Dios. En ocasión de lo cual, Dios prepara su plan providencial
  2. 4to. concepto: ¿A quiénes achacamos la muerte de Jesús.?

A los Judíos y a los Romanos. Como dice tajantemente San Pedro, en Hechos de los Apóstoles 4,10 –“Ustedes los Judíos lo mataron y Yavé lo resucitó”.—“El mal pasa por la libertad humana”. Los responsables de toda injusticia tienen nombre y apellido humano (San J.P.II, el 01.01.2005). El Catecismo de la Iglesia Católica, al n.312, hablando del concepto de Divina Providencia, dice lo siguiente:”Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, que es el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los seres humanos, Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención”.  Es con este concepto teológico que se puede entender esa frase de Hechos 3, 17: “y con eso se cumplió lo que Dios había establecido”.

NOTA: estas aclaraciones de los 4 conceptos han sido escritas en la Revista de Tierra Santa, por el franciscano biblista Fray Ariel Alvarez, argentino; si hubiesen sido interpretaciones erróneas habrían sido refutadas inmediatamente por Estudios bíblicos de otras Órdenes religiosas presentes en Tierra Santa.

Tercera Parte:

EL “NUDO” PASCUAL.

ASCENSION (tiempo de síntesis pascual).

Ascensión significa que Jesús asciende hacia lo alto. Ascender, subir hacia lo alto. En mi pueblo había la tradición de que grupos de amigos o familias en este día subían a alguna montaña o colina para festejar la Ascensión con una merienda.

Con este acontecimiento se termina el ciclo de las apariciones de Jesús a los Apóstoles. Estos ya tenían plena seguridad que Cristo había resucitado y estaba vivo en medio de ellos, aunque de forma invisible o en otra dimensión, como se dice.

La ascensión de Jesús es el cumplimiento de la victoria absoluta del Señor, a favor de la vida en plenitud y victoria sobre todos los males que se dan en la tierra; la Ascensión es también garantía de que nosotros también podremos ascender allá donde está nuestra cabeza, nuestro Señor victorioso. La Ascensión es la continuación de la Resurrección.

La ascensión de Jesús significa también que ahora la tarea de anunciar el evangelio es nuestra. En efecto, la primera lectura, de los Hechos de los apóstoles termina así: ”Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron a los apóstoles: Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo volverá como lo han visto alejarse”. Y en la última página de su evangelio, San Mateo dice así: ”Les dijo Jesús a sus apóstoles: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

¡Vaya!  ¿Por dónde empezamos la tarea? Yo voy a empezar mi tarea haciendo una especie de resumen de estos 42 días después de Pascua.

Ya he tocado otras veces el tema, pero aquí lo voy a hacer de manera más completa y, espero, de manera más fácil de comprender; es que se trata de un tema de muchísima importancia.

  1. Se trata de saber quién quiso que Jesús muriera en la cruz, si los fariseos o Dios Padre; si era un plan del Padre o de los fariseos. ¡Es que se trata de saber si también nuestros sufrimientos y desgracias y muerte son planeados por Dios o no!

En casi todas las primeras lecturas de la Misa de estos días después de Pascua, la primera lectura nos ha venido diciendo quiénes mataron a Jesús. Pero ¡he quedado confundido! Porque en todas las citas se dice con claridad que fueron los fariseos a quiénes hay que achacar la muerte de Jesús. ¡Y en esto estoy claro y convencido! Sin embargo, en algunas citas se añade también otra cosa, se dice que, con la muerte de Jesús, Dios Padre cumplió su plan de salvación; insinuando que fue Dios Padre quien quiso la muerte de Jesús. Entonces, sí, ¡quedo confundido! Y me vuelvo a preguntar: ¿Quiénes fueron los autores intelectuales de la muerte de Jesús: los fariseos o Dios Padre? No se preocupen, porque al final, sí, vamos a proponer una respuesta clara.

Ahora, para meternos bien adentro, vamos a leer las 6 citas de los Hechos de los apóstoles que se refieren a este tema y que hemos venido oyendo en las primeras lecturas de estos días después de Pascua.

  • Hechos 2, 36-37: “Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron…Los oyentes se afligieron y dijeron a Pedro y a los Apóstoles ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó: arrepiéntanse y háganse bautizar en el nombre de Jesús para que sus pecados sean perdonados”. Los fariseos tienen que arrepentirse, porque fueron ellos quienes cometieron el delito.
  • Hechos 3, 13-15: “Es Dios el que acaba de glorificar a su siervo Jesús. Ustedes (los fariseos) lo entregaron y renegaron de él. Ustedes pidieron la libertad de un asesino y rechazaron al Santo y al justo; mataron al Señor de la vida, pero Dios lo resucitó”. Aquí está claro que los autores intelectuales de la muerte de Jesús fueron los jefes de los fariseos. Dios tuvo el papel contrario.
  • Hechos 4, 10: “Este hombre (el paralítico que Pedro y Juan habían sanado a la entrada del templo) ha sido sanado por el nombre de Jesucristo, a quien ustedes crucificaron, pero a quien Dios ha resucitado de entre los muertos”. De nuevo, se aclaran los dos papeles opuestos que tuvieron los fariseos y el Padre: ¡ellos, de muerte y el Padre, de vida!

Estas citas dicen con toda claridad que las dos intervenciones en la muerte de Jesús, la de los fariseos y la de Dios, son diametralmente opuestas: los primeros para quitar la vida de Jesús, y Dios, para darle vida plena.

Sin embargo, hay 3 citas más que sí, a la primera parte de la oración, añaden que Dios tenía su plan en esa muerte. Veamos.

  • Hechos 3, 17: “Yo sé que ustedes obraron por ignorancia, al igual que sus jefes, y Dios cumplió de esta manera lo que había dicho de antemano por boca de todos los profetas: que su Mesías tendría que padecer”.

Aunque no con claridad, la cita parece insinuar que el Padre tenía que ver en la planificación de la muerte de Jesús.

  • Hechos 2, 23: “Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”.

¿De cuál plan se trata?

  • Hechos 4, 27: “En esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste. Así ellos consiguieron lo que tú habías decidido de antemano que se llevara a efecto”.

¿Qué era lo que el Padre había decidido que se llevara a efecto?

Después de haber leído las últimas 3 citas, debemos preguntarnos una vez más: ¿Quiénes quisieron la muerte de Jesús, los fariseos o bien fue voluntad del Padre?  Ustedes saben que la respuesta que se ha dado siempre y que circula hasta hoy es que la muerte de Jesús fue voluntad del Padre; para redimirnos, se dice, es decir, para que Jesús pagara por nosotros a Dios Padre la deuda que teníamos que pagar nosotros por nuestros pecados. La oración del Miércoles Santo dice así: “oh Dios, que para salvarnos, quisiste que tu Hijo sufriera el suplicio de la cruz, concédenos la gracia de la resurrección“. Esta respuesta deja la boca amarga y ya no satisface el sentir de muchos buenos cristianos, en esta nueva época. ¿Es posible sustituirla con otra respuesta? Sí, es posible otra respuesta. Respuesta que no va en contra de la fe; es tan sólo otra explicación (otra teología) de la gran verdad que Cristo nos ha salvado de nuestros pecados y que Dios es amor infinito, incondicional, gratuito.

Dios Padre, lejos de querer la muerte de su Hijo querido, “lloraba”, por decirlo así, junto a María, porque ¡se estaba cometiendo el delito más monstruoso de la humanidad! Se estaba matando al más inocente de los hombres; al hombre más justo (cfr. Mt. 21, 33ss. Los viñadores asesinos; y CIC 312). Por eso Dios lo resucitó.

  1. ¿Cómo se reconcilian las dos cosas tan opuestas? Por un lado, la muerte de Jesús la causaron los fariseos y, por otro lado, Dios, en ocasión de esa muerte, cumplió su plan de amor.

La respuesta es: se armonizan con el concepto cristiano de la DIVINA PROVIDENCIA.

La idea cristiana de la Divina Providencia explica cómo la muerte de Jesús puede ser aprovechada por Dios a favor de nuestra salvación. San Pablo ha sintetizado este misterio admirable de la sabiduría de Dios de la siguiente manera: “Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman” (Rom.6, 28). Ese disponer todas las cosas (aun las negativas, que son siempre causadas por los seres humanos) para bien de los que buscan el bien es lo que los cristianos llamamos Divina Providencia. Las cosas malas y dolorosas no las produce Dios, ni las permite, sólo las tolera por respeto a la libertad humana; sin embargo, su amor y su sabiduría son grandes y son capaces de coordinar todo lo que ocurre para que resulte en bien de los que lo buscan a Él, sea con la oración sincera y coherente como con la voluntad de hacer el bien.

Entonces, entendemos lo que dijo San Pedro en Hechos 2, 23: ”Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz; pero  con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”. La divina providencia iba a intervenir en ese delito monstruoso para producir el bien más bello: la salvación.

Piensen ustedes en una familia. La madre es una pequeña providencia; realiza su plan de amor por los hijos aun en ocasión de alguna travesura que hacen los mismos hijos; si se cae el hijo por travieso, la madre lo levanta, lo abraza y le hace ver qué peligroso es no hacerle caso a la mamá; de esta manera el niño aprende y se salva. La madre aprovecha esa caída del hijo para realizar su plan de amor con el mismo hijo. La travesura es del hijo, pero el aprovechamiento para el bien del hijo es de la madre. La intervención de la madre es la providencia para el hijo. Esto hace Dios con nosotros. ¡Esto hizo Dios Padre con la muerte de Jesús causada por la trágica “travesura” de los fariseos! Los fariseos solos matan a Jesús, con la ayuda jurídica de los romanos, pero Dios Padre, con su divina providencia, interviene en ese delito para comunicarnos la salvación, ¿cómo? Aplicándonos de forma visible, en Jesús, la misericordia invisible del Padre (cfr.Jn. 5, 19).

Todo lo que el Padre quiso en nuestro favor, lo hizo a través de su Hijo amado (cfr.Jn. 3, 16-17; 10, 10; 1, 16). Él es la imagen visible del Padre invisible (Col. 1, 15). El que muriera Jesús en la cruz, pues, no fue un plan planeado por el Padre sino la ocasión circunstancial para que la divina providencia cumpliera su plan de salvación en nuestro favor. De paso, hacemos una consideración bella y práctica: cuando nosotros quedamos fieles en el amor con la paciencia y el ofrecimiento humilde a Dios, entonces, nos hacemos colaboradores de la Divina Providencia, porque estaremos colaborando conscientemente en su plan de amor por nosotros y por otras personas, que se encuentran en algún problema o sufrimiento causados por los seres humanos.

Podemos ser “divina providencia” todos los días, a favor de hermanos y hermanas.

Este tema de la Divina Providencia es tratado en los nn.306-314 del Catecismo de la Iglesia Católica. Con el n.312 de este Catecismo, concluimos toda esta bonita cuestión. Dice así: Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás (que es la crucifixión de Jesús) causado por los pecados de la humanidad, Dios, por la superabundancia de su gracia (Cfr. Rom. 5,20), sacó el mayor de los bienes, que es la glorificación de Cristo y nuestra redención”.

  1. Hay otra expresión, muy común por cierto, que nos puede confundir. Es la siguiente: HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD.

Preguntémonos: ¿Cuál es la Voluntad de Dios respecto del sufrimiento: el de Jesús y el nuestro?. ¿Qué significa HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD? Ustedes recuerdan lo que dijo Jesús en el huerto del Getsemaní, la noche en que lo apresaron; está en el evangelio de San Mateo, capítulo 26,42. Dice así: ”Jesús se alejó un poco de los apóstoles y oraba así: ‘Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que  yo la beba, QUE SE HAGA TU VOLUNTAD!’ ”. También esta expresión, hasta ahora, se ha interpretado en el sentido que la voluntad de Dios Padre era precisamente que Jesús muriera en la cruz.

Sin embargo, como vimos en el primer tema, es posible otra explicación, que no niega nada de la enseñanza cristiana. Es la siguiente: DIOS ES AMOR Y SU VOLUNTAD PUEDE QUERER SOLO UNA COSA, EL QUE NOSOTROS AMEMOS Y SEAMOS FIELES EN EL AMOR, EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA. Eso era lo que Dios Padre pedía a Jesús, que quedara fiel en el amor aun a costa de ser apresado, torturado y crucificado. Y Jesús permaneció fiel en el amor; hizo la voluntad del Padre. Jesús, en el Jordán, al ser bautizado por Juan el Bautista, y, después, en el desierto, tomó el compromiso de anunciar y promover el Reino de Dios, reino de amor, justicia, paz, verdad y vida; todas cosas que dan vida a la gente en general y a los pobres en particular. Sin embargo, en la medida que la predicación del Reino alegraba a los pobres, al mismo tiempo aumentaba la rabia y la persecución de los poderosos, los fariseos, los ricos, los soldados romanos. Nosotros, en Centroamérica, tenemos la experiencia de cómo y por qué mataron a Mons. Gerardi y a Mons. Romero, por impulsar el Reino de Dios a favor de los pobres, lo sabemos de sobra. Lo mismo hicieron con Jesús.

De manera que, Jesús, en el Getsemaní se encontró en una encrucijada: retirarse de la predicación del Reino y volverse a la tranquilidad de Nazareth, con su madre María y sus buenos paisanos, o bien, seguir adelante en la predicación del Reino, caminando así hacia una muerte cruel. Esta muerte dolorosa era el cáliz amargo que Jesús en el huerto del Getsemaní, (era humano), quería apartar. Pero, si se retiraba, la humanidad seguiría ignorando cuál es el camino de la perseverancia en el amor, no habría revelado a la humanidad la misericordia salvadora del Padre; y este mundo nunca habría mejorado y nunca habría aprendido el camino de la vida plena, nunca se habría salvado.

Ante esta encrucijada, Jesús quedó fiel en el amor, fiel a Dios predicando su Reino hasta el final, y fiel en el amor a nosotros porque así conoceríamos el camino de la vida y nos salvaríamos. Fue cuando dijo: ”Padre, voy a quedar fiel en el amor a Ti y a mis pobres hermanos. Hágase Padre, tu voluntad, que es la que yo quede fiel en el amor” ¡costara lo que costara! Entonces, Dios Padre lo resucitó de ese infierno de la muerte adonde lo habían arrojado nuestros pecados. Todos los días experimentamos que sólo el amor salva, sólo la fidelidad en el amor salva. Esta fidelidad, Dios Padre, lo pide tanto al Papa como a las personas más humildes, a la mamá cuando tiene la tentación de abortar, y al papá cuando tiene la tentación de divorciarse. A cada uno de nosotros Dios Padre nos pide sólo una cosa: la de ser fieles en el amor. Gracias, Señor, por quedar fiel en el amor hasta el extremo, para así enseñarnos a hacer siempre la voluntad del Padre, que es misericordia infinita, incondicional, gratuita. Nos lo haces decir a menudo en la oración del Padre Nuestro, que es modelo de toda oración.

Hemos tocado temas de gran importancia teológica y moral, y hemos dado una nueva interpretación respecto de la interpretación tradicional, sin poner en duda el dato revelado de que Jesús nos ha salvado. Estas nuevas interpretaciones proyectan una gran luz sobre el tema muy práctico y pastoral de nuestros sufrimientos. No es Dios quien planea nuestros sufrimientos sino el mal uso de la libertad humana.                                                                                                                                                           

  1. ¿De dónde vienen nuestros sufrimientos?

Se nos ha dicho que vienen de Dios. ¡No, no puede ser! Ninguna madre causaría un sufrimiento para su hijo, mucho menos Dios quien es padre y madre de cada uno de nosotros. Hay que declarar en voz alta que todo lo que hace sufrir es causado por seres humanos, con nombre y apellido. Lo dice San Juan Pablo II, en el Mensaje del 1 de enero de 2005: “El mal pasa por la libertad humana”.

A veces es nuestro nombre, a veces puede ser el nombre de nuestros familiares, de nuestros antepasados o de nuestras autoridades; a veces es fácil descubrirlo, otras veces se hace todavía difícil, incluso para la ciencia (actualmente). En cambio, todo lo bueno viene de Dios, directa o indirectamente.

Así que les sugiero no decir más palabras como éstas: “paciencia, hay que hacer la voluntad de Dios (esto lo decimos cuando estamos delante de una madre que llora a su niñito que murió de rotavirus), dando a entender que fue Dios quien causó esa muerte o esa enfermedad. Tampoco digamos que “Le había llegado su hora” (esto lo decimos ante cualquier muerte, queriendo decir que fue Dios quien lo había planeado así); tampoco digamos que “no se mueve ninguna hoja sin la voluntad de Dios”, porque hoy hay muchas hojas que se botan contra la voluntad de Dios, contra la ecología. Los sufrimientos y la muerte lejos de quererlos Dios, ocurren contra Su voluntad. Es que la muerte en el mundo entró por el pecado (Cfr. Rom. 5,12), y cuidado, no como castigo sino como consecuencia lógica de nuestras decisiones ilógicas. Por ejemplo, si uno se emborracha y se pone a manejar y se estrella contra el muro; esto ocurrió no por un castigo de Dios sino como consecuencia lógica de la decisión ilógica de manejar borracho. Tampoco la muerte viene de Dios por la razón que la muerte es su enemiga (Cfr. 1 Cor.15, 26). Tampoco digamos “Dios lo permitió” Porque Dios no permite cosas malas, solo las tolera, ¡por respeto a nuestra libertad!

Tantas otras cosas habría que decir sobre este tema; sin embargo hay que ir hacia el resumen.

Recordemos. Las respuestas que hemos dado hasta ahora son las siguientes:

  1. Fueron los fariseos quienes mataron a Jesús.
  2. Sin embargo, estamos claros que en ocasión de ese delito monstruoso, Dios cumplió el plan de amor que siempre había querido en favor de la humanidad, salvarla definitivamente del extravío del pecado.
  3. Estamos claros también que cuando Jesús dijo: ”Hágase Padre tu voluntad”, sea en el Getsemaní como en la oración del Padre Nuestro, entendía decir que, aun ante la muerte, hay que quedar fieles en el amor. Y
  4. Nuestro sufrimiento, como los de Jesús, tienen siempre firma de seres humanos, con nombre y apellido, nunca vienen de Dios.

La muerte de Jesucristo toma otro giro: ya no es un castigo para expiar nuestro pecado (Cfr. CELAM y J. P. II 1999) sino la suprema expresión de amor de parte del “arquetipo” de la humanidad; y nosotros escogemos estar en-por-para El cuándo QUEDAMOS FIELES EN EL AMOR. Donde hay amor allí está Dios y la salvación. Con la vida y, la muerte y la resurrección de Jesús, se nos aplicó de forma visible la misericordia infinita, incondicional y gratuita de Dios; ¡como el padre de la parábola del hijo pródigo!

SÍNTESIS TEOLÓGICA DE LA NUEVA INTERPRETACIÓN DEL MISTERIO PASCUAL

Dios ciertamente tuvo un plan de salvación, pero no el de hacer que Jesús muriera en la cruz para pagar la deuda de los pecadores y así quedar salvados; su divino plan de salvación fue EL DE COMUNICAR SU VIDA EN ABUNDANCIA A CREATURAS HECHAS A SU IMAGEN Y SEMEJANZA; CREATURAS CAPACES DE APRENDER A AMAR. Y TODO: EN, POR Y PARA SU HIJO AMADO, JESUCRISTO. Toda la creación es un plan de salvación, una HISTORIA SALUTIS; y todos los seres humanos gozaron de esta voluntad salvífica universal de Dios todo amoroso: los chinos, los papuasios, los romanos y todos los pueblos, y todos los individuos que en su vida se guiarían por la luz del principio natural de amor: haz a los demás lo que quisieras que los demás te hicieran a ti.

Este fue el único PLAN DE SALVACION; todo lo que ha ocurrido en la vida de Jesucristo histórico es LA VISIBILIDAD DE ESTE PLAN.

La Encarnación, en la plenitud de los tiempos, es decir, cuando la humanidad estaba capacitada para entender los signos de Dios, es la más grande visibilidad del plan de salvación de Dios todo amoroso: Llegar a ser partícipes de la divina naturaleza.

Cuando Jesús discutía con los Doctores de la ley nos estaba comunicando la salvación; cuando trabajaba silenciosamente en el taller de Nazaret nos estaba comunicando la salvación.  Cuando empezó a predicar el Reino de Dios nos estaba comunicando la salvación; y ciertamente, cuando moría en la cruz, enseñándonos cómo debe ser el amor al máximo grado, nos estaba comunicando la salvación de la forma más visible; y cuando resucitó, nos estaba comunicando la salvación de forma definitiva. La humanidad, ahora, tiene la plena libertad y posibilidad de seguir el camino, la verdad y la vida, que es el camino de amor hacia Dios, amor infinito, incondicional, libérrimo y gratuito. El pecado humano desde el principio ha obstaculizado este plan, pero el amor de Dios es más fuerte que la muerte y ha vencido el pecado para siempre, en-por y para Jesucristo.  No se trata de una salvación sólo moral sino ontológica y transcendente, desde el momento que hemos sido injertados en la Persona de Jesucristo, hombre y Dios.

Nota: todo lo anterior se inspira a la teología escotista, legitimada por la Iglesia con la Beatificación de su autor, Duns Escoto.

Una última aclaración importante. Se podría objetar que el pecado, también con esta interpretación, queda el protagonista de la historia.

¡Aparentemente, no en realidad!

En la visión tradicional, el pecado tenía tanto protagonismo como para provocar la misma encarnación; sin pecado, no hubiese habido encarnación; además toda la vida de Cristo estaba en función del pecado, y Jesucristo tuvo que someterse a una muerte cruel por exigencia del pecado, y la vida nueva se nos ha dado gracias al pago por el pecado.

En cambio, en esta nueva interpretación, protagonista es el amor de Jesucristo; el pecado no ha tenido poder alguno en la vida, muerte y resurrección del Señor, ha sido simplemente aniquilado por su amor, que nos ha revelado y aplicado la Misericordia gratuita del Padre.  Según la teología del Beato Fray Juan Duns Escoto, que subyace a esta nueva interpretación, Jesucristo ha sido creado no por el pecado sino para ser fuente de vida plena para la humanidad (cfr.Ef. 1, 3-10; Col. 1, 15-20 y Jn. 10, 10); el pecado ha sido un accidente, al cual Jesús hizo frente y lo superó.

COMO CELEBRAR LA SEMANA SANTA CON UN NUEVO ENFOQUE TEOLÓGICO

DOMINGO DE RAMOS

Gracias, Padre santo, por tu plan amoroso y perenne de salvación (salud-acción) de la humanidad, a través de la obra de tu Hijo Jesucristo. Tu providencia divina está siempre pendiente de las circunstancias humanas, especialmente las dolorosas, en las que intervienes con ternura y prontitud, para que todo se dé por nuestro bien. Ciertamente, no era tu plan el que Jesús muriera en la cruz. Tu plan ha sido siempre el de llenarnos de vida, y lo hiciste a través del amor inmenso de Jesús, derrochado durante toda su vida, especialmente en la pasión.

Hoy, domingo de ramos, te damos gracias por el canto de los niños, agitando las palmas en honor del que los puso como ejemplo de pureza.  Era peligroso entrar a Jerusalén en esa semana, pero no todos eran malos en aquella ciudad; había tanta gente que te reconocía como ese hombre que siempre había hecho el bien. Aplaudían y agitaban los ramos junto a los niños. Sentían alegría de que celebraras la Pascua con ellos, aun sin saber el misterio que esa entrada conllevaba. Nosotros también agitamos los ramos con los niños y la gente. Y tú, Jesús, te sumergías en aquella alegría a pesar de las dramáticas previsiones. Es que tu corazón estaba lleno de amor por los extraviados seres humanos, que “vagaban como ovejas sin pastor”. ¿Qué te matarán? ¡Seguro! Como se mata a cualquiera que sale a defensa de los débiles; sin embargo, por la salvación de la humanidad estabas dispuesto a sufrir todo lo que fuera necesario. El Padre, que conocía los acontecimientos futuros tenía su plan de providencia: por el que, en ocasión de tu asesinato, intervendría y crearía la bella realidad de tu resurrección y el sol de nuestra salvación. Gracias, Padre; gracias, Jesús: gracias niños y gente de Jerusalén que agitáis las palmas de la victoria definitiva de Jesús.

LUNES, MARTES Y MIÉRCOLES SANTOS

 En esos días, Jesús, te dedicaste a enseñar en el corazón de Jerusalén, el templo. Tenías ansia de que se conociera la verdad de Dios y de los seres humanos, e Hiciste afirmaciones radicales: “la verdad os hará libres”, decías, sobre entendiendo que los fariseos estaban lejos de la verdad, y, lo peor de todo, no querían reconocerlo. Afirmabas con toda claridad que tú eras Dios, igual al Padre. Afirmaciones y actitudes, las tuyas, Jesús, que los fariseos ya no podían soportar y armaron el complot para matarte. Pero no pudieron amedrentarte. El amor por nosotros era como un manantial de agua viva dentro de ti; seguirías adelante hasta donde fuera necesario. Una madre no calcula las dificultades cuando se trata de conseguir la salud (=salvación) de sus hijos, y tu amor purísimo, tenía un alcance infinito. Vencerías todo obstáculo, incluyendo la muerte; a la cual vencerás por cada uno de nosotros también. Muchos cristianos se han acostumbrado a pensar que tú, Jesús, nos has salvado con la cruz, derramando sangre; no es malo expresarse así, sin embargo, es más apropiado decir que nos has salvado con tu amor, desde que tenías el uso de razón hasta el último respiro y la gloriosa resurrección. Fue tu amor el protagonista de la semana santa; el sufrimiento y la muerte en cruz fueron solo una forma circunstancial: el sufrimiento y la muerte habrían podido ocurrir de otro modo; pero tú nos habrías salvado igualmente y siempre con tu amor. La oración colecta del V domingo de cuaresma dice: “Te rogamos, Señor Dios nuestro, que, con tu auxilio, avancemos animosamente hacia aquel grado de amor con el que tu Hijo, por la salvación del mundo, se ofreció a la muerte”. Papa Francisco, en el mes de marzo-2017, dijo explícitamente que tú nos has salvado con tu amor. Gracias, Señor, por tu amor. ¡Que vivamos esta semana santa invadidos y conmovidos por tu amor!

JUEVES SANTO

Con la Ultima cena, empieza el Triduo pascual.

La gente hablaba. Y tú te dabas cuenta que las autoridades judías buscaban la forma de matarte. Y te invadía una gran tristeza; pero, como siempre, el amor por nosotros te impulsaba hacia adelante. Era el día de la celebración de la Pascua y deseabas celebrarla con tus discípulos. Estabas pensando en usar signos, esa noche, que habrían de quedar grabados para siempre en la mente y en el corazón de los apóstoles… ¡por si te pasara algo! Partir el pan, lavar los pies, y el signo de los signos de tu amor, la eucaristía; te las ingeniaste para quedarte con los tuyos de forma sensible, por toda la historia. ¡Gracias, Señor, por tanta delicadeza! ¡Cuántos millones de seres humanos has consolado y fortalecido con tu presencia eucarística! Te voy a adorar en el sagrario todas las veces que pueda. Y, enseñado-a por tu desbordante amor, quiero partir el pan con los pobres y quiero lavar los pies de los caminantes del mundo. ¡Que esa última cena en Jerusalén sea lo más alto en mis pensamientos, en mis sentimientos y en mis decisiones!

VIERNES SANTO

¡Cuánto dolor, y cuánta maldad de parte de las autoridades religiosas judías! Quisieron torturar y matar al mismo autor de la vida, pero Dios lo resucitó. Como afirma San Pedro (Hech. 4, 10). El plan de la muerte fue de los fariseos, pero el plan del Padre era darle el triunfo a Jesús y la salvación a nosotros.

Gracias, Padre, porque con tu divina providencia y tu divina creatividad, produjiste una realidad tan bella en ocasión de un delito tan feo (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 312). Tu plan, pues, no fue la crucifixión y muerte de Jesús sino, al contrario, fue el de resucitarlo a Él, y así, abrir para nosotros el camino de la verdad y del amor, el camino de la salvación y de la vida. Este día, quiero seguir a Jesús por su “vía crucis”, y acompañarlo, con María y San Juan, hasta el último suspiro y hasta cuándo será puesto en el sepulcro.

Quiero solidarizarme con él, con el propósito de seguirle en toda su vida, pasando en este mundo haciendo el bien como él, y hacer siempre la voluntad de Dios, que es tener un proyecto de amor y quedar fiel a tal proyecto. Jesús, en el bautismo y en la sinagoga de Nazareth abrazó el proyecto de implantar el reino de Dios en la tierra y de defender los derechos de los pequeños y sufridos; ahora, en el Getsemaní, se encuentra en la encrucijada: dejar el proyecto o perder la vida terrenal. Es cuando tomó la extrema decisión de hacer la voluntad del Padre, que era la fidelidad al proyecto de amor que había tomado en el bautismo y confirmado en su primera intervención en la sinagoga de Nazareth.

Tu sufrimiento y tu muerte, Señor, han sido el resultado del mal uso de la libertad humana; quiero acoger tu enseñanza, la de luchar contra mi egoísmo, que hace daño a tanta gente. Que esta Pascua, Señor, sea para mí un paso de crecimiento en la gracia. Es cierto que el sufrimiento no fue el protagonista de esta semana, fue siempre tu amor, sin embargo, tú me enseñas cómo sobrellevar el sufrimiento, la persecución y la muerte. Por la verdad y el amor vale la pena vivir y morir. Pues, al pasar a otra vida, allí donde reinas Tú, Señor, se habrá terminado todo grito, todo llanto, porque este tipo de mundo nuestro, tan injusto, habrá terminado (cfr. Ap. 21, 3 – 6). Hoy, al participar en las procesiones, he podido meditar mucho sobre el misterio de la maldad humana y el misterio de tu amor, del Padre y del Espíritu Santo.

Este viernes santo es impactante; sin embargo, estoy claro-a que es un día de paso, el día de la maldad de los seres humanos; el mero día de Dios será pasado mañana, el día de la resurrección. Después de haber cargado el Anda, no iré al mar, como si todo este misterio haya acabado en la muerte, sino que me retiraré a un lugar silencioso o en un rincón de mi casita, para meditar sobre todas estas cosas; para aprender todas las importantes lecciones y, sobre todo, para preparar mi corazón, que se haga capaz de acoger la explosiva alegría de pasado mañana.

SÁBADO SANTO

Toda la creación estaba expectante, aquella noche. ¿Cómo será el final de la lucha entre la muerte y el señor de la vida? Hasta los árboles del bosque se preguntaban cómo el ser humano, el más inteligente de las criaturas, haya podido hacer una cosa tan irracional; matar al señor de la vida, ¡en el cual, por el cual y para el cual todo ha sido creado! Los seres humanos se alejaron tanto de la verdad y de la bondad, que se atreven a matar a sus semejantes; ¡llegando a matar incluso al autor de la vida! Pero el señor de la vida es fuente de amor y ¡el amor es más fuerte que la muerte!

Señor, en estos días, con más dramatismo que los otros días de tu vida terrenal, me has enseñado cómo y dónde tengo que ubicarme en esta vida. No he sido creado pecador, pero quise serlo, pervirtiéndome hasta producir toda la maldad que, en estos días, se ha concentrado en los autores intelectuales y materiales de tu asesinato, Jesús. Con mis pecados, yo también grité que te crucificaran.

Nunca se me ocurra atribuir a Dios el mal de esta tierra. De Él solo el bien viene, todo el mal es producido por el uso irracional de la libertad humana; y las consecuencias dramáticas que se originan de este mal uso, son consecuencias lógicas de decisiones ilógicas de parte del ser humano. Así, la muerte tuya, Señor, no viene de un plan querido por Dios, sino es el ejemplo más trágico de ese mal uso de la libertad humana.

Este sábado de meditación, estoy aprendiendo tantas cosas. Tengo que investigar de dónde se origina el mal que durante la vida afecta a mí o a otros, descartando absolutamente que el origen sea la voluntad de Dios. En adelante, ante la muerte de un niño o ante cualquier desgracia, nunca más diré “es voluntad de Dios”. Siempre tendré que investigar; pediré la ayuda de la ciencia, si es necesario. Y tendré que denunciar la persona que causan males graves; no con la intención que se pudran en la cárcel sino solo para que “se conviertan y vivan”, como quiere Dios (cfr. Ez. 18, 23). La pena de muerte es venganza pública y empeora las cosas.

Todo esto, Señor, me lo enseñaste ayer, cuando desde la cruz perdonaste a los que te estaban matando, riéndose; también, cuando te llevaste al paraíso al “ladrón y asesino” agonizante junto a Ti.

¡PASCUA DE RESURRECCIÓN!

¡Ha resucitado el Señor aleluya, verdaderamente ha resucitado! “¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? \ A mi Señor glorioso, la tumba abandonada.\ Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”.

Dios Padre, que en su infinita paciencia, había tolerado (ni querido ni permitido, solo tolerado) que los hombres maltrataran tanto a Jesús, ahora, lo hace triunfador, enjugándole las lágrimas y sanándole las heridas. Para los que aman a Dios, todo se vuelve positivo” (cfr. Rom. 8, 28). Es la metodología de la divina providencia: en ocasión de la maldad humana, el Padre interviene en favor de la justicia, la verdad, el amor, y, con su divina creatividad, produce una realidad nueva, que compensa con creces el acontecimiento negativo (cfr. CIC, 312). Hoy, es el día en que Jesús demuestra ser el Señor, triunfador sobre todo mal, incluyendo la muerte, la última enemiga en ser derrotada (cfr. Audiencia pública del Papa emérito Benedicto XVI, 30. 1. 2013).

Es importante resaltar que, por ser enemiga de Dios, es absurdo pensar que la muerte de Jesús en la cruz haya sido un plan del Padre. El plan del Padre existía ciertamente, y se realizó en estos acontecimientos de la pasión, pero no era de muerte sino de vida: ”ustedes lo mataron pero Dios lo resucitó” (Hech. 4, 10). El plan del Padre era velar por el triunfo de Jesús y por nuestra salvación, que el inmenso amor de Jesús causó.

Gracias, Padre, por tu plan de vida; gracias, Jesús, por tu generosidad humana y divina. Me siento mal, consciente que mis pecados se juntaron a los de los fariseos para tratarte con tanta crueldad, sin embargo, hoy, la felicidad me embarga, contemplando tus llagas gloriosas de resucitado. Renuevo mis buenos propósitos de querer seguir tus huellas: pasar en este mundo anunciando la buena noticia a los pobres, consolar a los afligidos y liberar a los oprimidos ¡cueste lo que cueste!

¡Ha resucitado el Señor, aleluya; verdaderamente ha resucitado!

Fray Mauro Iacomelli, ofm

www.fraymauro.com.gt

maurelivit@gmail.com