Querid@ Teólog@:
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El Perdon de Asis
El pecado es todo cosa nuestra; nosotros tomamos la decisión. La condición del ser humano es la siguiente: el deseo nos arrastra y seduce; el deseo desordenado no dominado engendra el pecado; el cual, al final, engendra la muerte (Cfr. St. 1, 12-18). Leer la parábola del Padre amoroso (ex Hijo pròdigo). Lc. 15, 11-17
El hijo està feliz; en adelante ni se le ocurrirà pensar dejar la casa del padre. Querrà mantener su vida completamente ordenada segùn los consejos de amor del padre, que son los Mandamientos.
Eso sì, como ser libre que es, tiene que hacer un trabajo existencial, un trabajo consigo mismo. Tendrà que hacer 2 cosas: expresar su libertad de querer cambiar y, la segunda cosa, ir re-ordenando su persona en todos aquellos hábitos que lo llevaron a dejar la casa del padre; para no correr el riesgo de volverse a des-ordenar, a dejar la Casa del padre y…a morirse de hambre.
El hijo derrochador de la parábola empezó este proceso cuando dijo “me levantarè..” y lo continuò quedando con fidelidad en la casa del padre.
EL PERDON DE ASIS ENTRA EN ESTA DINAMICA DE PENITENCIA. Es una ayuda muy grande y significativa para aquellos que anhelan re-ordenar su vida y son capaces de someterse a grandes sacrificios; como por ejemplo, emprender largos viajes dolorosos y peligrosos, como son los peregrinajes a tierras lejanas.
- Confesarse, para estar en gracia de Dios (dentro de los 8 dìas precedentes o siguientes al dìa de la visita).
- Visitar una iglesia franciscana o una iglesia parroquial, y recitar las siguientes oraciones:
- El PADRE NUESTRO
- El CREDO
- PADRE, AVE, GLORIA por el Papa
- En el mismo dìa de la visita, participar en la Misa (en cualquier iglesia) y comulgar sacramentalmente.
EL PECADO COMO DES-ORDEN
Querid@ teólog@, el pecado es des-orden y éste causa muerte; pero Jesús, con su resurrección le gana la batalla al desorden y a su consecuencia la muerte; RE-ORDENA LA HUMANIDAD Y EL COSMOS.
Las 3 lecturas de este décimo cuarto domingo del tiempo ordinario están atravesadas por una gran enseñanza; he aquí la enseñanza: la soberbia de los poderosos causa el desorden (“vivir según la carne…”. Cfr. Rom. 8, 9) en el mundo y la muerte. En cambio, la mansedumbre de los humildes, con la persona de Jesús al frente, re-ordena (“vivir según el Espíritu…”) y salva el mundo. Vuelvo a repetir la gran enseñanza de las 3 lecturas de este domingo. Detengámonos un poco más sobre esto. Las soberbia, el egoísmo, o sea, el pecado causan el desorden de la creación y la muerte, porque pecando, uno se aleja de Dios que es vida y felicidad. Nosotros acostumbramos pensar y decir que las enfermedades y la muerte vienen de Dios. En realidad, estamos muy equivocados. Porque Dios es Dios de vida y de amor, que no de muerte (Cfr. Sabidurìa, cap. I). El que te ama no te aporrea. Dios es un padre todo amoroso y ni siquiera puede pensar de mandar una enfermedad y la muerte a sus hijos. Recuerden la parábola del hijo pródigo. Entonces, ¿Por qué cuando visitamos a un enfermo, le decimos: “Es voluntad de Dios…le mandó una prueba, y cosas así? Preguntémonos:
- ¿Quién causó los 320.000 muertos del terremoto de Haití? Sólo el delirio de algún desequilibrado mental pudo decir que fue castigo de Dios…y ha habido lamentablemente desequilibrados mentales…hasta gente de Iglesia, que han dicho esta blasfemia!
- ¿Quién determinó la muerte de las 7 personas muertas por la bomba dejada en el bus, la semana pasada, en Guatemala? Acaso Dios?
- ¿Quién quiso que fueran degollados los 22 campesinos en la finca Los Cocos, en el Petén, el mes pasado? Acaso Dios?
- ¿Es voluntad de Dios que mueran en el mundo 30.000 niños por hambre, diariamente? Acaso Dios? Acaso somos desequilibrados mentales? Hay que buscar los verdaderos causantes, porque estas cosas son causadas por seres humanos con nombre y apellido…y en alguna lista podría estar también nuestro nombre y apellido. Decir que es Dios el causante de todas estas desgracias es evadir nuestra responsabilidad humana; es que no queremos investigar; es que no queremos afrontar la lucha por la justicia; es que no queremos descubrir nuestras culpas!
Entonces, ¿Qué dicen? Las desgracias y la muerte ¿vienen de Dios o de otra fuente? Espero que sepan contestar bien, esta vez! Para dar más fuerza a lo que estoy diciendo, me voy a apoyar en algunos pasajes de la Sagrada Escritura y en algunos textos del Magisterio.
- De Dios sólo viene lo bueno, la vida y la felicidad, la enfermedad y la muerte son consecuencia del pecado (Benedicto XVI a los enfermos que iban a Lourdes, el 11 de febrero de 2009).
- Todo lo malo, lo que hace sufrir y produce muerte es causado por el uso desordenado de la libertad humana, y las cosas, una vez desordenadas, ya no funcionan, no producen vida (“por el pecado entró la muerte en el mundo”, de forma directa, de causa y efecto, de lógica natural, no por intervención de Dios que mandarìa la muerte por el pecado. Cfr. Rom. 5,12).
- El lenguaje que solemos usar los cristianos ante las desgracias y la muerte es piadoso pero perpetúa una “imagen de Dios que tanto daño nos ha hecho y tanto daño sigue haciendo: la imagen de un Dios justiciero, vengador, antojadizo, arbitrario” (CELAM, 1999). “El infierno no es castigo de Dios sino la última consecuencia de la decisión humana” (Juan Pablo II, 28. 7. 1999).
Decimos:”Dios nos lo quitó, bendito sea el nombre de Dios!”; “es que le había llegado su hora!”; “hay que aceptar la voluntad de Dios!”; “Dios sabe lo que hace; lo necesitaba junto a él”. Son expresiones piadosas pero no corresponden a la verdad y entonces se vuelven extraviantes.
Entonces, las enfermedades y la muerte no vienen de la creación de Dios ni de El sino vienen del desorden que los humanos ponemos en la creación. Así lo dice el Papa Benedicto XVI.
Un ejemplo es el cambio climático. Talamos los árboles demasiado y no hay lluvia; consumimos cosas inútiles y tiramos millones de toneladas de deshechos en el mar, en los lagos y los peces se mueren; y se mueren también los pobres pescadores porque no tienen qué pescar y qué comer. Queremos usar gases que destruyen la capa de ozono… que es como un sombrero que nos resguarda de los rayos peligrosos del sol que queman y causan el cáncer de la piel, y entonces, se deshacen los glaciales y los mares crecen y ahogan los que están cerca del mar, y así vamos teniendo problemas graves, enfermedades y muerte (Cfr. Rom. 8,1-30)..
Es que cuando se desordenan las cosas, éstas no funcionan y en lugar de vida producen muerte…accidentes de tránsito; el pecado es desorden. Si en la casa hay vicios, gritos, violencia, traiciones, injusticias con los hijos…se vuelve un infierno. Ese infierno no lo creó Dios sino nosotros, algún miembro de la familia, de la sociedad. La situación que estamos viviendo en Guatemala,,, con tantos delitos, con las instituciones que no funcionan. Consecuencias de los pecados o sea de los desordenes que la soberbia, la codicia y el egoísmo de tantas personas, desde la conquista hasta las masacres que se han cometido los últimos 40 años. La desigualdad…la extrema pobreza, la desnutrición, la falta de medicinas, de escolarización…
Dios, lejos de mandar estas cosas, llora por tantos sufrimientos y muerte de sus hijos e hijas…Preguntan algunos, ¿Por qué no lo evita?
¡Porque respeta la libertad! No los quiere, ni los permite sino los tolera! ¿Por qué no destruye a estos malvados?..y ¿Nosotros? Se dice que “No se mueve hoja sin la voluntad de Dios”. Pues está equivocado el dicho. Lo que hay que decir es que no se mueve hoja que Dios no sepa; eso sí; pero todo lo malo se mueve y se hace contra la voluntad de Dios. Las hojas de los árboles del Petén se mueven y caen al suelo no porque Dios lo quiera sino porque los que quieren llenarse de dinero lo quieren.
¿Què hacer? 5 cosas.
- Aclarar, combatiendo ciertas ideas que tanto daño nos han hecho y nos siguen haciendo.
- Desordenemos lo menos posible, pecando lo menos posible, ¡Ojalá NUNCA! Purificándonos con una buena confesión y con una vida en gracia de Dios.
- Produciendo mucho amor, mucho orden, hacia aquellos que más sufren por el desorden…así colaboramos con Cristo el RE-ORDENADOR.
- Si son delitos perseguibles, investigar y animar a investigar para exigir justicia (que es el primer paso del amor); y, después de haber encontrado el culpable o los culpables; haberlos llevados a juicio y encarcelados, entonces:
- PERDONAR …y ¡Y que todos nos encontremos en el Paraíso, aun este pobre desgraciado!
Chao. Mauro
LA MISERICORDIA DIVINA
La misericordia, en la Sagrada Escritura, es una potencia especial del amor que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido. Sus frutos son: el perdón, la restauración de la alianza, la remisión de la culpa-deuda, gratis.
1) Distinguir entre justicia humana y justicia divina.
2) La primera es un acto básico de amor pero tiende a ser simétrica, estrecha, igualitaria entre la ofensa y la reparación (éste fue el punto de partida equivocado del CUR DEUS HOMO de San Anselmo); a menudo incluso, en las personas menos cultivadas, se la confunde con la venganza.
3) La justicia divina, en cambio, es MISERICORDIA (miseri-cor-dare = dar el corazón al miserable), la cual conlleva: comprensión, ternura y perdón hacia el débil ser humano, considerado en su esencia de ser imagen de Cristo, el HIJO PREDILECTO.
4) En el A.T., la misericordia de Yavé es descrita con dos palabras: rahamim (= amor de entrañas, de madre) y hesed (=fiel a sí mismo, amor de padre). (Is.49, 15; Jer. 31,3; Is. 54,10).
5) En la parábola del Padre misericordioso (mal llamada: del hijo pródigo), el hijo menor regresa pensando en la justicia humana (simétrica, igualitaria, tanto cuanto…), en cambio, el Padre actúa con la justicia divina, o sea: con misericordia, compasión, ternura y gratuidad (como una madre).
6) Así actúa Dios con nosotros: perdona nuestras “deudas”, pecados, gratis. Cristo, imagen visible del Dios invisible, perdona a sus asesinos y se lleva al paraíso, el mismo día, al ladrón y asesino, que acaba de mostrar apenas un signo de honestidad.
NOTAS: – Cfr. La encíclica de J.P.II “Dives in misericordia”.
– La salvación es producida por la misericordia no por la justicia al estilo humano.
Nuestras obras buenas son signo de la gracia no causa, consecuencia no fuente (mèrito).
– El evangelio de Lucas es el evangelio de la misericordia. Y ésta es el tema eje de la predicación de Jesús.
Un fuerte abrazo,
Mauro
Querid@ teólog@, es necesario tener conceptos nuevos, que ayuden a entender los textos de la pasión con ojos nuevos.
1) Primer concepto. “Dios mìo, Dios mìo, ¿Por què me has abandonado? Es èsta una expresión desesperada de Jesùs que se sentirìa abandonado por Dios? No. Jesùs estaba orando con el salmo 21. Jesùs, al proclamar el primer versículo, declara que se està realizando en èl lo que està escrito en ese salmo. Asì hacían los hebreos cuando querìan decir que se estaba realizando, recitaban el primer versículo.
El salmo 21 es la oración de un hombre justo y creyente que se encuentra en una situaciòn dramática, como si se sintiera acosado por los hombres y abandonado por Dios; es la situaciòn del perseguido que clama a Dios; el oprimido, en medio de su tribulación se queja pero sin dejar de tener plena confianza en que Dios lo liberarà.
2) Segundo concepto. “Para que se cumplieran las Escripturas”. ¿Por què los evangelistas se preocupan de decir una y otra vez esta frase? La respuesta es: para ser creìbles ante los hebreos. Se apoyan sobre las Escrituras, especialmente los salmos(los citan màs de 20 veces) por ser la oraciòn de la gente común. Los evangelistas no tenìan otra manera para convencer que Jesùs, muerto en la cruz, era el Mesìas esperado. Tenìan que recurrir a la autoridad de la Sagrada Escritura. En efecto, los hebreos manejaban el concepto de que el que morìa en la cruz era maldito por Dios (maldito el que pende de un madero); entonces ¿Còmo era posible que el Mesìas pendiera del madero de la cruz? Ademàs, estaba siendo condenado por las legìtimas autoridades religiosas de Israel; y el que tenía que ser el libertador del pueblo hebreo estaba siendo vencido por los enemigos del pueblo hebreo. El único medio que tenìan los evangelistas era decir que eso estaba escrito en las Escrituras. Pero ¿QUÈ ES LO QUE ESTABA ESCRITO? La Escritura prevé y describe aquello que suele pasar en la realidad; aquello que le ha pasado, pasa y pasarà al justo que CONFÌA en Yawè. Lo de las Escrituras no es una PLANEAION, SINO TAN SOLO UNA PREVISION.
Hay que darle vuelta a la interpretación: LAS COSAS PASARON ASÌ NO PORQUE LO DECÌAN LAS ESCRITURAS,sino: LAS ESCRITURAS LO DECÌAN PORQUE LAS COSAS PASARÌAN ASÌ”. Dios no planeò la muerte de Jesùs; sòlo querìa y velò que triunfara EL AMOR!
3) Tercer concepto. ¿A quièn achacamos la muerte de Jesùs? A los judíos ya los Romanos; como dice con toda claridad San Pedro en Hechos 4,10. Los responsables de toda injusticia tienen nombre y apellido humano. El Papa Juan Pablo II, en el Mensaje par la jornada mundial de la paz del año 2005 se preguntaba: ¿Què es el mal? Su respuesta fue: “El mal no es una fuerza anònma que opera en el mundo a través de mecanismos deterministas e impersonales, sino el rostro y nombre de hombres y mujeres que libremente lo acogen”. Detràs de todo sufrimiento y desgracia nunca està Dios sino seres humanos con nombre y apelido.
4) Cuarto concepto. “HAGASE PADRE, TU VOLUNTAD!”. No significaba que la voluntad del Padre era la de que Jesùs fuera crucificado, porque asì El lo había planeado, sino: “PADRE, QUEDARÈ FIEL EN EL AMOR, PORQUE ÈSTA ES TU VOLUNTAD PARA TODOS Y PARA SIEMPRE, PORQUE TÙ ERES AMOR Y NO PUEDES PEDIR OTRA COSA. Sin embargo, Tù, Padre, CREADOR DE LA VIDA, LLORAS CUANDO PARA QUEDAR FIEL EN ELAMOR UNA HIJO TUYO VIENE MATADO”!
Un fuerte abrazo,
Mauro
Misterios Silenciosos
Querid@ teólog@,
1. Contemplamos los 18 años de silencio de Jesús. Desde la incursión en el templo de Jerusalén, con tantas preguntas a los Doctores de la ley (Cfr.Lc.2, 41-52), hasta la lectura y el comentario del libro de Isaías en la sinagoga de Nazaret (Cfr.Lc.4, 16-21). 18 años de abundante siembra humano-divina.
2. Contemplamos las manos encallecidas de Jesús. Trabajando en el taller de José para ajustar “el pan de cada día” (Cfr. Mt.13, 55 y 6,11).
3. Contemplamos las angustias de Jesús. Por la muerte de José; por los vecinos que sufrían la pobreza y el clima de violencia que había en Nazaret. Angustias por la prepotencia de los soldados romanos y de los que acaparraban la tierra de los pobres, sin respetar “el año de gracia” (Cfr.Lc.4, 19).
4. Contemplamos a Jesús discerniendo su vocación. Meditando y poniendo en práctica la Palabra divina y el ejemplo de los santos Patriarcas y Profetas; orando mucho para conocer y hacer la Voluntad del Padre, que es permanecer fiel en el amor (Cfr. Mt.6, 10 y 26, 39).
5. Contemplamos los frutos de estos 18 años de silencio. Años que produjeron frutos de vida en plenitud, para Jesús (Cfr.Lc.2, 52) y para nosotros; concibiendo el proyecto titánico de instaurar el Reino de Dios sobre la tierra ¡hasta las últimas consecuencias!
Estos 5 misterios cubren un vacío del Rosario. Invitan a meditar sobre la “vida oculta” de Jesús, a la luz del contexto histórico y de los 3 años de su vida pública. También, ponen de relieve la humanidad de Jesús, nutriendo la espiritualidad integral de un Jesús no sólo divino. Finalmente, estos misterios invitan a los jóvenes a valorizar su vida en perspectiva de futuro; y a todos nos invitan a santificar el trajín de cada día.
Guardando una cierta lógica histórica, para recitar en la semana todos los misterios del Rosario, el orden podría ser el siguiente:
Lunes: gozosos
Martes: silenciosos
Miércoles: luminosos
Jueves y Viernes: Dolorosos
Sábado y Domingo: gloriosos
Te lo dejo para reflexionar.
Un abrazo,
Mauro
El César no es Dios
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Lucas 20:22
¿Es lícito pagar el tributo al César?
Enséñenme una moneda; ¿de quién es esta imagen?
“es del César”
“Denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”
1) El César no es Dios, pero tiene un lugar en la sociedad: el de hacer posible la convivencia humana y promover la fraternidad, cosas queridas por Dios. Entre el César y Dios hay distinción no división. El César está en función de Dios, la política está en función de los valores más altos, los de la conciencia y de una religión de amor; el dinero también está en función de Dios.
2) La autoridad viene de Dios. No necesariamente esta autoridad concreta, ni la del Papa, ya que esta autoridad concreta la eligen los seres humanos. Pero, una vez elegida, sí hay que respetarla y prestarle la obediencia, porque somos sociables y la autoridad es necesaria para salvaguardar el orden y buscar la voluntad de Dios. 3) Es abominable el que los candidatos usen tan descaradamente el nombre de Dios (Dios primero; Dios nos quiere porque hoy no llovió…) cuando se sabe, empezando por las sumas exageradas de dinero para propaganda, que cuidarán solo de los intereses egoístas. Un abrazo Mauro
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ASCENSION – El nudo pascual
Querid@ teólog@, la ascensión significa que Jesús asciende hacia lo alto. Esto significa ascender, subir hacia lo alto. En mi pueblo natal había la tradición de que grupos de amigos o familias en este día subían a alguna montaña o colina para festejar la Ascensión con una merienda.
Con este acontecimiento se termina el ciclo de las apariciones de Jesús a los Apóstoles. Estos ya tenían plena seguridud que Cristo había resucitado y estaba vivo en medio de ellos, aunque de forma invisible o en otra dimensión, como se dice.
La ascensión de Jesús es el cumplimiento de la victoria absoluta del Señor sobre todos los males que se dan en la tierra y garantía de que notros también podremos ascender allá donde está nuestra cabeza, nuestro Señor victorioso.
La ascensión de Jesús significa también que ahora la tarea de anunciar el evangelio es nuestra. En efecto, la I lectura de los Hechos de los apóstoles termina así Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron a los apóstoles: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse. Y en la última página del evangelio de San Mateo que acabamos de oír dice así Les dijo Jesús a sus apóstoles: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.
¡Vaya! ¿Qué dicen ustedes, por dónde empezamos la tarea?
Si me permiten, yo voy a empezar mi tarea haciendo una especie de resumen de estos 42 días después de Pascua; resumen sobre un tema que ha estado repitiéndose una y otra vez. Ya he tocado otra vez el tema pero aquí lo voy a hacer de manera más completa y, espero, de manera más fácil de comprender; es que se trata de un tema de muchísima importancia. Se trata de saber quién quiso que Jesús muriera, si los fariseos o Dios Padre.
En la Misa de todos estos días después de Pascua, la primera lectura nos ha venido contando quiénes mataron a Jesús. Pero ¡he quedado confundido! ¿Saben por qué? Porque en todas las citas se dice con claridad que fueron los fariseos a quiénes hay que achacar la muerte de Jesús. ¡Y en esto estoy claro y convencido! Sin embargo, en alguna cita se dice también otra cosa, se dice que, con la muerte de Jesús, Dios Padre cumplió su plan de salvación; insinuando que fue Dios Padre quien quiso la muerte de Jesús. Entonces, sí, quedo confundido! Y me vuelvo a preguntar: ¿Quiénes fueron los autores, intelectuales y materiales, de la muerte de Jesús: los fariseos o Dios Padre? Tantas preguntas, ¿verdad? No se preocupen, porque al final, sí, vamos a proponer una respuesta clara. Tengan paciencia.
Ahora, para meternos bien adentro del tema, vamos a leer las 6 citas de los Hechos de los apóstoles que se refieren a este tema y que hemos venido oyendo en las primeras lecturas de estos días después de Pascua. (Pero, antes, vamos a una breve pausa). Tal vez, ustedes que están escuchando, durante la pausa pueden buscar una hoja y un lapicero para anotar las citas que yo iré leyendo, después de la breve pausa.
1) Hechos 3,13-15: “Es Dios el que acaba de glorificar a su siervo Jesús. Ustedes (los fariseos) lo entregaron y renegaron de él. Ustedes pidieron la libertad de un asesino y rechazaron al Santo y al justo; mataron al Señor de la vida, pero Dios lo resucitó”.
2) Hechos 2,36-37: “Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron…Los oyentes se afligieron y dijeron a Pedro y a los Apóstoles ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó: arrepiéntanse y háganse bautizar en el nombre de Jesús para que sus pecados sean perdonados”.
3) Hechos 4,10: “Este hombre (el paralítico que Pedro y Juan habían sanado a la entrada del templo) ha sido sanado por el nombre de Jesucristo, a quien ustedes crucificaron, pero a quien Dios ha resucitado de entre los muertos”.
Estas citas dicen con toda claridad que las dos intervenciones en la muerte de Jesús, la de los fariseos y la de Dios, son diametralmente opuesta: los primeros para quitar la vida de Jesús; Dios, para darle vida plena.
Sin embargo, hay 3 citas más que sí, a la primera parte de la oración, añaden que Dios tenía su plan en esa muerte. Veamos.
1) Hechos 3,17: “Yo sé que ustedes obraron por ignorancia, al igual que sus jefes, y Dios cumplió de esta manera lo que había dicho de antemano por boca de todos los profetas: que su Mesías tendría que padecer”.
2) Hechos 2,23: “Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”.
3) Hechos 4,27: “En esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste. Así ellos consiguieron lo que tú habías decidido de antemano que se llevara a efecto”.
Después de haber leído las últimas 3 citas, debemos preguntarnos una vez más: ¿Quiénes quisieron la muerte de Jesús, los fariseos o fue voluntad del Padre? Ustedes saben que la respuesta que se ha dado siempre y que circula hasta hoy, es que la muerte de Jesús fue voluntad del Padre; para redimirnos, se dice, es decir, para pagar por nosotros a Dios Padre la deuda que teníamos que pagar nosotros por nuestros pecados. La oración del Miércoles Santo dice así: “oh Dios, que para salvarnos, quisiste que tu Hijo sufriera el suplicio de la cruz, concédenos la gracia de la resurrección“. Esta respuesta deja la boca amarga y no satisface más el sentir de muchos buenos cristianos. Y es posible sustituirla con otra respuesta. De hecho, es posible otra respuesta. Respuesta que no va en contra de la fe; es tan sólo otra explicación (otra teología) de la gran verdad que Cristo nos ha salvado de nuestros pecados. Y es posible otra explicación de esas frases que involucran la voluntad del Padre en la muerte de Jesús.
Veamos cuál es esta otra respuesta. Es la siguiente: la muerte de Jesús la quisieron exclusivamente los fariseos; sin más. Dios Padre, lejos de querer la muerte de su Hijo querido, lloraba, por decirlo así, junto a María, porque se estaba cometiendo el delito más monstruoso de la humanidad! Se estaba matando al más inocente de los hombres; al hombre más justo, que incluso, moría por amor a Dios Padre y a los seres humanos. Por eso Dios lo resucitó. Entonces, la respuesta a la famosa pregunta de si fueron los fariseos o Dios Padre a querer la muerte de Jesús queda clara; fueron los fariseos solos. San Pedro lo dice de forma contundente en Hechos 4, 10. Dice así a los fariseos:”Ustedes lo mataron pero Dios lo resucitó”. Hay que separar completamente la acción de Dios Padre de la acción de los fariseos; la acción de Dios es opuesta a la de los fariseos; la acción de los fariseos es de muerte, en cambio, la acción de Dios Padre es de vida plena. Así es siempre la acción de Dios Padre, también para nosotros. Ciertamente, este de la muerte de Jesús en la cruz es un tema central en el cristianismo,
2- Relacionado con éste, hay otro tema que vamos a tocar aquí, para que al final tengamos una visión completa del asunto.
¿Cómo se reconcilian las dos cosas tan opuestas? Por un lado, la muerte de Jesús la causaron los fariseos y, por otro lado, Dios,en ocasión de esa muerte cumplió su plan de amor? La respuesta es: SE ARMONIZAN CON EL CONCEPTO CRISTIANO DE LA DIVINA PROVIDENCIA.
La idea cristiana dela Divina Providencia explica cómo la muerte de Jesús puede ser aprovechada por Dios a favor de nuestra salvación. San Pablo ha sintetizado este misterio admirable de la sabiduría de Dios de la siguiente manera: “Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman” (Rom.6, 28). Ese disponer todas las cosas (aun las negativas, que son siempre causadas por los seres humanos) para bien de los que buscan el bien es lo que los cristianos llamamos Divina Providencia. Las cosas malas y dolorosas no las produce Dios. Sin embargo su amor y su sabiduría son tan grandes y son capaces de coordinar todo lo que ocurre para que resulte en bien de los que lo buscan, sea con la oración sincera y coherente sea con la voluntad de hacer el bien. Entonces entendemos lo que dijo San Pedro en Hechos 2,23, donde dice así:”Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz; pero con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”.Piensen ustedes en una familia. La madre es una pequeña providencia; realiza su plan de amor por los hijos aun en ocasión de alguna travesura que hacen los mismos hijos; si se cae el hijo por travieso, la madre lo levanta, lo abraza y le hace ver qué peligroso es no hacer caso a la mamá, de esta manera el niño aprende y se salva . Aprovecha esa caída del hijo para realizar su plan de amor con el mismo hijo. La travesura es del hijos pero el aprovechamiento para el bien del hijo es de la madre. Esto hace Dios con nosotros. Esto hizo Dios Padre con la muerte de Jesús causada por la trágica “travesura” de los fariseos! Así, Dios Padre aprovecha el terrible delito de los fariseos para obrar nuestra salvación en el amor de Cristo. Los fariseos solos matan a Jesús, pero Dios Padre, con su divina providencia aprovecha ese delito para salvarnos. De paso, hacemos una consideración bella y práctica: cuando nosotros quedamos fieles en el amor con la paciencia y el ofrecimiento humilde a Dios, entonces, nos hacemos colaboradores de la Divina Providencia, porque estaremos colaborando conscientemente en su plan de amor por nosotros y por otras personas.
Este tema de la Divina Providencia es tratado en los nn.306-314 del Catecismo de la Iglesia Católica. Probablemente tienen este libro rojo.
Y con el n.312 de este Catecismo, concluimos toda esta bonita cuestión. Dice así: “Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás (que es la crucifixión de Jesús) causada por los pecados de la humanidad, Dios, por la superabundancia de su gracia (Cfr. Rom. 5,20), sacó el mayor de los bienes, que es la glorificación de Cristo y nuestra redención”.
3- Hay otra expresión, muy común por cierto, que nos puede confundir. Es la siguiente: “HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD”. Preguntémonos: ¿Cuál es la Voluntad de Dios respecto del sufrimiento: el de Jesús yel nuestro?.¿Qué significa HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD? Ustedes recuerdan lo que dijo Jesús en el huerto del Getsemaní, la noche en que lo apresaron; está en el evangelio de San Mateo, capítulo 26,42.Dice así:”Jesús se alejó un poco de los apóstoles y oraba así:”Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba QUE SE HAGA TU VOLUNTAD!” También esta expresión, hasta ahora, se ha interpretado en el sentido que la voluntad de Dios Padre era precisamente que Jesús muriera en la cruz, porque ésta sería la voluntad del Padre. Sin embargo, como en el primer tema, es posible otra explicación, que no niega nada de la enseñanza cristiana. Es la siguiente: DIOS ES AMOR Y SU VOLUNTAD PUEDE QUERER SOLO UNA COSA, EL QUE NOSOTROS SEAMOS FIELES EN EL AMOR, EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA. Eso era lo que Dios Padre pedía a Jesús, que quedara fiel en el amor aun a costa de ser apresado, torturado y crucificado. Y Jesús permaneció fiel en el amor; hizo la voluntad del Padre. Jesús, en el jordán, al ser bautizado por Juan el Bautista, y, después, en el desierto, tomó el compromiso de anunciar y promover el Reino de Dios, reino de amor, justicia, paz, verdad y vida; todas cosas que dan vida a la gente en general y a los pobres en particular. Sin embargo, en la medida que la predicación del Reino alegraba a los pobres, al mismo tiempo aumentaba la rabia y la persecución de los poderosos, los fariseos, los ricos, los soldados romanos. Nosotros, en Centroamérica, tenemos la experiencia de cómo y por qué mataron a Mons. Gerardi y a Mons. Romero, por impulsar el Reino de Dios a favor de los pobres, lo sabemos de sobra. Lo mismo hicieron con Jesús. De manera que, Jesús, en el Getsemaní se encontró en una encrucijada: retirarse de la predicación del Reino y volverse a la tranquilidad de Nazareth, con su madre María y sus buenos paisanos, o bien, seguir adelante en la predicación del Reino, caminando así hacia una muerte cruel. Esta muerte dolorosa era el cáliz amargo que Jesús en el huerto del Getsemaní, era humano, quería apartar. Pero, si se retiraba, la humanidad seguiría ignorando cuál es el camino de la perseverancia en el amor, y este mundo nunca habría mejorado y nunca habría aprendido el camino de la vida plena, nunca se habría salvado. Ante esta encrucijada, Jesús quedó fiel en el amor, fiel a Dios predicando su Reino hasta el final, y fiel en el amor a nosotros porque así conoceríamos el camino de la vida y nos salvaríamos. Fue cuando dijo:”Padre, voy a quedar fiel en el amor a Ti y a mis pobres hermanos. Hágase Padre, tu voluntad! Entonces, Dios Padre lo resucitó de ese infierno de la muerte adonde lo habían arrojado nuestros pecados. Todos los días experimentamos que sólo el amor salva, sólo la fidelidad en el amor salva. Esta fidelidad, Dios Padre, la pide al Papa como a las personas más humildes, a la mamá cuando tiene la tentación de abortar, y al papá cuando tiene la tentación de divorciarse. A cada uno de nosotros Dios Padre nos pide sólo una cosa: la de ser fieles en el amor. Gracias, Señor, por quedar fiel en el amor hasta el extremo, para así enseñarnos a hacer siempre la voluntad del Padre, que es, siempre voluntad de amor. Nos lo haces decir a menudo, en la oración del Padre Nuestro, que es modelo de toda oración.
Hemos tocado temas de gran importancia teológica y moral, y hemos dado una nueva interpretación respecto de la interpretación tradicional, sin poner en duda el dato revelado. Estas nuevas interpretaciones proyectan una gran luz sobre el tema muy práctico y pastoral de nuestros sufrimientos.
4-¿De dónde vienen nuestros sufrimientos? Se nos ha dicho que vienen de Dios. No, no puede ser! Ninguna madre causaría un sufrimiento para su hijo, mucho menos Dios quien es padre y madre de cada uno de nosotros. Hay que declarar en voz alta que todo lo que hace sufrir es causado por seres humanos, con nombre y apellido. Lo dice el Beato Juan Pablo II, en el Mensaje del I de enero de 2005.
A veces es nuestro nombre, a veces puede ser el nombre de nuestros familiares, de nuestros antepasados o de nuestras autoridades; a veces es fácil descubrirlo, otras veces se hace todavía difícil, incluso para la ciencia (actualmente). En cambio, todo lo bueno viene de Dios, directa o indirectamente.
Así que les sugiero no decir más palabras como éstas: “paciencia, hay que hacer la voluntad de Dios (esto lo decimos cuando estamos delante de un a madre que llora a su niñito que murió de rotavirus), dando a entender que fue Dios quien causó esa muerte o esa enfermedad. Tampoco digamos que “Le había llegado su hora” (esto lo decimos ante cualquier muerte); tampoco digamos que “no se mueve hoja sin la voluntad de Dios”, porque hoy hay muchas hojas que se botan contra la voluntad de Dios, contra la ecología. Los sufrimientos y la muerte lejos de quererlos Dios, ocurren contra Su voluntad. Es que la muerte en el mundo entró por el pecado (Cfr. Rom. 5,12), y cuidado, no como castigo sino como consecuencia lógica de nuestras decisiones ilógicas. Por ejemplo, si uno se emborracha y se pone a manejar y se estrella contra el muro; esto ocurrió no por un castigo de Dios sino como consecuencia lógica de decisión ilógica de manejar borracho. Tampoco la muerte viene de Dios porque es su enemiga (Cfr. I Cor.15, 26).
Tantas otras cosas habría que decir sobre este tema; sin embargo hay que ir hacia el resumen. Recordemos. Las respuestas que hemos dado hasta ahora son las siguientes: 1. fueron los fariseos solos quienes mataron a Jesús. 2- Sin embargo, estamos claros que en ocasión de ese delito monstruoso Dios cumplió el plan de amor que siempre había querido en favor de la humanidad, salvarla definitivamente del extravío del pecado. 3- Estamos claros también que cuando Jesús dijo:”Hágase Padre tu voluntad”, sea en el Getsemaní sea en la oración del Padre Nuestro, entendía decir que, aun ante la muerte, hay que quedar fieles en el amor. Y 4- Nuestro sufrimiento, como los de Jesús, tienen siempre firma de seres humanos, con nombre y apellido, nunca vienen de Dios.
La muerte de Jesucristo toma otro giro: ya no es un castigo para expiar (Cfr. CELAM y J. P. II 1999) sino la suprema expresión de amor de parte del “arquetipo” de la humanidad; y nosotros escogemos estar en-por-para El cuando
QUEDAMOS FIELES EN EL AMOR.
Un fuerte abrazo,
Mauro
Querid@ teólog@ en la Sagrada Escritura hay un hecho indiscutible: el punto terminal, es decir el fin del plan de salvación, en concreto, es la vida eterna con Cristo. Ahora, el fin determina el existir y el obrar de todas las demás causas intermedias. La teología de San Juan y de San Pablo es plenamente cristocéntrica. Las citas más explícitas: EF. 1, 3-10; COL.1, 15-20).
En 1600, cierto teólogo, llamado Thomassin, dijo que las afirmaciones de Duns Escoto eran sustancialmente blasfemas, y se encargó, con la complacencia de muchos, de hacer circular esta opinión entre los eclesiásticos, hasta nuestros días; sin embargo, en los últimos 50 años, mucho ha empezado a cambiar. Hay que enfatizar que, a pesar de todo, la teología escotista ha sido considerada siempre legítima en la Iglesia, a lo largo de todos los siglos.
Ya Pablo VI había exhortado a un grupo de seminaristas estudiantes de teología que estudiaran la teología de Duns Escoto. Y fue buen profeta, porque unos años después, el 20 de marzo del 1993, el Papa Juan Pablo II reconoció el culto que se le ha dado por el pueblo cristiano por todos los 700 años que nos separan de su muerte (1308); lo beatificó, llamándolo cantor del Verbo Encarnado y defensor dela Inmaculada Concepción.
En 2002, a la comisión escotista ( que fue a llevarle el VIII volumen de la edición crítica de Duns Escoto), dijo: “Duns Escoto, con su esplendida doctrina sobre el Primado de Cristo, sobre la Inmaculada Concepción…sigue siendo aun hoy un pilar de la teología católica, un maestro original y rico en impulsos y estímulos para un conocimiento cada vez más completo de las verdades de la fe”.De este rico depósito teológico, pueden sacarse respuestas adecuadas también a las dramáticas interrogantes de la humanidad en este inicio del III milenio cristiano” (2001). BENEDICTO XVI, el 7 de julio de este año 2010, dedicó la audiencia general del miércoles (es como decir: ante todo el mundo) a Duns Escoto, y entre tantas cosas, dijo: “Duns Escoto meditó sobre el misterio de la encarnación y, a diferencia de muchos pensadores cristianos del tiempo, sostuvo que el Hijo de Dios se habría hecho hombre aunque la humanidad no hubiese pecado”. “Afirma en la REPORTATA PARISIENSIA (prosigue el Papa): “pensar que Dios habría renunciado a esa obra si Adán no hubiera pecado sería completamente irrazonable. Por tanto, digo que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo, y que –aunque nadie hubiese caído, ni el ángel ni el hombre- en esta hipótesis Cristo habría estado de todos modos predestinado de la misma manera” (en III SENT., d. 7,4).Este pensamiento (prosigue el Papa; es una cita larga pero vale la pena reproducirla) quizá algo sorprendente, nace porque para Duns Escoto la encarnación del Hijo de Dios, proyectada desde la eternidad por Dios Padre en su designio de amor, es el cumplimiento de la creación, y hace posible a toda criatura, en Cristo y por medio de Él, ser colmada de gracia, y alabar y dar gloria a Dios en la eternidad. Duns Escoto, aun consciente de que en realidad, a causa del pecado original, Cristo nos redimió con su pasión, muerte y resurrección, confirma que la encarnación es la obra mayor y más bella de toda la historia de la salvación, y que no está condicionada por ningún hecho contingente, sino que es la idea original de Dios de unir finalmente toda la creación consigo mismo en la persona y en la carne del Hijo”. Concluye el Papa: “Queridos hermanos y hermanas, esta visión teológica, fuertemente cristocéntrica, nos abre a la contemplación, al estupor y a la gratitud, pues, Cristo es el centro de la historia y del cosmos, es quien da sentido, dignidad y valor a nuestra vida”.
El cardenal Martini, obispo emérito de Milán y “papable”, en 1994 escribió un libro sobre la pasión. Allí se pregunta: “¿por qué se derramó esta sangre? la muerte y la pasión del Hijo de Dios ¿eran realmente necesarias tras la encarnación? Sobre este punto los teólogos están divididos. La pasión ¿no está quizá, como decían los escotistas, subordinadas al fin principal, la encarnación, que es la glorificación del Padre a través del Hijo Jesús? Si rechazamos esta teoría y ponemos en cambio la pasión y la muerte en el centro, como término de la obra de Dios, deriva otro problema: el pecado sería una contribución necesaria a la obra de Dios, porque no hay muerte de Jesús sin pecado”.
Es una teología posible
Hay que caer en la cuenta que la teología es una manera de explicar la Sagrada Escritura y los misterios de la fe y puede cambiar, porque el Espíritu Santo hace “nuevas las cosas” y también la teología.
El 2 de marzo de 2007, el Papa decía al clero de Roma:”La teología ha sido siempre múltiple. Pensemos en los Padres, en el medioevo, la escuela franciscana, la escuela dominicana, etc. Como hemos dicho, la palabra de Dios es siempre más grande que nosotros; por eso no podemos agotar jamás el alcance de esta Palabra, y se necesitan enfoques diversos, diversos tipos de reflexión…el teólogo trate de encontrar pistas que respondan a las exigencias y a los desafíos de nuestro tiempo; y, por otra parte, que sea siempre consciente de que todo esto se basa en la fe dela Iglesia”.
Personalmente, creo que la teología de Duns Escoto responde mejor a las exigencias teológicas y espirituales de nuestro mundo globalizado, abierto más allá de todas las fronteras.