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LA ESPERANZA ESCATOLOGICA, ¿EL INFIERNO ES ETERNO?

Querid@ Teólog@:

Reflexión de un grupo de católicos hondureños sobre la base de una síntesis del: Tratado sobre el infierno, compendio, de Hans Urs von Balthasar (teólogo muy estimado por el Papa San Juan Pablo II); y Escatología actual: La salvación actual y el problema del infierno, en Current escathology: Universal salvacion and the problem of the hell – traducción de Josep Messa-, en: Theological studies 52 (1991) 227-254.
 
Contemplar con ojos nuevos el viejo tema de la “apocatástasis”  (Restauración final y universal), como certeza del perdón final y universal. El Magisterio condenó la APOCATASTASIS, como CERTEZA, no como hipótesis. Acompañados por muchas citas bíblicas que apuntan a la salvación universal, nos haremos preguntas dramáticas a, la luz de la encíclica DIVES IN MISERICORDIA.
Los autores, después de haber recorrido la historia del tema desde los tiempos bíblicos, trazan los rasgos fundamentales de la teología católica actual, “caracterizada en este punto por un notable consenso”. Todo invita a cuestionar la capacidad de la libertad humana para rechazar a Dios de manera definitiva. La libertad humana tiene el alcance de decir sí con toda sí misma, pero no cuando dice no; como el hijo pródigo, cuyo no al padre tuvo mucho menos alcance del sí de su conversión. También: “Perdónales, porque no saben lo que hacen”. ¿La amenaza del infierno es para que el ser humano se incline cada vez más hacia el sí a Dios, y de tal modo transitar por el camino del amor? (Como se hace con los niños). Los autores concluyen haciendo ver que el universalismo (salvación universal) cristiano bien entendido no solo está en consonancia con las líneas centrales de la fe cristiana, sino que tiene hoy gran transcendencia, dadas las corrientes culturales y religiosas de nuestra época (inclusión, pedagogía positiva, alejar el castigo, etc.).
 
La teoría de la apocatástasis (restauración final y universal) es la certeza del perdón del diablo y de todos los condenados al infierno. Orígenes, un destacado Padre de la Iglesia, es el primero en afirmar que no hay infierno eterno. Las cuestiones: ¿Dios quiere depender de la elección del hombre en su plan de salvación, o bien, su libertad, que es absoluta y que solo quiere su salvación, queda supeditada a la libertad humana, creatural y por ello relativa? (Ejemplo de los padres con sus hijos). La libertad de los padres, libertad de amor, es mucho más abarcante que la libertad “egoísta” de los hijos. Las dos libertades no son simétricas. Tampoco la libertad para hacer el bien y para hacer el mal essimétrica; así como las dos justicias, la de Dios y la nuestra, no son simétricas (ver la Parábola del hijo pródigo).
Nosotros no hablamos de certeza sino de esperanza de que todos alcanzaremos  el fin último de llegar a ser partícepes de la divina naturaleza.Por lo demás, de nadie la Iglesia dice con certeza que haya ido al infierno, por tanto la hipótesis que nadie esté en el infierno eterno es legítima.
En el Nuevo Testamento, hay muchas expresiones que parecen tener a la vista una redención final universal. La Iglesia debe orar por todos los hombres y mujeres, pues Cristo se ha entregado en rescate por todos (1Tim.2, 1-6); Jesús, que tiene poder sobre toda carne (Jn. 17, 1), una vez levantado en la cruz atraerá a todos hacia sí (Jn. 12, 32). La gracia de Cristo sobrepasa a toda culpa de Adán (Rom. 5, 12-21 y 11,32; 2P. 3, 9).
A este propósito también, como para otros temas, en la Biblia hay dos grupos de citas en contraste. Hay que dejar los dos caminos: en futuro, el Espíritu Santo iluminará los cristianos y el Magisterio para que se dé la interpretación definitiva (como ocurrió con el dogma de la Inmaculada). El Espíritu Santo seguirá “haciendo nuevas las cosas”, como ocurre con el lenguaje de los padres hacia los hijos: a los niños se les habla con “doble” lenguaje, castigador y amoroso a la vez; cuando crezcan quedará sólo el lenguaje amoroso, persuasivo. Entonces, el amor habrá fugado el temor (cfr. I Juan 4, 18).
No se trata de un saber seguro sobre el juicio de Dios, ni sobre la primera forma de escribir ni sobre la segunda. Si algunos (mucho más si se trata de muchedumbres, como quiere insinuar cierto lenguaje  visionario) se condenan ¿Ha fracasado Jesucristo? En 1Ti. 2,1 se dice que hay querezar para que todos se salven; pero si no hay esperanza siquiera que se puedan salvar, ¿Para qué rezar? ¿Qué sentido tiene rezar por todos?  Dice el teólogo Martelets: “Si Dios es amor, el infierno es una anomalía”, y no cabe duda que Dios es amor infinito, libérrimo, incondicional y gratuito! Son muchos los Santos Padres que insinúan que nadie va al infierno (Orígenes, San Cipriano, San Hilario, San Ambrosio…). La realidad es que nuestra imaginación no tiene los medios para imaginar las bellezas del cielo ni los castigos eternos; y no tenemos el concepto de eternidad. Decir sí a Dios, lo abarcamos todo de Dios; el sí lo abarca todo; en cambio, cuando decimos no, abarcamos solo una parte de Dios. Pensemos en la relación entre el niño que hace caprichos  y su mamá. Lamentablemente, San Agustín creyó saber el resultado del juicio divino…y detrás, otros Santos Padres: San Gregorio Magno, San Anselmo, San Buenaventura, Santo Tomás de Aquino. Así se llegó hasta la absurda predestinación absoluta (a fray Mauro le dio gana de romper el libro, al leer esta teoría, cuando era estudiante de teología).
La realidad es que el verdadero amor (=querer para uno la vida integral) lleva a esperar para otros lo que uno espera para sí mismo (Ef. 5, 1; Sab.11, 24). Amar a todos conlleva la esperanza que todos se salven: El amor perfecto excluye el temor, que está amarrado al castigo (cfr. 1Jn.4, 18).
En la Sagrada Escritura, hay dobles afirmaciones: unas de un sentido y otras de sentido opuesto. “El Espíritu Santo las irá explicando con el tiempo.“Aún tengo muchas cosas que decirles pero es demasiado para ustedes por ahora, y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. El no viene con su mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó, y les anunciará lo que ha de venir. El tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes” (Jn. 16,12-15; también: cfr.Mt.28,2).
Todo el mundo es pecador y nadie puede estar seguro de su estado de gracia, de si está pecando contra el amor (ni los Santos).        Por lo tanto, la esperanza cristiana se da dentro de una actitud de humildad. Con todo, se dice que la virtud de la esperanza conlleva su propia “certitudo” (=certeza…psicológica); que es solo la certeza que se apoya en la fe en el amor infinito Dios. La de alguien que tiene una fe viva y un auténtico amor a Dios y al prójimo. No se trata pues de un “saber evidente” sobre el destino definitivo y universal de la humanidad; no se trata de una seguridad matemática. Dice San Pablo: “Yo no me juzgo a mí mismo. Cierto que de nada me arguye la conciencia, mas no por eso me creo justificado, quien me juzga es el Señor”.  Sin embargo:”Yo no he venido para condenar al mundo sino para salvarlo” (Jn.12, 44-50). La esperanza cierta del perdón final tiene dos motivos: 1-El amor infinito, libérrimo, incondicional y gratuito de Dios en Cristo, el cual amor es tan fuerte que vence cualquier impedimento que se le ponga por delante. 2- El segundo se apoya en las palabras de San Pablo, al cual “le produce gran tristeza la dureza de sus hermanos los judíos…para abrirse a la gracia de Cristo”. Nos alegra mucho sentir el deseo de que todos se salven, aun los peores enemigos; del mismo modo que sentimos la “esperanza cierta” que la bondad de Dios nos salvará a los de este pequeño grupo, y no por nuestros méritos. Ver: la Representación navideña hecha por Santa Teresa del Niño Jesús, en: Tratado sobre el infierno, Compendio; de Hans Urs von Balthasar, pp.82-83. “El ángel del último juicio recuerda que ese Niño estará en el día vengador del juicio. El Niño, casi reprochándole, le dice: “Yo quiero escuchar tu súplica de que todas las almas encontrarán mi perdón”. El ángel de la venganza expone las exigencias de la justicia…a lo que Jesús responde:”Hermoso ángel, esconde tu espada. Tu oficio no es juzgar a la naturaleza que yo quería levantar y redimir. El juez del mundo soy yo mismo y mi nombre es Jesús (salvador)”. Entonces, el ángel del juicio cae de rodillas y se asombra y queda fuera de sí (perdido) por ese amor inefable”. Nos  sorprende y alegra mucho que nosotros sentimos así. Es una convicción íntima, filosófica y teológica. Es la realidad del Dios puro amor que nos persuade.
El teólogo L. Locher ha titulado su libro: El infierno pertenece a la Buena Noticia; porque Cristo nos ha salvado de él “bajando al infierno”. La solidaridad, dice el autor, es la que nos redime. La solidaridad de Jesús con los pecadores. Jesús ha deseado eficazmente lo que tantos místicos han expresado: ¡estar dispuestos a ir incluso al infierno para salvar a los demás! Nos sorprende sentir que, si fuera necesario, ¡aceptaríamos nosotros también sufrir cualquier cosa con tal que todos se salven! Y eso que estamos claros que no somos santos, ni mucho menos. Lo nuestro es un sentir de gente “de a pie”. El escritor francés Blondel dijo: “Me repugna el Cristo de Miguel Angel y prefiero en su lugar al Cristo de Fray Angélico, que en el juicio muestra sus heridas”
LA AUTO DESTRUCCION DEL MAL
“Lo mortal ha sido absorbido por la vida” (2Cor. 5, 4). Absorber en el sentido de una total desaparición, lo que antes había, ya no está más; salta a la vista que de lo negativo que hay en la muerte, se va hacia la pura positividad del vencedor (cfr. 1Cor. 15).Todo lo malo es tragado por la vida, que comienza con la resurrección de Cristo y dura para la eternidad, siendo las acciones de Jesucristo eternas por ser acciones de Dios (cfr. Ap.1, 18 y 19, 3).
 
DISCURSO SOBRE EL INFIERNO
Todos tienen el derecho de esperar. Todos tienen la obligación de creer que no es dogma de fe el que haya personas humanas en el infierno. En una Revista alemana ha sido expuesta esta tesis; y bien, han sido escritas muchas cartas injuriosas contra el autor (Hans Urs von Balthasar). La objeción fue la siguiente: “Con estas tesis se fomenta un optimismo frívolo”.Yo pienso, dice el autor (y así pensamos nosotros también), quelo más serio que existe no es la justicia vindicativa de Dios sino su amor. Según algunos, hablar del infierno es afirmar que hay allí una muchedumbre condenada eternamente. Una cosa es la posibilidad, otra cosa es la seguridad objetiva. San Agustín, tal vez por su sensibilidad maniquea, ha arrojado sobre la historia de la teología occidental unas terribles sombras; hasta callar ciertas frases bíblicas a favor de la misericordia divina victoriosa.
El que haya personas tan brutas que quieran empecinadamente estar lejos de Dios, aun después de que haya conocido con toda claridad todas las consecuencias para la eternidad ¡Tampoco es dogma de fe!
En suma, en la polémica suscitada no se tomó en cuenta la seriedad de las citas bíblicas a favor de la voluntad salvífica universal; como no se toma en cuenta que la única tesis razonablemente segura, es que ese “lugar” no lo hizo Dios ni ha sido Dios quien mandó a las personas al infierno.
Y eso a pesar del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1033-1037; del Mensaje del CELAM del 1999 y de la catequesis de Juan Pablo II en la audiencia general del 28 de julio de ese mismo año 1999, “año del Padre”; y a pesar de la parábola del hijo pródigo, en la cual aparece con toda claridad que el infierno en que se fue encontrando el hijo no se lo había preparado el padre.
No estamos hablando de la apocatástasis de Orígenes (=restauración universal como certeza) sino de una esperanza confiada y bien fundamentada. Se trata de enfocar el alcance del amor de Dios (Lc.15) y el limitado alcance de la libertad humana para oponerse al infinito amor de Dios. La nuestra no es certeza atrevida sino esperanza confiada y bien fundamentada.
Naturalmente, la esperanza es que todos se salven y, entre ellos, yo. “El perdón desde la cruz es palabra y voluntad de misericordia, no una irresponsable amnistía” (Mons. Fessad, Arzobispo de París).
Una palabra importante, también en este tema, la tienen los Santos.
A la gran parte de ellos les resulta insoportable ver a un ser humano condenado al infierno para la eternidad. He aquí un ejemplo de oración de esperanza confiada, en la liturgia:”Señor Jesucristo, tú que extendiste tus brazos en la cruz para salvar a todos los hombres, haz que nuestras obras te sean gratas y haznos ver que tú has redimido al mundo” (en Nona del miércoles de la IV semana).
 
LA FE CRISTIANA
¿Qué es lo esencial de la fe cristiana? Credo in Deum = me arrojo ciegamente en los brazos de Dios (diferente de: credo Deum, y credo Deo). Nosotros creemos y los hermanos creen; no condenes al hermano; ¿Tienes tú el derecho de negar a tu hermano la esperanza que tú, para ti mismo, has depositado en la fe viva en tu juez? El amor verdadero no destruye el derecho pero sí lo sobrepasa (el de una madre); el juez queda juez pero misericordioso. Muchas citas bíblicas nos hacen esperar fuertemente en la conclusión finalmente positiva de nuestro juicio “final”, el cual ocurrirá así: al Maranathá no seguirá el Dies irae . El amor de Dios a cada hombre es absoluto e infalible. Todos, sin excepción, tenemos que decir “Señor, yo no soy digno”; pero ¡Es que nacemos perdonados! Es que el amor de Dios es cosa seria no cosa frívola! (cfr. Rom. 5, 6-11). Volvemos a decir que en el Nuevo Testamento hay dos series de expresiones contrapuestas referentes al juicio; no las podemos unir en una síntesis segura y definitiva. Pensemos en una pregunta: ¿Se apartará para siempre a aquel que se aparta ahora, en el tiempo? Nuestra respuesta es: “no lo sabemos!”. Un católico no puede ir más allá. Pero pensamos que podemos esperar, que la luz del amor divino pueda penetrar a través de cualquier oscuridad o apartamiento humano. No es legítimo pasar de una amonestación a una realidad fáctica. Hay una resurrección para el juicio y una para la vida (Jn. 5, 29);”serán arrojado a la cárcel hasta que paguen toda la culpa”; cárcel dura pero no eterna. Hay tantas citas que hay que tomar en cuenta: Mt. 5, 26; 11, 23; 18, 34; 21, 31; y Lc. 13, 35. ¿Es necesario que se dé el paso: desde la mera amenaza al “saber” que sí se realizará? No es necesario ni correcto. Está claro que Dios no obliga a nadie a querer la salvación, pero Dios todo lo ha confiado a Cristo y él ha vencido al mundo, y a todos sus enemigos, incluyendo la muerte, que es fruto del pecado. Dios quiere que todos se salven (1Tim.2,4 y 2P.3,9); ¿Será frustrada su Voluntad absoluta? “Atraeré a todos hacia mí” (Jn. 12,31 y Tito 2,11); ¿Ha sido frívolo e imprudente Cristo? (Rom. 11,32; 5,15-21; 11,26; Col. 1,20; Ef.1,10). El otro grupo de citas (sobre el castigo) es: Mt. 25,41; 12,32; 25, 12 y 7,23.
Negamos que la serie de amenazas quite su fuerza a las expresiones “universalistas” de salvación, y afirmamos: las expresiones  universalistas dan derecho a esperar a favor de todos. La certeza no se puede conseguir, por ahora, pero la esperanza está bien fundamentada, y no la podemos reducir solo para nuestras personas. ¿Puede nuestra negación de Dios estar a la altura del juicio de Dios “que es misericordia”? No hay simetría; como en la parábola del hijo pródigo, no había simetría entre la justicia vindicativa con la cual el hijo se juzgaba a sí mismo y la imprevisible misericordia del padre. El hijo pródigo no podía imaginar, y nosotros ¿podemos? Otra pregunta inquietante: ¿La visión, desde el Paraíso, del castigo de los familiares condenados ¿empañará o aumentará la gloria y la felicidad de los bienaventurados ¿
¿Acaso soy yo responsable de mi hermano? Si él escogió ir al infierno, a mí ¿qué? Esto significa que en mi corazón hay insensibilidad, que es falta de amor; en esta tierra, la insensibilidad para la salvación eterna de los demás es odio. En el Paraíso se supone que seremos ya en el amor perfecto, ¿entonces? En el Paraíso ¿me dará igual saber que mis familiares (hijos, padres…) están en el infierno? Y a Dios ¿le da igual? El amor todo lo espera (1Cor.13, 7). ¡Esperar en la salvación de todos es exigencia de amor!
 
 
APENDICE
En estos días, entre Papa Francisco y Oscar Luigi Scalfari (ateo), Fundador del Diario italiano LA REPUBBLICA, se ha desarrollado un diálogo de gran importancia, porque concierne al tema del pecado (al cual está relacionado el tema del infierno). El Fundador del Diario sostiene que Papa Francisco ha suprimido el concepto de pecado porque ha proclamado la libertad de conciencia (el “Fundador” Scalfari habla de forma positiva del Papa). Sin embargo, al “Fundador” le faltó hacer referencia, al respecto, a dos conceptos cristianos importantes: el concepto de libertad y el concepto de una conciencia iluminada por el conocimiento adecuado y, sobre todo, por la recta intención (cfr. Mt. 7, 12). Si hay estas dos condiciones, hay que hablar de “libertad de conciencia”; entonces, no se tratará de pecado, aunque  se dé un resultado “material” equivocado.
Se puede anotar que ésta ha sido siempre la doctrina de la Iglesia. El gran mérito de Papa Francisco, aquí como en su enseñanza en general, no ha sido tanto el de cambiar la doctrina cuanto el de impulsar, con el ejemplo y la palabra, una nueva caridad pastoral, que podríamos llamar “auténticamente evangélica”.
 Por lo demás, estamos muy de acuerdo con la conclusión del diálogo, de parte del Fundador del Diario, que él formula así: “De todos modos, se puede tender a la superación del concepto de: pecado como eje de la vida espiritual”. (cfr. casa.it del 30 de diciembre de 2013). ¿Cuánto la visión pecado céntrica ha contribuido para que pensáramos en un infierno sobrepoblado?
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CRISTO, EL SALVADOR (= salud dador y Redentor) “IN FONTE”

Querid@ Teólogo@:
 
 
El Sacrificio es toda ofrenda interior a Dios, y cada manifestación externa de esa ofrenda: oración, limosna, ayuno, mortificación. Su finalidad: reconocer la absoluta soberanía de Dios, mediante la adoración, la acción de gracias, la alabanza, la súplica y, todavía en nuestro tiempo, la expiación. Hoy, con fundamento en la teología del Beato Duns Escoto y la actual sensibilidad religiosa, tal vez habría que apartar el significado de sacrificio como expiación, pues no hay nada que expiar, que pagar, porque el amor de Dios es gratuito, el amor infinito de Dios tiene la libertad de no tomar en cuenta  la ofensa, especialmente cuando el ofensor se lo pide con sinceridad y coherencia; Él tiene derecho de ser generoso (Cfr. Mt. 20, 8-15). La Misa es sacrificio de adoración y agradecimiento (eucaristía) no de expiación. El Cordero que quita los pecados del mundo lo hace EXPRESANDO EL AMOR DE DIOS, NO EXPIANDO (que sería pagándole a Dios el precio del pecado, con la sangre). Cristo en la cruz hace presente el amor de misericordia (=amor de entrañas) de Dios, que quema los pecados del mundo (Cfr. Is. 6, 6-7; y Lc. 15, 11-24). Per-dona, o sea, su.per-dona, como si nunca hubiese existido la ofensa;  como cuando la madre perdona a su hijo; “los hijos nacen perdonados”, acaba de decirme una madre. El ser humano solo debe hacer algún gesto para expresar su libertad de buscar el perdón (para permitir a Dios entrar en su ser y re-ordenarlo, sanarlo, salvarlo (= devolverle plenitud de vida).                                        
 
Ciertamente, Cristo ha obrado la reconciliación del ser humano con Dios de manera objetiva no solo moral, produciendo esa cantidad de amor capaz de infundir en la humanidad ànimo y energía para levantarnos y volver al Padre (cfr. Parábola del hijo pródigo). Como si alguien se hubiese acercado al hijo pródigo de la parábola, el cual estaba tan prostrado que no era capaz de nada; como si este amigo se hubiese acercado y con su interés de amor le hubiese convencido y le hubiese dado energía psicológica y moral para volver al Padre. Pero, hay una razón màs radical: Cristo, Verbo encarnado, es Mediador y Pontìfice  “IN  FONTE”(=en su fuente), o sea: EN SU ENCARNACION. Por ser el Primer pensado, el Primero en todo, por ser hombre y Dios, en el cual, por el cual y para el cual todos nosotros hemos sido creados, es nuestra salvación (=plenitud de vida) y redención “IN FONTE” (por ser él fuente). El es el manantial de vida, vida dada y vida recuperada después de haberla perdido por el pecado (=re-dención (=recuperación); vuelve a sanarse el ser humano como sucede  a la herida de un dedo, que se cicatriza espontáneamente mientras está en cuerpo vivo. El es el cuerpo vivo de la humanidad. Ciertamente él es nuestro sumo sacerdote al encarnarse, el pontÍfice máximo (el puente máximo) por su naturaleza de Verbo encarnado. Al encarnarse, de una vez  ha llenado la distancia entre Dios y el hombre, ha enlazado la humanidad con Dios, no en sentido pecado-céntrico sino amor-cèntrico.  EL, “IN  FONTE”.  lo es y lo hizo todo.
 
“ Ante los ojos de esos cristianos (judío-cristianos) se presenta la espléndida visión de Cristo, Hijo de Dios, hombre bueno, que realiza una maravillosa obra de mediación sacerdotal superior a la de Moisès, manifestando una alianza nueva y mejor, un sacerdocio también mejor, superior al de Levì , según el modelo de Melquisedek.  Ademàs, esta novedad trae consigo otras novedades: un templo nuevo, un culto nuevo, un sacrificio nuevo, una vida nueva, toda ella animada por la ley del amor” (de: SAGRADA BIBLIA, VERSIÒN OFICIAL de la Conferencia episcopal Española, 2011, pp. 2009,3). Pero todo esto ya estaba en Cristo, hace quince mil millones de años, “un segundo antes del Big Bang”; porque para Dios no hay tiempo, todo lo que él quiere ya está hecho. Quiso crear todo en Cristo, ya estuvo; quiso re-sanar todo en Cristo: ya estuvo (cfr. Ef. 1, 4-10 y Col.1, 15-20). Esta visión responde más adecuadamente a tantas preguntas de la nueva racionalidad y sensibilidad religiosa de hoy. Las nuevas generaciones encuentran en esta nueva visión a una imagen más auténtica de Dios: Dios amor, que no castiga, que no manda desgracias como castigo, que no crea ni manda la muerte, que no  crea el infierno ni manda al infierno ( Cfr. CELAM, Mensaje en el año del Padre, 1999; Juan Pablo II, Catequesis en la audiencia general del 28 de julio de 1999).
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El Perdon de Asis

Querid@ teólog@,
Historia. San Francisco de Asìs, en 1216, después de una gran lucha para no dejarse arrastrar por un deseo sexual desordenado, fue invitado por el Señor a pedir un regalo. Francisco dijo:”para mì no pido nada; solo pido que todos aquellos que entran a esta capilla (La Porciùncula, en Santa Marìa de los Angeles, Asìs, Italia), arrepentidos de sus pecados, puedan ser perdonados plenamente de todos sus pecados” (=INDULGENCIA PLENARIA).
El pecado es todo cosa nuestra; nosotros tomamos la decisión. La condición del ser humano es la siguiente: el deseo nos  arrastra y seduce; el deseo desordenado no dominado engendra el pecado; el cual, al final, engendra la muerte (Cfr. St. 1, 12-18). Leer  la parábola del Padre amoroso (ex Hijo pròdigo). Lc. 15, 11-17
Pero el ser humano busca la vida, ha sido creado para ella. Busca còmo aniquilar la muerte producida por el pecado (=des-orden por el cual las cosas ya no funcionan, la vida ya no funciona). Se da cuenta que el des-orden va contra el orden de la creación, y por ende, contra el Creador, y busca còmo compensarle al Creador, por la ofensa (…trabajando por èl , haciendo sacrificios etc. Razona asì según la justicia humana, que es simétrica, tanto cuanto, etc.) y asì re-ordenar su vida.
Sin embargo, el Creador, que es padre y madre, lo acoge al pecador con entrañas de misericordia, y no solo no le hace pagar nada sino que le hace una gran fiesta; y lo reintegra a la casa, a la gracia, gratis precisamente.
El hijo està feliz; en adelante ni se le ocurrirà pensar  dejar la casa del padre. Querrà mantener su vida completamente ordenada segùn los consejos de amor del padre, que son los Mandamientos.
Eso sì, como ser libre que es, tiene que hacer un trabajo  existencial, un trabajo consigo mismo. Tendrà  que hacer 2 cosas: expresar su libertad de querer cambiar y, la segunda cosa, ir re-ordenando su persona en todos aquellos hábitos que lo llevaron a dejar la casa del padre; para no correr el riesgo de volverse a des-ordenar, a dejar la Casa del padre y…a morirse de hambre.
A este trabajo existencial de re-ordenar sus dinamismos humanos-psicològicos-espirituales se le llama PENITENCIA (al principio, los frailes menores se llamaron LOS FRAILES DE LA PENITENCIA),  que dura toda la vida. Todos debemos vivir una vida de penitencia, asì entendida, no en el sentido de hacer sacrificios dolorosos para pagar por nuestro pecados.
El hijo derrochador de la parábola empezó este proceso cuando dijo “me levantarè..” y lo continuò quedando con fidelidad en la casa del padre.
EL PERDON DE ASIS ENTRA EN ESTA DINAMICA DE PENITENCIA. Es una ayuda muy grande y significativa para aquellos que anhelan re-ordenar su vida  y son capaces de someterse a grandes sacrificios; como por ejemplo, emprender largos viajes dolorosos y peligrosos, como son los peregrinajes a tierras lejanas.
La Iglesia, como madre, tiene el poder de administrar la gracia (el amor producido por Jesùs, en su vida y sobre todo en su pasiòn, muerte y resurrección); a la gracia de Jesùs se añade también el amor de los santos y de todas las personas buenas. Asì, la Iglesia reserva parte de estos tesoros a los peregrinos. Hasta el tiempo de San Francisco, estos tesoros estaban reservados solamente a los peregrinos  de Tierra Santa, de Santiago de Compostela y de Roma. El Perdòn de Asìs significa que estos tesoros, por intercesión de San Francisco de Asìs, en adelante, serán reservados también a los pobres que no pueden emprender esos grandes y costosos viajes. En adelante, serà suficiente visitar la capilla de la Porciùncula. No olvidemos que toda esta gracia es en vistas a provocar una vida de penitencia, en el sentido entendido arriba.
En nuestros tiempos, este perdón total se puede obtener visitando cualquiera  iglesia franciscana y parroquial. Se puede obtener una vez el dìa 1 de agosto y una vez el dìa 2 de agosto, para sì mismo(a) y para  un(a) difunto (a).   
Las otras condiciones son las siguientes:
  • Confesarse, para estar en gracia de Dios (dentro de los 8 dìas precedentes o siguientes al dìa de la visita).
  • Visitar una iglesia franciscana o una iglesia parroquial, y recitar las siguientes oraciones:
    • El PADRE NUESTRO
    • El CREDO
    • PADRE, AVE, GLORIA por el Papa
  • En el mismo dìa de la visita, participar en la Misa (en cualquier iglesia)  y comulgar sacramentalmente.  
Como es fácil notar, es una visión dentro de una nueva teología, o sea: dentrode una nueva interpretación de las verdades cristianas.
Un fuerte abrazo,
Mauro
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EL PECADO COMO DES-ORDEN

Querid@ teólog@, el pecado es des-orden y éste causa muerte; pero Jesús, con su resurrección le gana la batalla al desorden y a su consecuencia la muerte; RE-ORDENA LA HUMANIDAD Y EL COSMOS.

Las 3 lecturas de este décimo cuarto domingo del tiempo ordinario están atravesadas por una gran enseñanza; he aquí la enseñanza: la soberbia de los poderosos causa el desorden (“vivir según la carne…”. Cfr. Rom. 8, 9) en el mundo y la muerte. En cambio, la mansedumbre de los humildes, con la persona de Jesús al frente, re-ordena (“vivir según el Espíritu…”)  y salva el mundo. Vuelvo a repetir la gran enseñanza de las 3 lecturas de este domingo. Detengámonos un poco más sobre esto. Las soberbia, el egoísmo, o sea, el pecado causan el desorden de la creación y la muerte, porque pecando, uno se aleja de Dios que es vida y felicidad. Nosotros acostumbramos pensar y decir que las enfermedades y la muerte vienen de Dios. En realidad, estamos muy equivocados. Porque Dios es Dios de vida y de amor, que no de muerte (Cfr. Sabidurìa, cap. I). El que te ama no te aporrea. Dios es un padre todo amoroso y ni siquiera puede pensar de mandar una enfermedad y la muerte a sus hijos. Recuerden la parábola del hijo pródigo. Entonces, ¿Por qué cuando visitamos a un enfermo, le decimos: “Es voluntad de Dios…le mandó una prueba, y cosas así? Preguntémonos:

  1. ¿Quién causó los 320.000 muertos del terremoto de Haití? Sólo el delirio de algún desequilibrado mental pudo decir que fue castigo de Dios…y ha habido lamentablemente desequilibrados mentales…hasta gente de Iglesia, que han dicho esta blasfemia!
  2. ¿Quién determinó la muerte de las 7 personas muertas por la bomba dejada en el bus, la semana pasada, en Guatemala? Acaso Dios?
  3. ¿Quién quiso que fueran degollados los 22 campesinos en la finca Los Cocos, en el Petén, el mes pasado? Acaso Dios?
  4. ¿Es voluntad de Dios que mueran en el mundo 30.000 niños por hambre, diariamente? Acaso Dios? Acaso somos desequilibrados mentales? Hay que buscar los verdaderos causantes, porque estas cosas son causadas por seres humanos con nombre y apellido…y en alguna lista podría estar también nuestro nombre y apellido. Decir que es Dios el causante de todas estas desgracias es evadir nuestra responsabilidad humana; es que no queremos investigar; es que no queremos afrontar la lucha por la justicia; es que no queremos descubrir nuestras culpas!

Entonces, ¿Qué dicen? Las desgracias y la muerte ¿vienen de Dios o de otra fuente? Espero que sepan contestar bien, esta vez! Para dar más fuerza a lo que estoy diciendo, me voy a apoyar en algunos pasajes de la Sagrada Escritura y en algunos textos del Magisterio.

  1. De Dios sólo viene lo bueno, la vida y la felicidad, la enfermedad y la muerte son consecuencia del pecado (Benedicto XVI a los enfermos que iban a Lourdes, el 11 de febrero de 2009).
  2. Todo lo malo, lo que hace  sufrir y produce muerte es causado por el uso desordenado de la libertad humana, y las cosas, una vez desordenadas, ya no funcionan, no producen vida (“por el pecado entró la muerte en el mundo”, de forma directa, de causa y efecto, de lógica natural, no por intervención de Dios que mandarìa la muerte por el pecado. Cfr. Rom. 5,12).
  3. El lenguaje que solemos usar los cristianos ante las desgracias y la muerte es piadoso pero perpetúa una “imagen de Dios que tanto daño nos ha hecho y tanto daño sigue haciendo: la imagen de un Dios justiciero, vengador, antojadizo, arbitrario” (CELAM, 1999). “El infierno no es castigo de Dios sino la última consecuencia de la decisión humana” (Juan Pablo II, 28. 7. 1999).

Decimos:”Dios nos lo quitó, bendito sea el nombre de Dios!”; “es que le había llegado su hora!”; “hay que aceptar la voluntad de Dios!”; “Dios sabe lo que hace; lo necesitaba junto a él”. Son expresiones piadosas pero no corresponden a la verdad y entonces se vuelven extraviantes.
Entonces, las enfermedades y la muerte no vienen de la creación de Dios ni de El sino vienen del desorden que los humanos ponemos en la creación. Así lo dice el Papa Benedicto XVI.
Un ejemplo es el cambio climático. Talamos los árboles demasiado y no hay lluvia; consumimos cosas inútiles y tiramos millones de toneladas de deshechos en el mar, en los lagos y los peces se mueren; y se mueren también los pobres pescadores porque no tienen qué pescar y qué comer. Queremos usar gases que destruyen la capa de ozono… que es como un sombrero que nos resguarda de los rayos peligrosos del sol que queman y causan el cáncer de la piel, y entonces, se deshacen los glaciales y los mares crecen y ahogan los que están cerca del mar, y así vamos teniendo problemas graves, enfermedades y muerte (Cfr. Rom. 8,1-30)..
Es que cuando se desordenan las cosas, éstas no funcionan y en lugar de vida  producen muerte…accidentes de tránsito; el pecado es desorden. Si en la casa hay vicios, gritos, violencia, traiciones, injusticias con los hijos…se vuelve un infierno. Ese infierno no lo creó Dios sino nosotros, algún miembro de la familia, de la sociedad. La situación que estamos viviendo en Guatemala,,, con tantos delitos, con las instituciones que no funcionan. Consecuencias de los pecados o sea de los desordenes que la soberbia, la codicia y el egoísmo de tantas personas, desde la conquista hasta las masacres que se han cometido los últimos 40 años. La desigualdad…la extrema pobreza, la desnutrición, la falta de medicinas, de escolarización…
Dios, lejos de mandar estas cosas, llora por tantos sufrimientos y muerte de sus hijos e hijas…Preguntan algunos, ¿Por qué no lo evita?
¡Porque respeta la libertad! No los quiere, ni los permite sino los tolera! ¿Por qué no destruye a estos malvados?..y ¿Nosotros? Se dice que “No se mueve hoja sin la voluntad de Dios”. Pues está equivocado el dicho. Lo que hay que decir es que no se mueve hoja que Dios no sepa; eso sí; pero todo lo malo se mueve y se hace contra la voluntad de Dios. Las hojas de los árboles del Petén se mueven y caen al suelo no porque Dios lo quiera sino porque los que quieren llenarse de dinero lo quieren.

¿Què hacer? 5 cosas.

  1. Aclarar, combatiendo ciertas ideas que tanto daño nos han hecho y nos siguen haciendo.
  2. Desordenemos lo menos posible, pecando lo menos posible, ¡Ojalá NUNCA! Purificándonos con una buena confesión y con una vida en gracia de Dios.
  3. Produciendo mucho amor, mucho orden, hacia aquellos que más sufren por el desorden…así colaboramos con Cristo el RE-ORDENADOR.
  4. Si son delitos perseguibles, investigar y animar a investigar para exigir justicia (que es el primer paso del amor); y, después de haber encontrado el culpable o los culpables; haberlos llevados a juicio y encarcelados, entonces:
  5. PERDONAR …y ¡Y que todos nos encontremos en el Paraíso, aun este pobre desgraciado!

Chao. Mauro

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LA MISERICORDIA DIVINA

La misericordia, en la Sagrada Escritura, es una potencia especial del amor que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido. Sus frutos son: el perdón, la restauración de la alianza, la remisión de la culpa-deuda, gratis.

1)      Distinguir entre justicia humana y justicia divina.
2)      La primera es un acto básico de amor pero tiende a ser simétrica, estrecha, igualitaria entre la ofensa y la reparación (éste fue el punto de partida equivocado del CUR DEUS HOMO de San Anselmo); a menudo incluso, en las personas menos cultivadas, se la confunde con la venganza.
3)      La justicia divina, en cambio, es MISERICORDIA (miseri-cor-dare =  dar el corazón al miserable), la cual conlleva: comprensión, ternura y perdón hacia el débil ser humano, considerado en su esencia de ser imagen de Cristo, el HIJO PREDILECTO.
4)      En el A.T., la misericordia de Yavé es descrita con dos palabras: rahamim (= amor de entrañas, de madre) y hesed (=fiel a sí mismo, amor de padre). (Is.49, 15; Jer. 31,3; Is. 54,10).
5)      En la parábola del Padre misericordioso (mal llamada: del hijo pródigo), el hijo menor regresa pensando en la justicia humana (simétrica, igualitaria, tanto cuanto…), en cambio, el Padre actúa con la justicia divina, o sea: con misericordia, compasión, ternura y gratuidad (como una madre).
6)      Así actúa Dios con nosotros: perdona nuestras “deudas”, pecados, gratis. Cristo, imagen visible del Dios invisible, perdona a sus asesinos y se lleva al paraíso, el mismo día, al ladrón y asesino, que acaba de mostrar apenas un signo de honestidad.

NOTAS: – Cfr. La encíclica de J.P.II “Dives in misericordia”.
– La salvación es producida por la misericordia no por la justicia al estilo humano.
Nuestras obras buenas son signo de la gracia no causa, consecuencia no fuente (mèrito).
– El evangelio de Lucas es el evangelio de la misericordia. Y ésta es el tema eje de la predicación de Jesús.

Un fuerte abrazo,
Mauro

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Interpretación Actualizada de algunos conceptos sobre la Pasión y Muerte de Jesús

Querid@ teólog@, es necesario tener conceptos nuevos, que ayuden a entender los textos de la pasión con ojos nuevos.

1) Primer concepto. “Dios mìo, Dios mìo, ¿Por què me has abandonado? Es èsta una expresión desesperada de Jesùs que se sentirìa abandonado por Dios? No. Jesùs estaba orando con el salmo 21. Jesùs, al proclamar el primer versículo, declara que se està realizando en èl lo que està escrito en ese salmo. Asì hacían los hebreos cuando querìan decir que se estaba realizando, recitaban el primer versículo.

El salmo 21 es la oración de un hombre justo y creyente que se encuentra en una situaciòn dramática, como si se sintiera acosado por los hombres y abandonado por Dios; es la situaciòn del perseguido que clama a Dios; el oprimido, en medio de su tribulación se queja pero sin dejar de tener plena confianza en que Dios lo liberarà.

2) Segundo concepto. “Para que se cumplieran las Escripturas”. ¿Por què los evangelistas se preocupan de decir una y otra vez esta frase? La respuesta es: para ser creìbles ante los hebreos. Se apoyan sobre las Escrituras, especialmente los salmos(los citan màs de 20 veces) por ser la oraciòn de la gente común. Los evangelistas no tenìan otra manera para convencer que Jesùs, muerto en la cruz, era el Mesìas esperado. Tenìan que recurrir a la autoridad de la Sagrada Escritura. En efecto, los hebreos manejaban el concepto de que el que morìa en la cruz era maldito por Dios (maldito el que pende de un madero); entonces  ¿Còmo era posible que el Mesìas pendiera del madero de la cruz? Ademàs, estaba siendo condenado por las legìtimas autoridades religiosas de Israel; y el que tenía que ser el libertador del pueblo hebreo estaba siendo vencido por los enemigos del pueblo hebreo. El único medio que tenìan los evangelistas era decir que eso estaba escrito en las Escrituras. Pero ¿QUÈ ES LO QUE ESTABA ESCRITO?  La Escritura prevé y describe aquello que suele pasar en la realidad; aquello que le ha pasado, pasa y pasarà al justo que CONFÌA en Yawè. Lo de las Escrituras no es una PLANEAION, SINO TAN SOLO UNA PREVISION.

Hay que darle vuelta a la interpretación: LAS COSAS PASARON ASÌ NO PORQUE LO DECÌAN LAS ESCRITURAS,sino: LAS ESCRITURAS LO DECÌAN  PORQUE LAS COSAS PASARÌAN ASÌ”.  Dios no planeò la muerte de Jesùs; sòlo querìa y velò que triunfara EL AMOR!

3) Tercer concepto. ¿A quièn achacamos la muerte de Jesùs? A los judíos ya los Romanos; como dice con toda claridad San Pedro en Hechos 4,10. Los responsables de toda injusticia tienen nombre y apellido humano. El Papa Juan Pablo II, en el Mensaje par la jornada mundial de la paz del año 2005 se preguntaba: ¿Què es el mal? Su respuesta fue: “El mal no es una fuerza anònma que opera en el mundo a través de mecanismos deterministas e impersonales, sino el rostro y nombre de hombres y mujeres que libremente lo acogen”. Detràs de todo sufrimiento y desgracia nunca està Dios sino seres humanos con nombre y apelido.

4) Cuarto concepto. “HAGASE PADRE, TU VOLUNTAD!”. No significaba que la voluntad del Padre era la de que Jesùs fuera crucificado, porque asì El lo había planeado, sino: “PADRE, QUEDARÈ FIEL EN EL AMOR, PORQUE ÈSTA ES TU VOLUNTAD PARA TODOS Y PARA SIEMPRE, PORQUE TÙ ERES AMOR Y NO PUEDES PEDIR OTRA COSA. Sin embargo, Tù, Padre, CREADOR DE LA VIDA, LLORAS CUANDO PARA QUEDAR FIEL EN ELAMOR UNA HIJO TUYO VIENE MATADO”!

Un fuerte abrazo,
Mauro

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Misterios Silenciosos

Querid@ teólog@,

1. Contemplamos los 18 años de silencio de Jesús. Desde la incursión en el templo de Jerusalén, con tantas preguntas a los Doctores de la ley (Cfr.Lc.2, 41-52), hasta la lectura y el comentario del libro de Isaías en la sinagoga de Nazaret (Cfr.Lc.4, 16-21). 18 años de abundante siembra humano-divina.

2. Contemplamos las manos encallecidas de Jesús. Trabajando en el taller de José para ajustar “el pan de cada día” (Cfr. Mt.13, 55 y 6,11).

3. Contemplamos las angustias de Jesús. Por la muerte de José; por los vecinos que sufrían la pobreza y el clima de violencia que había en Nazaret. Angustias por la prepotencia de los soldados romanos y de los que acaparraban la tierra de los pobres, sin respetar “el año de gracia” (Cfr.Lc.4, 19).

4. Contemplamos a Jesús discerniendo su vocación. Meditando y poniendo en práctica la Palabra divina y el ejemplo de los santos Patriarcas y Profetas; orando mucho para conocer y hacer la Voluntad del Padre, que es permanecer fiel en el amor (Cfr. Mt.6, 10 y 26, 39).

5. Contemplamos los frutos de estos 18 años de silencio. Años que produjeron frutos de vida en plenitud, para Jesús (Cfr.Lc.2, 52) y para nosotros; concibiendo el proyecto titánico de instaurar el Reino de Dios sobre la tierra ¡hasta las últimas consecuencias!

Estos 5 misterios cubren un vacío del Rosario. Invitan a meditar sobre la “vida oculta” de Jesús, a la luz del contexto histórico y de los 3 años de su vida pública. También, ponen de relieve la humanidad de Jesús, nutriendo la espiritualidad integral de un Jesús no sólo divino. Finalmente, estos misterios invitan a los jóvenes a valorizar su vida en perspectiva de futuro; y a todos nos invitan a santificar el trajín de cada día.

Guardando una cierta lógica histórica, para recitar en la semana todos los misterios del Rosario, el orden podría ser el siguiente:

Lunes: gozosos
Martes: silenciosos
Miércoles: luminosos
Jueves y Viernes: Dolorosos
Sábado y Domingo: gloriosos

Te lo dejo para reflexionar.

Un abrazo,
Mauro

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El César no es Dios

Querid@ teólog@, esta es solo una pequeña nota …
Lucas 20:22
¿Es lícito pagar el tributo al César?
Enséñenme una moneda; ¿de quién es esta imagen?
“es del César”
“Denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”
 
1) El César no es Dios, pero tiene un lugar en la sociedad: el de hacer posible la convivencia humana y promover la fraternidad, cosas queridas por Dios. Entre el César y Dios hay distinción no división.  El César está en función de Dios, la política está en función de los valores más altos, los de la conciencia y de una religión de amor; el dinero también está en función de Dios.

2) La autoridad viene de Dios. No necesariamente esta autoridad concreta, ni la del Papa, ya que esta autoridad concreta la eligen los seres humanos. Pero, una vez elegida, sí hay que respetarla y prestarle la obediencia, porque somos sociables y la autoridad es necesaria para salvaguardar el orden y buscar la voluntad de Dios.

3) Es abominable el que los candidatos usen tan descaradamente el nombre de Dios (Dios primero; Dios nos quiere porque hoy no llovió…) cuando se sabe, empezando por las sumas exageradas de dinero para propaganda, que cuidarán solo de los intereses egoístas.

Un abrazo

Mauro

 

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ASCENSION – El nudo pascual

Querid@ teólog@, la ascensión significa que Jesús asciende hacia lo alto. Esto significa ascender, subir hacia lo alto. En mi pueblo natal había la tradición de que grupos de amigos o familias en este día subían a alguna montaña o colina para festejar la Ascensión con una merienda.

Con este acontecimiento se termina el ciclo de las apariciones de Jesús a los Apóstoles. Estos ya tenían plena seguridud que Cristo había resucitado y estaba vivo en medio de ellos, aunque de forma invisible o en otra dimensión, como se dice.

La ascensión de Jesús es el cumplimiento de la victoria absoluta del Señor sobre todos los males que se dan en la tierra y garantía de que notros también podremos ascender allá donde está nuestra cabeza, nuestro Señor victorioso.

La ascensión de Jesús significa también que ahora la tarea de anunciar el evangelio es nuestra. En efecto, la I lectura de los Hechos de los apóstoles termina así Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron a los apóstoles: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse. Y en la última página del evangelio de San Mateo que acabamos de oír dice así Les dijo Jesús a sus apóstoles: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.

 ¡Vaya! ¿Qué dicen ustedes, por dónde empezamos la tarea?

Si me permiten, yo voy a empezar mi tarea haciendo una especie de resumen de estos 42 días después de Pascua; resumen sobre un tema que ha estado repitiéndose una y otra vez. Ya he tocado otra vez el tema pero aquí lo voy a hacer de manera más completa y, espero, de manera más fácil de comprender; es que se trata de un tema de muchísima importancia. Se trata de saber quién quiso que Jesús muriera, si los fariseos o Dios Padre.

En la Misa de todos estos días después de Pascua, la primera lectura nos ha venido contando quiénes mataron a Jesús. Pero ¡he quedado confundido! ¿Saben  por qué? Porque en todas las citas se dice con claridad que fueron los fariseos a quiénes hay que achacar la muerte de Jesús. ¡Y en esto estoy claro y convencido! Sin embargo, en alguna cita se dice también otra cosa, se dice que, con la muerte de Jesús, Dios Padre cumplió su plan de salvación; insinuando que fue Dios Padre quien quiso la muerte de Jesús. Entonces, sí, quedo confundido! Y me vuelvo a preguntar: ¿Quiénes fueron los autores, intelectuales y materiales, de la muerte de Jesús: los fariseos o Dios Padre? Tantas preguntas, ¿verdad? No se preocupen, porque al final, sí, vamos a proponer una respuesta clara. Tengan paciencia.

Ahora, para meternos bien adentro del tema, vamos a leer las 6 citas de los Hechos de los apóstoles que se refieren a este tema y que hemos venido oyendo en las primeras lecturas  de estos días después de Pascua. (Pero, antes, vamos a una breve pausa). Tal vez, ustedes que están escuchando, durante la pausa pueden buscar una hoja y un lapicero para anotar las citas que yo iré leyendo, después de la breve pausa.

1) Hechos 3,13-15: “Es Dios el que acaba de glorificar a su siervo Jesús. Ustedes (los fariseos) lo entregaron y renegaron de él. Ustedes pidieron la libertad de un asesino y rechazaron al Santo y al justo; mataron al Señor de la vida, pero Dios lo resucitó”.

2) Hechos 2,36-37: “Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron…Los oyentes se afligieron y dijeron a Pedro y a los Apóstoles ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó: arrepiéntanse y háganse bautizar en el nombre de Jesús para que sus pecados sean perdonados”.

3) Hechos 4,10: “Este hombre (el paralítico que Pedro y Juan habían sanado a la entrada del templo) ha sido sanado por el nombre de Jesucristo, a quien ustedes crucificaron, pero a quien Dios ha resucitado de entre los muertos”.

 Estas citas dicen con toda claridad que las dos intervenciones en la muerte de Jesús, la de los fariseos y la de Dios, son diametralmente opuesta: los primeros para quitar la vida de Jesús; Dios, para darle vida plena.

Sin embargo, hay 3 citas más que sí, a la primera parte de la oración, añaden que Dios tenía su plan en esa muerte. Veamos.

 1) Hechos 3,17: “Yo sé que ustedes obraron por ignorancia, al igual que sus jefes, y Dios cumplió de esta manera lo que había dicho de antemano por boca de todos los profetas: que su Mesías tendría que padecer”.

2) Hechos 2,23: “Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”.

3) Hechos 4,27: “En esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste. Así ellos consiguieron lo que tú habías decidido de antemano que se llevara a efecto”.

 Después de haber leído las últimas 3 citas, debemos preguntarnos una vez más: ¿Quiénes quisieron la muerte de Jesús, los fariseos o fue voluntad del Padre?  Ustedes saben que la respuesta que se ha dado siempre y que circula hasta hoy, es que la muerte de Jesús fue voluntad del Padre; para redimirnos, se dice, es decir, para pagar por nosotros a Dios Padre la deuda que teníamos que pagar nosotros por nuestros pecados. La oración del Miércoles Santo dice así: “oh Dios, que para salvarnos, quisiste que tu Hijo sufriera el suplicio de la cruz, concédenos la gracia de la resurrección“. Esta respuesta deja la boca amarga y no satisface más el sentir de muchos buenos cristianos. Y es posible sustituirla con otra respuesta. De hecho, es posible otra respuesta. Respuesta que no va en contra de la fe; es tan sólo otra explicación (otra teología) de la gran verdad que Cristo nos ha salvado de nuestros pecados. Y es posible otra explicación de esas frases que involucran la voluntad del Padre en la muerte de Jesús.

Veamos cuál es esta otra respuesta. Es la siguiente: la muerte de Jesús la quisieron exclusivamente los fariseos; sin más. Dios Padre, lejos de querer la muerte de su Hijo querido, lloraba, por decirlo así, junto a María, porque se estaba cometiendo el delito más monstruoso de la humanidad! Se estaba matando al más inocente de los hombres; al hombre más justo, que incluso, moría por amor a Dios Padre y a los seres humanos. Por eso Dios lo resucitó. Entonces, la respuesta a la famosa pregunta de si fueron los fariseos o Dios Padre a querer la muerte de Jesús queda clara; fueron los fariseos solos. San Pedro lo dice  de forma contundente en Hechos 4, 10. Dice así a los fariseos:”Ustedes lo mataron pero Dios lo resucitó”. Hay que separar completamente la acción de Dios Padre de la acción de los fariseos; la acción de Dios es opuesta a la de los fariseos; la acción de los fariseos es de muerte, en cambio, la acción de Dios Padre es de vida plena. Así es siempre la acción de Dios Padre, también para nosotros. Ciertamente, este de la muerte de Jesús en la cruz es un tema central en el cristianismo,

2- Relacionado con éste, hay otro tema que vamos a tocar aquí, para que al final tengamos una visión completa del asunto.

¿Cómo se reconcilian las dos cosas tan opuestas? Por un lado, la muerte de Jesús la causaron los fariseos y, por otro lado, Dios,en ocasión de esa muerte cumplió su plan de amor? La respuesta es:  SE ARMONIZAN CON EL CONCEPTO CRISTIANO DE LA DIVINA PROVIDENCIA.

 La idea cristiana dela Divina Providencia explica cómo la muerte de Jesús puede ser aprovechada por Dios a favor de nuestra salvación. San Pablo ha sintetizado este misterio admirable de la sabiduría de Dios de la siguiente manera: “Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman” (Rom.6, 28). Ese disponer todas las cosas (aun las negativas, que son siempre causadas por los seres humanos) para bien de los que buscan el bien es lo que los cristianos llamamos Divina Providencia. Las cosas malas y dolorosas no las produce Dios. Sin embargo su amor y su sabiduría son tan grandes y son capaces de coordinar todo lo que ocurre para que resulte en bien de los que lo buscan, sea con la oración sincera y coherente sea con la voluntad de hacer el bien. Entonces entendemos lo que dijo San Pedro en Hechos 2,23, donde dice así:”Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz; pero  con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”.Piensen ustedes en una familia. La madre es una pequeña providencia; realiza su plan de amor por los hijos aun en ocasión de alguna travesura que hacen los mismos hijos; si se cae el hijo por travieso, la madre lo levanta, lo abraza y le hace ver qué peligroso es no hacer caso a la mamá, de esta manera el niño aprende y se salva . Aprovecha esa caída del hijo para realizar su plan de amor con el mismo hijo. La travesura es del hijos pero el aprovechamiento para el bien del hijo es de la madre. Esto hace Dios con nosotros. Esto hizo Dios Padre con la muerte de Jesús causada por la trágica “travesura” de los fariseos! Así, Dios Padre aprovecha el terrible delito de los fariseos para obrar nuestra salvación en el amor de Cristo. Los fariseos solos matan a Jesús, pero Dios Padre, con su divina providencia aprovecha ese delito para salvarnos. De paso, hacemos una consideración bella y práctica: cuando nosotros quedamos fieles en el amor con la paciencia y el ofrecimiento humilde a Dios, entonces, nos hacemos colaboradores de la Divina Providencia, porque estaremos  colaborando conscientemente en su plan de amor por nosotros y por otras personas.

Este tema de la Divina Providencia es tratado en los nn.306-314 del Catecismo de la Iglesia Católica. Probablemente tienen este libro rojo.

Y con el n.312 de este Catecismo, concluimos toda esta bonita cuestión. Dice así: “Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás (que es la crucifixión de Jesús) causada por los pecados de la humanidad, Dios, por la superabundancia de su gracia (Cfr. Rom. 5,20), sacó el mayor de los bienes, que es la glorificación de Cristo y nuestra redención”.

3- Hay otra expresión, muy común por cierto, que nos puede confundir. Es la siguiente: “HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD”. Preguntémonos: ¿Cuál es la Voluntad de Dios respecto del sufrimientoel de Jesús yel nuestro?.¿Qué significa HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD? Ustedes recuerdan lo que dijo Jesús en el huerto del Getsemaní, la noche en que lo apresaron; está en el evangelio de San Mateo, capítulo 26,42.Dice así:”Jesús se alejó un poco de los apóstoles y oraba así:”Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que  yo la beba QUE SE HAGA TU VOLUNTAD!” También esta expresión, hasta ahora, se ha interpretado en el sentido que la voluntad de Dios Padre era precisamente que Jesús muriera en la cruz, porque ésta sería la voluntad del Padre. Sin embargo, como en el primer tema, es posible otra explicación, que no niega nada de la enseñanza cristiana. Es la siguiente: DIOS ES AMOR Y SU VOLUNTAD PUEDE QUERER SOLO UNA COSA, EL QUE NOSOTROS SEAMOS FIELES EN EL AMOR, EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA. Eso era lo que Dios Padre pedía a Jesús, que quedara fiel en el amor aun a costa de ser apresado, torturado y crucificado. Y Jesús permaneció fiel en el amor; hizo la voluntad del Padre. Jesús, en el jordán, al ser bautizado por Juan el Bautista, y, después, en el desierto, tomó el compromiso de anunciar y promover el Reino de Dios, reino de amor, justicia, paz, verdad y vida; todas cosas que dan vida a la gente en general y a los pobres en particular. Sin embargo, en la medida que la predicación del Reino alegraba a los pobres, al mismo tiempo aumentaba la rabia y la persecución de los poderosos, los fariseos, los ricos, los soldados romanos. Nosotros, en Centroamérica, tenemos la experiencia de cómo y por qué mataron a Mons. Gerardi y a Mons. Romero, por impulsar el Reino de Dios a favor de los pobres, lo sabemos de sobra. Lo mismo hicieron con Jesús. De manera que, Jesús, en el Getsemaní se encontró en una encrucijada: retirarse de la predicación del Reino y volverse a la tranquilidad de Nazareth, con su madre María y sus buenos paisanos, o bien, seguir adelante en la predicación del Reino, caminando así  hacia una muerte cruel. Esta muerte dolorosa era el cáliz amargo que Jesús en el huerto del Getsemaní, era humano, quería apartar. Pero, si se retiraba, la humanidad seguiría ignorando cuál es el camino de la perseverancia en el amor, y este mundo nunca habría mejorado y nunca habría aprendido el camino de la vida plena, nunca se habría salvado. Ante esta encrucijada, Jesús quedó fiel en el amor, fiel a Dios predicando su Reino hasta el final, y fiel en el amor a nosotros porque así conoceríamos el camino de la vida y nos salvaríamos. Fue cuando dijo:”Padre, voy a quedar fiel en el amor a Ti y a mis pobres hermanos. Hágase Padre, tu voluntad! Entonces, Dios Padre lo resucitó de ese infierno de la muerte adonde lo habían arrojado nuestros pecados. Todos los días experimentamos que sólo el amor salva, sólo la fidelidad en el amor salva. Esta fidelidad, Dios Padre, la pide al Papa como a las personas más humildes, a la mamá cuando tiene la tentación de abortar, y al papá cuando tiene la tentación de divorciarse. A cada uno de nosotros Dios Padre nos pide sólo una cosa: la de ser fieles en el amor. Gracias, Señor, por quedar fiel en el amor hasta el extremo, para así enseñarnos a hacer siempre la voluntad del Padre, que es, siempre voluntad de amor. Nos lo haces decir a menudo, en la oración del Padre Nuestro, que es modelo de toda oración.

 Hemos tocado temas de gran importancia teológica y moral, y hemos dado una nueva interpretación respecto de la interpretación tradicional, sin poner en duda el dato revelado. Estas nuevas interpretaciones proyectan una gran luz sobre el tema muy práctico y pastoral de nuestros sufrimientos.  

4-¿De dónde vienen nuestros sufrimientos? Se nos ha dicho que vienen de Dios. No, no puede ser! Ninguna madre causaría un sufrimiento para su hijo, mucho menos Dios quien es padre y madre de cada uno de nosotros. Hay que declarar en voz alta  que todo lo que hace sufrir es causado por seres humanos, con nombre y apellido. Lo dice el Beato Juan Pablo II, en el Mensaje del I de enero de 2005.

A veces es nuestro nombre, a veces puede ser el nombre de nuestros familiares, de nuestros antepasados o de nuestras autoridades; a veces es fácil descubrirlo, otras veces se hace todavía difícil, incluso para la ciencia (actualmente). En cambio, todo lo bueno viene de Dios, directa o indirectamente.

Así que les sugiero no decir más  palabras como éstas: “paciencia, hay que hacer la voluntad de Dios (esto lo decimos cuando estamos delante de un a madre que llora a su niñito que murió de rotavirus), dando a entender que fue Dios quien causó esa muerte o esa enfermedad. Tampoco digamos que “Le había llegado su hora” (esto lo decimos ante cualquier muerte); tampoco digamos que “no se mueve hoja sin la voluntad de Dios”, porque hoy hay muchas hojas que se botan contra la voluntad de Dios, contra la ecología. Los sufrimientos y la muerte lejos de quererlos Dios, ocurren contra Su voluntad. Es que la muerte en el mundo entró por el pecado (Cfr. Rom. 5,12), y cuidado, no como castigo sino como consecuencia lógica de nuestras decisiones ilógicas. Por ejemplo, si uno se emborracha y se pone a manejar y se estrella contra el muro; esto ocurrió no por un castigo de Dios sino como consecuencia lógica de decisión ilógica de manejar borracho. Tampoco la muerte viene de Dios porque es su enemiga (Cfr. I Cor.15, 26).

Tantas otras cosas habría que decir sobre este tema; sin embargo hay que ir hacia el resumen. Recordemos. Las respuestas que hemos dado hasta ahora son las siguientes: 1. fueron los fariseos solos quienes mataron a Jesús. 2- Sin embargo, estamos claros que en ocasión de ese delito monstruoso Dios cumplió el plan de amor que siempre había querido en favor de la humanidad, salvarla definitivamente del extravío del pecado.  3- Estamos claros también que cuando Jesús dijo:”Hágase Padre tu voluntad”, sea en el Getsemaní sea en la oración del Padre Nuestro, entendía decir que, aun ante  la muerte, hay que quedar  fieles en el amor. Y 4- Nuestro sufrimiento, como los de Jesús, tienen siempre firma de seres humanos, con nombre y apellido, nunca vienen de Dios.

La muerte de Jesucristo toma otro giro: ya no es un castigo para expiar (Cfr. CELAM y J. P. II 1999) sino la suprema expresión de amor de parte del “arquetipo” de la humanidad; y nosotros escogemos estar en-por-para El cuando

QUEDAMOS FIELES EN EL AMOR.

Un fuerte abrazo,

Mauro

 


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Algunos Testimonios de la Nueva Teología

Querid@ teólog@ en la Sagrada Escritura hay un hecho indiscutible: el punto terminal, es decir el fin del plan de salvación, en concreto, es la vida eterna con Cristo. Ahora, el fin determina el existir y el obrar de todas las demás causas intermedias. La teología de San Juan y de San Pablo es plenamente cristocéntrica. Las citas más explícitas: EF. 1, 3-10; COL.1, 15-20).

En 1600, cierto teólogo, llamado Thomassin, dijo que las afirmaciones de Duns Escoto eran sustancialmente blasfemas, y se encargó, con la complacencia de muchos, de hacer circular esta opinión entre los eclesiásticos, hasta nuestros días; sin embargo, en los últimos 50 años, mucho ha empezado a cambiar. Hay que enfatizar que, a pesar de todo, la teología escotista ha sido considerada siempre legítima en la Iglesia, a lo largo de todos los siglos.

Ya Pablo VI había exhortado a un grupo de seminaristas estudiantes de teología que estudiaran la teología de Duns Escoto. Y fue buen profeta, porque unos años después, el 20 de marzo del 1993, el Papa Juan Pablo II reconoció el culto que se le ha dado por el pueblo cristiano por todos los 700 años que nos separan de su muerte (1308); lo beatificó, llamándolo cantor del Verbo Encarnado y defensor dela Inmaculada Concepción.

En 2002, a la comisión escotista ( que fue a llevarle el VIII volumen de la edición crítica de Duns Escoto), dijo: “Duns Escoto, con su esplendida doctrina sobre el Primado de Cristo, sobre la Inmaculada Concepción…sigue siendo aun hoy un pilar de la teología católica, un maestro original y rico en impulsos y estímulos para un conocimiento cada vez más completo de las verdades de la fe”.De este rico depósito teológico, pueden sacarse respuestas adecuadas también a las dramáticas interrogantes de la humanidad en este inicio del III milenio cristiano” (2001). BENEDICTO XVI, el 7 de julio de este año 2010, dedicó la audiencia general del miércoles (es como decir: ante todo el mundo) a Duns Escoto, y entre tantas cosas, dijo: “Duns Escoto meditó sobre el misterio de la encarnación y, a diferencia de muchos pensadores cristianos del tiempo, sostuvo que el Hijo de Dios se habría hecho hombre aunque la humanidad no hubiese pecado”. “Afirma en la REPORTATA PARISIENSIA (prosigue el Papa): “pensar que Dios habría renunciado a esa obra si Adán no hubiera pecado sería completamente irrazonable. Por tanto, digo que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo, y que –aunque nadie hubiese caído, ni el ángel ni el hombre- en esta hipótesis Cristo habría estado de todos modos predestinado de la misma manera” (en III SENT., d. 7,4).Este pensamiento (prosigue el Papa; es una cita larga pero vale la pena reproducirla)  quizá algo sorprendente, nace porque para Duns Escoto la encarnación del Hijo de Dios, proyectada desde la eternidad por Dios Padre en su designio de amor, es el cumplimiento de la creación, y hace posible a toda criatura, en Cristo y por medio de Él, ser colmada de gracia, y alabar y dar gloria a Dios en la eternidad. Duns Escoto, aun consciente de que en realidad, a causa del pecado original, Cristo nos redimió con su pasión, muerte y resurrección, confirma que la encarnación es la obra mayor y más bella de toda la historia de la salvación, y que no está condicionada por ningún hecho contingente, sino que es la idea original de Dios de unir finalmente toda la creación consigo mismo en la persona y en la carne del Hijo”. Concluye el Papa: “Queridos hermanos y hermanas, esta visión teológica, fuertemente cristocéntrica, nos abre  a la contemplación, al estupor y a la gratitud, pues, Cristo es el centro de la historia y del cosmos, es quien da sentido, dignidad y valor a nuestra vida”.

El cardenal Martini, obispo emérito de Milán y “papable”, en 1994 escribió un libro sobre la pasión. Allí se pregunta: “¿por qué se derramó esta sangre? la muerte y la pasión del Hijo de Dios ¿eran realmente necesarias tras la encarnación? Sobre este punto los teólogos están divididos. La pasión ¿no está quizá, como decían los escotistas, subordinadas al fin principal, la encarnación, que es la glorificación del Padre a través del Hijo Jesús? Si rechazamos esta teoría y ponemos en cambio la pasión y la muerte en el centro, como término de la obra de Dios, deriva otro problema: el pecado sería una contribución necesaria a la obra de Dios, porque no hay muerte de Jesús sin pecado”.

Es una teología posible

Hay que caer en la cuenta que la teología es una manera de explicar la Sagrada Escritura y los misterios de la fe y puede cambiar, porque el Espíritu Santo hace “nuevas las cosas” y también la teología.

El 2 de marzo de 2007, el Papa decía al clero de Roma:”La teología ha sido siempre múltiple. Pensemos en los Padres, en el medioevo, la escuela franciscana, la escuela dominicana, etc. Como hemos dicho, la palabra de Dios es siempre más grande que nosotros; por eso no podemos agotar jamás el alcance de esta Palabra, y se necesitan enfoques diversos, diversos tipos de reflexión…el teólogo trate de encontrar pistas que respondan a las exigencias y a los desafíos de nuestro tiempo; y, por otra parte, que sea siempre consciente de que todo esto se basa en la fe dela Iglesia”.

Personalmente, creo que la teología de Duns Escoto responde mejor a las exigencias teológicas y espirituales de nuestro mundo globalizado, abierto más allá de todas las fronteras.