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LOS SIGUIENTES SON ARTÍCULOS QUE TRATAN DIFERENTES TEMAS POR SEPARADO




Homilía sobre la tragedia de Hogar seguro “Virgen de la Asunción”

Monte San Francisco, 19. 03. 2017

Homilía sobre la tragedia de Hogar seguro “Virgen de la Asunción”. Ocurrió el día 8 de marzo recién pasado. 39 adolescentes murieron en un rogo ocurrido en el Hogar. Una cadena de gravísimas responsabilidades.

Con el perdón de ustedes, esta mañana haremos una breve reflexión sobre la tragedia de Hogar seguro “Virgen de la Asunción”.

Haremos esta reflexión como cristianos conscientes y responsables.

Primero, se trata de hacer una corta lista de los responsables. Corta lista la nuestra, porque la de Dios es una lista larga que abarca todo el mundo con su estructura de injusticia y desigualdad.

  1. Responsables No. 1: Las autoridades en su cadena de mando. ¿por qué nunca quisieron percatarse de los horrores que estaban pasando en ese hogar, especialmente en los pabellones donde estaban las niñas?
  2. Responsables No. 2: Podrían ser los padres de aquellas niñas, especialmente los papás. ¿Por qué nunca se miran papás llorar en estos casos, solo las madres? ¿Cuántas niñas estaban allí porque nadie las cuidaba, o tal vez los papás las violentaban y dejaban que otros las violentaran? Y, tal vez, ¡las madres cerraban los ojos ante todo esto!
  3. Responsables No. 3: Los que trabajan en ese Hogar: los Directores, los policías y otros. ¿Dónde estaban los cuidadores cuando se dio el incendio? ¿Por qué no abrieron inmediatamente las rejas al oír los gritos desesperados de las niñas? ¿Dónde estaban aquellos que tenían las llaves?
  4. Responsable No. 4: Toda la estructura social de Guatemala. ¿Cuántos piensan y dicen que esos muchachos y muchachas son delincuentes, no se merecen nada y si se mueren ¡qué bien! ¿Cuántas veces lo hemos pensado y dicho nosotros también?
  5. Responsables No. 5: Somos todos nosotros que estamos aquí, tanto más en cuanto cristianos. Por tolerantes ante los delitos que de por sí llevan a estas desgracias. Una vez oí a una mujer, muy cristiana, por cierto, que felicitaba a otra mujer, dueña de un burdel, por tener un comercio rentable. Lo decía en serio, sin caer en la cuenta que el burdel es una fábrica de abortos, de división de matrimonios, de enfermedades venéreas y es forjador de tantos vicios. ¿Cuántas niñas de Hogar seguro tuvieron su punto de partida en los burdeles? Pero, no solo toleramos los burdeles; toleramos la corrupción familiar, la violencia intrafamiliar, toleramos que demasiados niños guatemaltecos no puedan ir a clase por extrema pobreza, y que la mayor parte de los jóvenes no puedan seguir estudiando por cuestión de pobreza, de elitismo, de racismo. Sobre todo, toleramos y fomentamos una estructura de desigualdad en grado extremo, lo hacemos con nuestro comportamiento, nuestro estilo de vida y también con nuestras palabras, nuestros comentarios complacientes ante todas las críticas y calumnias que se hacen contra los pobres. Pero, la desigualdad, la gran distancia entre ricos y pobres, es el origen de toda guerra. Todas las veces que usamos más de lo necesario, fraguamos la guerra. Desde la guerra mundial hasta la guerra que se ha dado en Hogar seguro.

Ahora, pasemos del drama sociológico al drama teológico.

Así, en voz alta, no podemos ni debemos evitar una pregunta que nos hace temblar, es la siguiente: ¿Dios y la Virgen de la Asunción qué hacían ante tanta tragedia? Es la misma pregunta que no podemos evitar ante una desgracia familiar, o cuando rezamos y nadie nos responde. Nuestra fe, nuestros grupos de oración o de amigos necesitan una respuesta contundente; so pena de que todo se desmorone en nosotros y sobre todo en nuestros jóvenes.

Dios y la Virgen quieren también que nos demos una respuesta.

He aquí tres respuestas cristianas.

1)  Dios y la Virgen lloraban con esas niñas y con todos los que han llorado, pero no pudieron hacer nada, porque a su intervención salvadora se oponían demasiadas voluntades. Dios respeta la libertad humana, lo cual limita su poder de intervención (cfr. Audiencia general del Papa emérito Benedicto XVI, 30. 1. 2013).

Al enumerar arriba algunos responsables, hemos dicho cuáles eran las voluntades opuestas a la voluntad de Dios y de la Virgen. Hemos dicho muchas veces que “todo lo que hace sufrir y morir no viene de Dios; viene del mal uso de la libertad humana”. Ante una voluntad humana que se le opone, Dios no puede proceder.

En esta tierra, donde tiene vigencia la libertad humana, Dios se ve limitado, como dijo el Papa Benedicto XVI, el 31 de enero de 2013.

Al pasar de esta tierra a la dimensión divina, después de la muerte, todo será renovado.

La oración y las cadenas de oración tienen eficacia porque contrastan, por decirlo así, por medio del amor de solidaridad, las malas voluntades que se oponen a la voluntad de Dios, sin embargo, el alcance de su eficacia solo Dios lo conoce.

Las siguientes dos respuestas son consoladoras.

2) Dios y la Virgen recogieron con ternura a estas criaturas y, como dice el último capítulo del Apocalipsis, enjugaron sus lágrimas. “No más gritos, niñas, no más llanto porque ese tiempo del mundo que les causó tanto dolor ha terminado, ha quedado otro mundo, el de Dios, donde solo amor hay y felicidad irreversible; ha llegado el tiempo de sonreír, niñas”.

3) La respuesta número 3 es la realidad de la divina providencia. Hemos dicho que Dios no puede anular las consecuencias de las malas voluntades, pero sí puede intervenir en la circunstancia dramática y crear un bien nuevo sobre la tierra, con las personas involucradas en esta tragedia y que sean personas bien dispuestas (como cuando muere un niño y su papá cambia a una vida buena). Dios no pudo evitar la muerte del niño (habría que investigar por cuáles causas malas murió el niño) pero creó un gran bien que es la conversión del papá.

¿Qué bien está creando Dios en Guatemala, en ocasión de la tragedia de Hogar seguro? Tal vez, la gracia de un salto de calidad nacional en la toma de conciencia en favor de una sociedad más justa e igualitaria. Todos nosotros, que participamos en esta Eucaristía, estamos invitados a hacer una cadena de oración y de fuertes y eficaces propósitos cristianos que el Espíritu Santo nos está inspirando. Todos seamos propiciadores de la divina providencia.


HOMILÍA FRAY MAURO IACOMELLI

DOMINGO 14 DE MAYO, V DOMINGO DE PASCUA

“LA PENA DE MUERTE ES IN-HUMANA E INÚTIL”

  1. Ante la pena de muerte, Jesús diría: “En el principio no era así”; es como decir: Dios piensa diferente (cfr. Mt.10, 6).
  2. En Ezequiel 18, 23, Dios dice: “No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”.
  3. En Génesis 22, se narra el frustrado sacrificio del niño Isaac que Abraham quería hacer. Pero Dios lo detuvo. La enseñanza de este episodio es: Dios no quiere sacrificios humanos.

El ser humano es sagrado, contiene una chispa de la naturaleza divina, que todo ser humano es llamado a custodiar y a hacer crecer, produciendo amor, a través de las circunstancias de la vida. Por eso, el delincuente que mata se aleja mucho de Dios, pero también el que responde al asesinato con otro asesinato se aleja mucho de Dios.

En el capítulo 4 de Génesis, se narra el primer asesinato: Caín mata a su hermano Abel. Caín, después de haber escuchado las tremendas palabras de reproche de Dios, exclama: “Ahora, cualquiera que me encuentre me matará”. Y Dios le responde: “no, no será así; castigaré siete veces a aquel que mate a Caín”; y Dios puso una marca a Caín para que no lo mataran”. Nosotros podemos interpretar que Dios remarcó en Caín la marca de la dignidad divina con la cual todo ser humano nace marcado. Por eso: NO MATARÁS. En el evangelio de San Mateo, al capítulo 5, versos 43-45, Jesús dice: “Ustedes han oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero yo les digo: amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos del Padre celestial, el cual hace brillar el sol sobre malos y buenos”.

En el calvario, Jesús perdona a sus asesinos y se lleva al paraíso al que había sido ladrón y asesino.

  1. La cuestión de la pena de muerte es cosa seria y de conciencia, delante de Dios y de la humanidad.

En la Historia se ha empleado porque era una humanidad atrasada. En la medida que una sociedad progresa culturalmente, en esa medida abandona la pena de muerte. En efecto, la estadística nos convence que la pena de muerte ha venido disminuyendo siempre más y va desapareciendo, en la medida que las naciones hacen camino de humanización. Hace 25 años, 90 eran las naciones que en su legislación tenían la pena de muerte; hace 5 años se habían reducido a 15. Seguramente, dentro de pocos años, la pena de muerte desaparecerá de todas las legislaciones.

Volver a practicar la pena de muerte en Guatemala sería ir contra el avance de la Historia y de la humanidad. Sería volver 20 años atrás.

La realidad es que también nosotros los cristianos nos dejamos llevar por la corriente de los instintos más irracionales. Al desatender la razón y dejándose arrastrar por puros instintos compulsivos, el pensamiento de la pena de muerte brota en nuestra conciencia como hierba venenosa.

  1. En realidad, la pena de muerte es in-humana e inútil.

Se dice que es:

* EJEMPLAR… Es decir: para que otros aprendan, por miedo. Sin embargo, la historia, la estadística y la psicología enseñan que donde se aplica la pena de muerte no disminuye la violencia y donde no se aplica no aumenta. Son otros los factores que influyen en el aumento de la violencia. Es que aquel que transita por el camino de la violencia, nada lo detiene; se mueve en una mentalidad de muerte. Tal vez, los hijos y las hijas de ustedes, que reciben una buena formación, educados en valores fuertes y cotidianos, tendrán siempre mucho cuidado de no meterse por un camino de delitos graves. Pero, los que ya están en eso, que han ido caminando por allí porque no han tenido la posibilidad de educarse o porque han ido adquiriendo vicios graves, viven en su mundo, sin reglas y sin remordimientos. Las operaciones de reflexión y auto regulación no tienen lugar en psicologías maleadas como las de los grandes delincuentes.

* DEFENSIVA… De la entera sociedad. Mentira. La sociedad debe defenderse, pero no matando. Hay otros medios para defenderse, más eficaces y más humanos, porque dan al delincuente la posibilidad de convertirse. “Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez. 18, 23).

Perseguir la conversión del delincuente debe ser una prioridad de la sociedad que quiera progresar en el camino de humanización. 30, 50 años de pena y la cadena perpetua son más eficaces, si bien empleados.

Aquí está el gran problema: que no hay voluntad de hacer lo que hay que hacer, entonces se piensa en la pena de muerte como en una panacea que todo lo soluciona.

  1. Hay muchas otras razones para desterrar de una vez la idea de la pena de muerte. Una de las más graves razones es que la pena de muerte es una tremenda evasión de todos los deberes de un Estado y de los ciudadanos. Si hay pena de muerte, todos se relajan, como si fuera todo arreglado y se deja de hacer lo que en serio hay que hacer.

Otra razón grave es que la pena de muerte hace aumentar la misma violencia en una sociedad. Alimenta la voluntad de venganza, los niños y los jóvenes crecen dentro de una sociedad sedienta de venganza y de sangre.

La pena de muerte es el arma predilecta de los dictadores, los egoístas y se aplica siempre contra los pobres. Y ¿si se ejecuta un inocente? Casos ocurridos no raramente en la historia. Jesús fue víctima de una pena de muerte aplicada a un inocente.

Y ahora, una pregunta escalofriante: si fuera uno de sus hijos a ser condenado a muerte, ¿usted seguiría sosteniendo la pena de muerte?, o bien, dirían: ¡castíguenmelo, pero no me lo maten!

  1. La verdad es que: para luchar contra la violencia, los únicos pasos civilizados son los siguientes:
  • Prevenir, con lucha contra la desigualdad, que es la raíz de todas las guerras, con leyes justas y control policial preventivo. Si queremos luchar contra la violencia, luchemos por estas cosas. Si no, damos palos de ciego.
  • Después del delito, que haya pronta investigación, pronta persecución, pronto juicio y cárcel segura. Si queremos luchar contra la violencia, luchemos por estas cosas. Si no, damos palos de ciego.

Además, hoy, a nivel mundial, se está tomando clara conciencia que la cárcel debe ser para la rehabilitación no para la destrucción del delincuente. Me ha alegrado leer en un periódico, hace pocos días, la exigencia de rehabilitación en las cárceles del País.

Ahora bien, ante esta reflexión, alguien podrá reaccionar con una sonrisa irónica. Sin embargo, insisto: este es el camino de la civilización y es también el camino del evangelio.

¡CUIDADO! No estoy haciendo la defensa del delincuente, ni borrando el derecho a la legítima defensa, ni que los delincuentes anden libres por la calle. Nada de eso; digo que hay que aplicar medios más eficaces, medios que conjugan la justicia con la dignidad humana. Como ustedes hacen con sus hijos: el que no los deben “mal matar”, no significa que no deben de intervenir y corregir. Deben de intervenir, pero con medios civilizados, que a la larga son más eficaces.

Acostumbro decir que ante una situación mala, el primer mandamiento es: “no empeorar las cosas”. Y bien: ante la violencia en Guatemala, la pena de muerte empeoraría mucho las cosas.

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Reflexión Teológica sobre el dolor (Falso/Verdadero)

Querid@ teólog@, ¿Cierto o falso?

 1) “El Señor quiso triturar a su siervo con el sufrimiento” (Is. 53,10).  

FALSO. El Señor, por naturaleza, no quiere triturar a sus hijos.

2) ¿Es cierto que Dios castiga a los hijos por los pecados de los padres?

-FALSO. Dios non castiga ni se venga, mucho menos, de manera tan injusta.

3) ¿Es cierto que es Dios quien manda el sufrimiento, por castigo o por prueba?

-FALSO. Dios no castiga ni necesita poner pruebas porque lo sabe todo (Cfr. St.1, 12-18).

4) ¿Es cierto que Dios manda la muerte, fijando el día y la hora de la misma?

-FALSO. Dios no ha creado la muerte; ésta ha entrado en el mundo como consecuencia del pecado no como castigo del Creador (Cfr. Rom. 5,12).

5) ¿Es cierto que cuando uno sufre o muere eso es la voluntad de Dios?

-FALSO. Dios no ha creado el dolor ni la muerte y no  los quiere para nadie; éstos tienen siempre causa humana. No los quiere ni los permite, sólo los tolera porque respeta la libertad humana.

6) ¿Es cierto que cuando un niño se enferma de cáncer o de rotavirus y muere, hay que aceptarlo porque ésa es la voluntad de Dios?

-FALSO. Dios llora ante esta realidad, como lo hace siempre ante nuestro sufrimiento, porque el dolor y la muerte son fruto del pecado, su enemigo, y no quiere el sufrimiento de sus hijos.                                                                                                                                

7) ¿Es cierto que Dios quiso que Jesús muriera y muriera en una cruz?

– MUY FALSO. Los Sacerdotes y fariseos, los romanos y Pilato quisieron que Jesús muriera torturado y en una cruz. Dios, que es amor por naturaleza,quería sólo que Jesús quedara fiel en el amor. Que quedemos siempre fieles en el amor, ésta es la voluntad del Padre para cada uno de nosotros sus hijos, porque esto es lo que nos da vida. Jesús en esa fidelidad heroica produjo amor en tal “cantidad” (siendo hombre perfecto y Dios) que salvó a toda la humanidad, por todos los tiempos. Nos salvó el amor de Cristo Jesús, que no la cruz. Uno puede hacer muchos sacrificios pero si no tiene amor de nada le aprovechan (Cfr. 1Cor. 13).

8) ¿Es cierto que uno sufre porque es predilecto de Dios?

– FALSO. El enfermo sufre pero: no porque es predilecto de Dios, sino: ¡es predilecto de Dios porque sufre!

Entonces ¿Por qué se han dicho estas cosas por 2000 años y se siguen diciendo, incluso por sacerdotes?

Entonces ¿Qué quiso decir Jesús en el huerto del Getsemaní con el grito angustioso “…Si no es posible que pase este cáliz, QUE SE                                     HAGA, PADRE, TU VOLUNTAD”?

  ¿Qué dice la Biblia? El 28 de julio de 1999 (año del Padre, en preparación al jubileo 2000), Juan Pablo II, respecto a la interpretación de la Biblia, dijo lo siguiente: “La Revelación en la Biblia es progresiva  y su significado se irá precisando progresivamente”. El tema del dolor es un ejemplo de esta revelación y puntualización progresivas. Prácticamente, a partir de 800 años antes de Cristo, el tema del dolor se ha ido modificando cada 200-300 años, ante los golpes de la experiencia humana. Dios ha ido acompañando la experiencia humana dando respuesta progresiva. Además, hay que tener presente que en la cultura hebrea no se conocía el concepto de causa secunda (que es el ser humano, el cual puede hacer cosas contra la voluntad de Dios). Sólo conocían la causa primera (= Dios), que lo  hacía todo, mandaba también la muerte y hacía morir los niños…”El sabía por qué”

  1. 800 años a.c., se creía que “sobre esta tierra (ya que la resurrección era todavía desconocida) Dios bendecía a los buenos con una vida próspera y feliz, y castigaba a los malos con desgracias y sufrimientos”Cfr. 2 Cro. 1,11). Pero la experiencia a menudo decía otra cosa: los buenos sufrían y los malos gozaban. Los sabios hebreos buscaron otra explicación del dolor.
  2. 600 años a. c., para superar la creencia anterior se forjó otra que se llama responsabilidad corporativa; según la cual “Dios castigaba o premiaba a los hijos por los pecados o por la honestidad de los padres, respectivamente”. Había posibilidad de intercesión. (Cfr. Gen.6, 9 y 18,23-32). Pero pronto surgieron objeciones también a esta explicación. Eso es injusto, decían los profetas Jeremías (12,1) y Ezequiel (18,1-4; 34,23). “Es injusto que nuestros padres comieron uvas agrias y a nosotros se nos destemplan los dientes”. Entonces se forjó una idea revolucionaria: Todo es responsabilidad personal, cada quien paga por sus pecados. Sin embargo, también aquí la experiencia no concordaba: pues había personas claramente honestas que sufrían grandes calamidades.
  3. 400 años a.c. Es cuando algún Sabio, probablemente venido del destierro de Babilonia, produce la bella parábola del santo Job (9,22-24 y 19,25). Este personaje se queja con Dios de que es castigado sin merecerlo, pues él es hombre muy recto. Los amigos, convencido de la idea anterior, querían    convencer al amigo que le convenía admitir la verdad, es decir, de que algo                 grave había cometido. Pero Job, fuerte de su buena conciencia, sostenía su inocencia. Al final, Yavé da razón a Job. El es inocente, sin embargo “en el dolor hay algo misterioso y educativo que sólo Dios en su infinita sabiduría   conoce”. Más adelante, se podrá tener más luz.
  4. 33 años de Cristo. Su muerte y su resurrección hacen plena luz sobre el por qué y el final del dolor humano: “los seres humanos causan el dolor y la      muerte, pero Dios no está lejos e interviene para consolar, aliviar y resucitar del máximo dolor que es la muerte” (“Ustedes lo mataron, Dios lo resucitó”, San Pedro en Hechos 4,10).
  5. A este punto, todo tenía que estar claro, sin embargo, la fuerza de la cultura y de la tradición, al querer explicar el dolor y la muerte del justo Jesús, se dio una explicación-síntesis de todas las precedentes explicaciones, asumiendo algunos elementos de cada una. Y se explicó el todo de una forma hasta repugnante: ¡Dios, se ha argumentado, tenía que ser desagraviado por los pecados de los seres humanos, pero, éstos tenían que pagar con la sangre, y como la sangre humana no estaba a la altura de desagraviar a Dios, entonces el Hijo de Dios se hizo hombre para pagar con su sangre divina! Era una explicación tomada de la tradición judía y de la jurisprudencia romana.
  6. Hoy, “!a gracia del Espíritu Santo nos está conduciendo a la plena verdad!” (Cfr. Juan 16,12-13)
    1. La muerte de Jesús, el inocente por excelencia, no la quiso Dios sino los seres humanos, los Fariseos, los poderes romanos. Dios lloraba por la  muerte del Inocente Hijo.
    2. La voluntad de Dios era que Jesús quedara fiel en el amor; no la de que su Hijo muriera en la cruz; es lo que pide a todo ser humano. El es amor y no puede pedir otra cosa.
    3. Nos salvó el amor, la fidelidad al amor, no la cruz, o la muerte con sangre (Jesús habría podido morir de cansancio por buscar las ovejas perdidas).
    4. Dios no quiere nuestro dolor, quiere nuestra fidelidad en el amor porque ésta nos lleva a la felicidad.
    5. No es Dios quien nos manda el dolor y la muerte, pero El no se desentiende de nuestro dolor; El está presente, como una madre junto al hijo que se ha caído, para aliviarnos, consolarnos y enseñarnos para que tengamos siempre vida.
    6. En nuestro sufrimiento, tenemos que tener paciencia humilde y ponernos en las manos amorosas del Padre, como hizo Jesús en el huerto del Getsemaní. Entonces, estaremos produciendo amor valioso que, unido al de Jesús, contribuirá a salvar a nosotros y a aquellos por los cuales ofrecemos y sufrimos.

En estos últimos 20 años, a la luz del Vaticano II y bajo el impulso de las ciencias, de la literatura, de la cultura mundial, de la globalización, la alta Jerarquía católica ha hecho declaraciones muy nuevas y explícitas sobre el dolor y la muerte y otros temas relacionados, que nunca antes se habían oído. Juan Pablo II, el 28 de julio de 1999, al hablar del Infierno, decía: “El infierno no es un castigo de Dios inflingido desde el exterior, sino es el desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida…es la última consecuencia del pecado mismo que se vuelve contra quien lo ha cometido…la “condenación” no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que en su amor misericordioso él no puede querer  sino la salvación de los seres que ha creado. En realidad es la criatura que se cierra a su amor”.

El CELAM (= Consejo Episcopal Latino Americano), en el mismo año 1999 y por tratar el mismo tema del supuesto castigo divino (según la convicción y el lenguaje tradicionales), escribía“¡Qué don tan grande poder dedicar un año a su paternidad (de Dios) para espantar del alma humana las caricaturas de Dios que tanto daño nos hacen y nos han hecho! Un año para dejar de lado al Dios justiciero, vengativo, castigador…un Dios impredecible, arbitrario, antojadizo…una caricatura. Una simple mueca de una búsqueda sincera pero incompleta” (Hacia el tercer milenio. El año dedicado a Dios Padre, 1999). Y Benedicto XVI, el 11 de febrero de este año, a los enfermos que peregrinaban al santuario de Lourdes, dijo: “Dios creó al ser humano para la felicidad y para la vida, mientras que la enfermedad y la muerte entraron en el mundo a consecuencia (no como castigo inflingido desde afuera, diría Juan Pablo II) del pecado. Pero el Señor no nos ha abandonado a nosotros mismos. El, el Padre de la vida es el médico por excelencia del ser humano y no cesa de inclinarse con amor sobre la humanidad que sufre”.

Estas son declaraciones que conozco, suponiendo que habrá muchas otras que no conozco.

Ayuda mucho hacer el ejercicio de leer y analizar la parábola del Hijo pródigo (Lc.15, 11-32), y hacer el ejercicio de localizar quién causó los grandes problemas y sufrimientos del hijo que dejó la casa del padre. ¿Cómo reaccionó el padre ante la libertad del hijo? ¿Cómo lo acogió a su regreso? ¡No hay sombra de castigo!

Un abrazo,

Mauro

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Consecuencias pastorales de la nueva teología

Duns Escoto
Cristo nació en el tiempo y se hizo nuestro guía hacia el Padre todoamoroso

Querido teólogo, continuando con las reflexiones sobre un Dios amoroso quiero compartir contigo algunas consecuencias pastorales derivadas de esta nueva teología.

  1. Nueva imagen de Dios. Si al centro no está el pecado sino Cristo, es más fácil “… espantar del alma humana” la imagen de un Dios castigador, arbitrario, antojadizo, etc (CELAM 1999; JP II 29.7.99).
  2. Es más fácil desmitificar el pecado, como fuerza mágica y omnipresente en la historia y en el destino humano. El pecado es un des-orden que nosotros ponemos en la creación, y así ésta no funciona; de aquí las enfermedades y la muerte.
  3. La Justificación, como punto de amor originario de Dios que nos eleva a él por medio de Cristo. No es consecuencia de nuestras acciones meritorias, sino causa
  4. Prioridades de nuestra evangelización:
    1. El plan salvífico de Dios (predestinación a la gracia y a la gloria, en- por -para Cristo)
    2. La persona mediadora de Cristo, como primogénito de todo lo creado; el Alfa y la Omega
    3. El Reino de Dios, en-por-para Cristo
    4. El pecado como obstáculo al designo de Dios
  5. El Espíritu Santo, quien obró la elevación a hijo de Dios del alma (Naturaleza humana) de Jesús, impulsa a cualquier ser humano creado sobre la estructura de Cristo. Es la savia del Espíritu Santo que vivifica todas las ramas del árbol Cristo (así habría sido aun sin el pecado)
  6. Adquiriría mayor relieve el Cristo histórico, contra cualquier peligro de monofisismo, porque todo ser humano histórico (en cualquier cultura, raza condición) es imagen de Cristo, su espíritu actúa en toda la historia humana: en los acontecimientos positivos, para promocionarlos y darlos a conocer; y en los acontecimientos negativos, para ayudar a discernirlos, a evitarlos y a neutralizar sus consecuencias negativas.
  7. También en esta visión, según la cual Jesucristo está ontológicamente al centro de la historia, adquieren mucha importancia los signos socio-teológicos de los tiempos
  8. La salvación engloba la redención, y ésta, dado el pecado, está en función de aquella. La cruz lejos de ser el fin de la encarnación, se constituye en la concentración máxima del amor de Dios (que nos amó desde el principio), aun en el accidente del pecado, que por cierto fue la máxima concentración del egoísmo, emanado de los fariseos, soldados romanos y pueblo inconsciente. El que Jesús muriera en la cruz fue voluntad de los fariseos y no de Dios. La voluntad de Dios era que Jesús fuera fiel al amor hasta el extremo.
Te dejo también unas cuantas citas bíblicas para continuar con la reflexión:

“… Y que lo sepa todo el pueblo de Israel: por el nombre de Jesucristo de Nazaret a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos gracias a él, ese hombre está de pie y sano ante ustedes” (Hch. 4,10)

“¿No les prohibimos estrictamente eseñar en ese Nombre?. Pero ahora ustedes han difundido por toda Jerusalén su doctrina y quieren cargarnos con la sangre de ese hombre” (Hch, 5,28).

Más citas: Hch. 3, 13-15; Hch. 3, 17; Hch. 2, 23; Hch. 4, 27.

Los Fariseos, solos, lo mataron, pero Dios lo resucitó.

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¿Si el hombre no hubiese pecado, habría venido Cristo?

Mi querid@ teólog@, Fray Juan Duns Escoto es el autor de las nuevas explicaciones (=nueva teología) sobre la encarnación y la Inmaculada. Defendió estas explicaciones en 1300. La de la Inmaculada triunfó 450 años después, cuando gracias sobre todo a sus intuiciones y fundamentaciones teológicas fue proclamado el dogma de la Inmaculada.

Esta nueva explicación teológica de la encarnación él la llama Primado de Cristo; porque a la pregunta: ¿Por qué se encarnó Cristo? Fray Juan Duns Escoto responde: porque fue el primer concebido en la voluntad de Dios, antes que todos los eres creados. Porque no es posible, decía Fray Juan Duns Escoto, que la realidad más preciosa de la humanidad, que es Cristo, haya venido por algo negativo  como es el pecado. ¿Qué entendía San Pablo al escribir lo siguiente?

  • ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús Nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales! En este Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús. Eso es lo que quiso y más le gustó, para que se alabe su gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el bien amado. Pues en Cristo la sangre se derramó para nuestra libertad y nos merece el perdón de los pecados. En eso se va la inmensidad de su gracia, que él nos concedió con toda sabiduría e inteligencia. Y ahora, Dios nos da a conocer este proyecto misterioso, esta libre decisión que tomó desde antes, para ponerlo en ejecución cuando llegara la plenitud de los tiempos. Todas las cosas han de reunirse bajo una sola cabeza, Cristo, tanto los seres celestiales como los terrenales. (Ef 1, 3 – 10)
  • Él es la imagen de Dios que no se puede ver (está hablando de Cristo, el Verbo ya encarnado), el primogénito de toda la creación, ya que en él fueron hechas todas las cosas; las del cielo y las de la tierra; lo visible y también lo invisible; gobiernos, autoridades, poderes y fuerzas sobrenaturales. Todo está hecho por medio de él y para él. Él existe antes de todas las cosas y todo se mantiene en él. Y él también es la cabeza del cuerpo, es decir, dela Iglesia. El es el principio y renació antes que nadie de entre los muertos para tener el primer lugar, porque así quiso Dios que la plenitud permaneciera en él. Porque él quiso reconciliar consigo todo lo que existe, y por él, por su sangre derramada en la cruz, Dios establece la paz tanto sobre la tierra como en el cielo. (Col, 1, 15-20)

La intención de Fray Juan Duns Escoto fue decir que Jesucristo vino no por el pecado sino para tomar su lugar de ser el primer creado, el modelo de toda criatura:El camino-verdad-vida de los seres inteligentes; el guía para la humanidad destinada a la gracia y la gloria de ser partícipes de la divina Naturaleza .

De manera que Cristo habría venido aunque el ser humano no hubiese pecado, porque la finalidad de su venida no fue el pecado. Más bien la pregunta es: ¿Si Cristo no hubiese existido, habría existido el ser humano? Fray Juan Duns Escoto respondería que no.

Esta fue la intuición y el razonamiento teológico que le dan vuelta a la explicación tradicional de la Encarnación, según la cual Cristo ha venido para morir en la cruz, y así salvarnos del pecado.

Es una explicación cristo–céntrica por ser Cristo el protagonista de toda la historia; es fruto de una profundización (en la mente y en el corazón) de la espiritualidad cristo– céntrica que los franciscanos siempre han tenido, siguiendo a su padre Francisco quien  tuvo las llagas como sigilo de su seguimiento de Jesús.

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La lógica del amor, alma de la Teología Franciscana

Mi querid@ teólog@, la lógica del niño de Belén y del crucificado definitivamente no es la prolongación de la lógica de la razón, sino de la lógica de Dios que se ofrece para lavarnos los pies, que acoge al débil y al que sufre (al menos amable), que no rehuye al dolor ni la muerte, que nos ha mostrado la fuerza en la debilidad: el primado de la bondad…, la perfecta alegría, según Francisco. Este es el escenario místico-espiritual en el que se construye la reflexión teológica franciscana. A partir de este escenario estamos llamados a dar una respuesta especifica, vivencial, doctrinal y pastoral en la iglesia.

San Francisco respondía originalmente al amor de Dios de la siguiente forma:
Él también se desnuda, como Jesús en Belén y en el Calvario; en pública plaza, delante del Obispo y de tanta gente. Se desapropió de todo, en el cuerpo y en el espíritu, y pasó los 22 años de vida siguientes con el ansia de despojares, de desapropiarse y de servir humildemente, especialmente a los pobre. 

Desapropiarse da el profundo concepto de pobreza franciscana. “Lavar todos los pies sin quedarse con ninguno” Sirve …, regala …. mas deja libre ….”. si no te dicen “gracias” siquiera, te dice Francisco, ésta es perfecta alegría. 

La raíz de la mirada franciscana se constituye en la matriz de la bondad de Dios; la auto donación como alma secreta de todo lo que Dios ha hecho y ha dicho. El pensamiento franciscanotiene su matriz fundante en la vida simple, humilde y pobre, original del pobrecillo de Asís y el movimiento espiritual que él fundó.

El movimiento franciscano provoca a nuevas interpretaciones y expresiones pastorales, sociales y culturales. El reto es mirar y pensar en nuestra realidad desde la humanidad de la encarnación y narrarlo en la Sequela Cristi, prolongando y recreando el abrazo al leproso en la opción por los pobres y el cántico del hermano sol. El franciscanismo, como pensamiento estructurado, es coherente con su opción: la humanidad humilde y pobre de Dios revelada en el Jesús del evangelio que se vive en una vida pobre y desposeída de la soberbia racional.

El proyecto de vida franciscano no está orientado sólo a la actividad, sino, principalmente, a la narración de una espiritualidad que se fundamenta en la humildad y la pobreza, la desapropiación y la entrega sin limites de Dios, en Jesús de Belén, del calvario y de la eucaristía; y que celebra el encuentro con el Dios amante en la pequeñez de una vida menor.

No hay nada mas divino y altísimo que la humildad y la pobreza del pesebre de Belén; lo que debe narrarse en una intensidad de convivencia fraterna: cara a cara, social y universal.

La clave de la lectura del pensamiento franciscano es el “ser como donación”, porque así se ha revelado Dios en Jesucristo.

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La teología del amor de Dios

Mi querid@ teólog@, la teología del amor de Dios es para uso de todas aquellas personas que estén abiertas a ella y a la misericordia del Padre y de la nueva visión de la encarnación. Esta teología soporta los capítulos anteriores.

En estos apuntes se presenta una síntesis de la Cristología Franciscana, haciendo una comparación de ambos esquemas teológicos:

  • El tradicional (Teología Pecado-céntrica)
  • El nuevo (Teología Cristo-céntrica)

El autor de esta teología es el Beato Fray Juan Duns Escoto, franciscano del 1300, seguidor de San Francisco de Asís y la originalidad de sus intuiciones, las cuales vemos a continuación:

Además de que Dios es amor sin medida y gratuito, Francisco ha descubierto, también, el modo de amar de Dios; descubrimiento que hizo contemplando al niño de Belén, el crucifijo del calvario y el misterio de la eucaristía.

Dios ama con amor humilde. Se pone a nuestra orden para servimos, para que tengamos vida, no importa cuanto tenga que sufrir. En Belén se arrodilla ante nosotros para lavamos los pies, como hace una madre con sus niños.

Dios nos ama con amor pobre, des-apropiado.
Él nos ama sin pedimos nada a cambio; nos deja en libertad; no nos chantajea. ‘Nos lava lo pies sin quedarse con nuestros pies”.

Dios ama con amor incondicional.
Aun cuando nosotros no lo amaramos, Él nos sigue amando; aun cuando pecamos, aun cuando no nos arrepentimos, Él nos sigue amando. Él no castiga, no manda desgracias como castigo, no pone prueba, no manda la muerte, no fija la hora de la muerte: no creó el infierno, no manda al infierno (cfr. Lc 15, 11 ss). Dios usa el amor como único medio para convencemos y aceptar el regalo de su vida divina, eternamente feliz.

Dios ama aunque no tenga necesidad de amarnos, y es completamente libre en su amor
Nadie le puede sugerir que tome iniciativas de amor, menos aún el pecado. Todas las iniciativas de amor nacen directamente de su corazón.

Ama más a los “menos amables” (los enfermos, marginados, pobres, etc).
Como una madre entre sus hijos ama más al más debilucho.

San Francisco parece haber entendido todo esto, cuando un día en una calle polvorienta de la campiña de Asís, bajó de su rica cabalgadura y abrazó y besó a un leproso, y este abrazo fue decisivo en su conversión.

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Premisas a la nueva teología

Mi querid@ teólog@, he aquí algunas razones que postulan la nueva de teología de Duns Escoto. Las ideas sobre Dios castigados, justiciero, vengador, antojadizo y arbitrario nos vienen de un tipo de teología o sea de un tipo de explicación que se ha dado de los datos revelados de los dogmas. Éstos no cambian, pero la explicación de los mismos sí cambian, según las exigencias de las épocas y según las nuevas luces que da el Espíritu Santo a la humanidad y a la Iglesia. Decir nueva teología, nueva visión, es como decir nueva explicación de la revelación. Ahora bien, estamos entrando a una nueva época histórico-cultural. Aquí un esquema.

  • Hasta el 200 a.C. Conciencia mítica
  • Hasta el 1600 d.C. Conciencia reflexiva
  • Hasta el 2000 d.C. Conciencia científica
  • Desde el 2000 d.C. Conciencia globalizada, desmitificada, secularizada

¿Cómo se reacciona ante este cambio de época que pone en crisis el cristianismo?

  • Atrincheramiento cognitivo, fundamentalismo.
  • Rendición cognitiva, Renunciar a los principios (ponerse a la moda a como de lugar)
  • Pasivismo (tal vez, la peor reacción)
  • Reacción positivamente dialogante que es la correcta, la cual conlleva:
  1. Búsqueda del sentido unitario (sentido religioso), ante la de los varios sentidos parciales presentados por los medios de comunicación. El sentido unitario ES LA PERSONA DE CRISTO. Da unidad a todo lo que existe y nos sucede en la experiencia. Un sentido que neutraliza la ansiedad destructiva de la desesperación por ver un mundo opaco, incomprensible. Dice el Documento Aparecida, 41 En Cristo Palabra, sabiduría de Dios (cfr.Cor.1,30), la cultura encuentra su centro y su profundidad, desde donde se puede mirar la realidad en el conjunto de todos sus factores, discirniéndolos a la luz del Evangelio y dando a cada uno su sitio y su dimensión adecuada. Cristo, con su presencia y manifestación con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a la plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio humano-divino; a saber que Dios esta con nosotros para liberarnos de las tinieblas del pecado y la muerte y para hacernos resucitar a una vida eterna (efr. Dei Verbum, Va.11, n. 4)
  2. Re-fundamentarse en lo esencial (lo innegociable). Algunos elementos innegables son: Cristo hombre y Dios; Él es la verdad; amor y testimonio auténtico y humilde; universalidad de la salvación, sin exclusión.
  3. Nuevo paradigma (marco unitario permanente de pensamiento). Nueva teología, nueva explicación a partir de una nueva imagen de Dios y nueva teología de La Encarnación.
  4. Nueva espiritualidad: inclusiva, testimonial, dialogante, valoración de la religión “atea”: parábola del-Buen Samaritano; “Res sacra homo” (el ser humano es sagrado)
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Los Nuevos Tiempos

Mi querid@ teólog@, la revelación de la venida del Jesucristo Mesías, en el Antiguo Testamento, fue progresiva. También la comprensión del Mesías en la historia es progresiva, y los signos de los tiempos, interpretados por el Magisterio, marcan el paso de esta comprensión.

La segunda guerra mundial y el Concilio Vaticano II, cada acontecimiento a su modo, marcaron el nacimiento de una nueva época histórica, y por ende, de una nueva cultura, un nuevo modo de percibir la realidad de este mundo y, por eso mismo; de una nueva mentalidad. Se han intensificado las comunicaciones a nivel mundial. Sobre todo, se han cambiado las relaciones humanas. Una característica sobresaliente de éstas es una profunda conciencia del respeto que se debe a todo ser humano.

Es cierto que estamos todavía en pañales en esto. Sin embargo, lo poco alcanzado ya ha revolucionado, en sentido positivo, la relación de autoridad. En pedagogía, los maestros no pueden dar maltratos a los alumnos, ni los padres a los hijos. En política, las autoridades civiles o militares deben respetar los derechos humanos de la población. El caso Pinochet es muy iluminador. Incluso en la vida religiosa, las relaciones entre superiores y súbditos se han transformado en relaciones entre hermanos iguales en dignidad.

Este cambio se puede resumir como el paso de una cultura del temor a una cultura del amor. En un tiempo en que cualquiera puede desplazarse adonde quiera y manejar cualquier arma (recordemos la masacre juvenil en Littleton), la cultura del temor y de la represión debe dejar lugar a la formación de la conciencia y al respeto religioso ante el misterio de cada ser humano. La coerción, ¡que quede sólo para casos reducidos y por legitima defensa!

No es extraño ni atrevido decir que esta evolución de la humanidad ha traído la evolución del dogma en la imagen del Padre. Jesús, imagen visible del Padre invisible (a Felipe: “el que me ha visto a mi, ha visto al Padre” Jn 8, 14), nos revela en la parábola del hijo pródigo a un Dios de respeto, de amor y de vida, porque en la mente de ese Padre no hay otra cosa, mucho menos el castigo o la venganza.

Cuando, ante un niño atropellado y gravemente herido, la mamá vuelve los ojos al cielo, exclamando: “hágase, señor, tu voluntad”, sobreentendiendo que la voluntad de Dios es que el niño muera, muy piadosa puede ser esta madre pero en realidad también está muy equivocada, y es victima de la vieja mentalidad que atribuía a Dios lo malo que nos ocurría.

¿Qué haremos, entonces? ¿Nos abandonaremos al pecado? Pues, si Dios no castiga, ¿para qué luchar por observar los mandamientos?

Si este fuera nuestro razonamiento conclusivo, demostraríamos no haber entendido nada de lo dicho. Habríamos abandonado la ley del temor pero demostraríamos no creer en el amor de Dios. ¡Quedaríamos en la muerte! Porque no hacerle caso al Dios de la vida, es morir. Porque la verdad es que la enfermedad y la muerte no viene de Dios, sino de las decisiones equivocadas de nuestra voluntad, cuando no queremos seguir los consejos de amor y de vida que son los diez mandamientos.

Conclusión acertada es que nuestra vida sea un anhelo constante para a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef 4,13). Pues, es lo que da gloria al Padre y hace crecer nuestra vida como una palmera junto al rió porque Él da vida en abundancia ( cfr. Jn 10,10). Finalmente, conclusión acertada es que el pozo de nuestra esperanza sea siempre rebosante, porque Jesús ha resucitado para nunca más morir, y el amor del Padre es eterno.

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La teología franciscana

Mi querid@ teólog@, las teologías son reflexiones e interpretaciones de la verdad cristiana. Pueden ser muy distintas, aunque guarden la ortodoxia. Es como decir que reflejan la misma verdad, pero iluminando y profundizando facetas diferentes.

La teología que conocemos y manejamos a nivel de las universidades pontificias y de predicación popular, sigue siendo la de Santo Tomás de Aquino, acogiendo y sistematizando la visión teológica del Cur Deus Homo de San Anselmo . Esta teología ha hecho un servicio inmenso al caminar del pueblo de Dios. Sin embargo, como toda actividad humana, tiene sus limitaciones. Una de sus grandes limitaciones es la de sugerir una visión pecado-céntrica del cristianismo. En el centro del plan de salvación está el pecado. Este es casi el protagonista, hasta tal punto que si se quitara el pecado, no habría plan de salvación y Jesucristo no habría venido a estar con nosotros. El pecado es el motivo de la encarnación. Pero esta concepción pecado-céntrica generó la visión del castigo y del temor. No hay necesidad de detenernos en este punto, pues ejemplos hay de todo peso y tamaño. Ahora bien, la cultura actual ya no soporta tal visión.

La teología franciscana nació al mismo tiempo que la teología tradicional, pero tuvo menos suerte, si bien sobrevivió hasta hoy. Es Cristo-céntrica. Sostiene que Jesucristo habría venido a estar con nosotros aunque no hubiese habido el pecado.

La motivación es interesante. Jesucristo habría venido porque Dios es amor y sólo el amor es el estimulo de sus decisiones. Un amor libre de cualquier condicionamiento, sobre todo del condicionamiento del pecado.

Es como si un médico visitara a sus amigos solamente cuando ellos están enfermos. Un médico visita a sus amigos por amor, porque son sus amigos; siendo muy lógico que si, al visitarlos, los encuentra enfermos, lo primero que hace es curarlos, con el fin de que puedan disfrutar de su visita.

La segunda persona de la Trinidad se habría encarnado prescindiendo de si el ser humano hubiese o no pecado. Fundamentos bíblicos para esta visión teológica hay muchos. Voy a referir aquí algunas citas:

  • “(…) y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo” (Ef 1,4).
  • “Dios trazó su plan de salvación desde el principio en Cristo Jesús” (Ef 3,11).
  • “Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades; todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia”. (Col 1, 15-17).
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Dios y mis vaquitas

Mi nombre es Fray Mauro Iacomelli, franciscano; soy italiano y he cumplido 38 años de haber llegado a tierras centroamericanas.

Trabajé 12 años en Nicaragua, de 1974 a 1986, y el resto aquí en Guatemala.

Te digo, mi querid@ teólog@, de una vez que estoy agradecido con el Señor y con la comunidad centroamericana, especialmente los nicas y chapines, porque en realidad me parece que me han ayudado a entender mejor el evangelio que si me hubiera quedado en Italia. Así lo siento.

Para empezar me parece útil narrarles brevemente cómo llegué a ser misionero. Una cosa es cierta, no he bajado del cielo.

Estaba en medio de un prado cuidando de mis vaquitas (una se llamaba estrellita, otra princesa y la tercera regina), cuando un fraile limosnero me propuesto entrar en el seminario menor de los franciscanos. Yo tenía 12 años y había terminado la primaria. El fraile me dijo que allí los muchachos estudiaban y jugaban al balompié, y, si uno quería, podría ser fraile. Entré porque me gustaba estudiar y jugar balompié.

Empecé a pensar que Dios se tenía algo entre manos conmigo (como con todos), cuando a lo largo de los 14 años de seminario vi salirse a 23 de mis 25 compañeros, y yo en cambio, desde el primer día iba sintiendo cada vez más seguro de este camino.

Otra cosa. Desde muy temprano, en los primeros años del seminario, me daba vuelta en la cabeza una frase que no sé a quien se la había oído. La frase era “consolar a los afligidos“. Más tarde la encontré en el Evangelio. Pero, para entonces, ya se había tanto apoderado de mi sensibilidad que todo lo bueno lo hacia bajo el impulso de “consolar a los afligidos”. Me preguntaban ¿por qué quiere ser sacerdote? Y yo contestaba: para consolar a los afligidos. Aquello me resonaba dentro como si fuera mi nombre.

Estudié teología con un joven nicaragüense, quien me contaba de las calamidades que se pasaban en su país; era 1970. Así que, 3 años más tarde, cuando los superiores en Italia preguntaron si había algún valiente que quisiera ir a Nicaragua, levanté la mano de un impulso.

Esto fue hace exactamente 30 años. Me encontré en medio de la revolución sandinista y después a Guatemala, en medio de tantos mártires a causa del Evangelio.

A pesar de mis pecados, el Señor me ha tenido misericordia y he llegado a esta fecha y a esta edad con la alegría de decir:

“gracias Señor porque en medio de tantos pueblos pobres y afligidos por tantas dificultades me has hecho entender bastante tu Evangelio”