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EL PECADO COMO DES-ORDEN

Querid@ teólog@, el pecado es des-orden y éste causa muerte; pero Jesús, con su resurrección le gana la batalla al desorden y a su consecuencia la muerte; RE-ORDENA LA HUMANIDAD Y EL COSMOS.

Las 3 lecturas de este décimo cuarto domingo del tiempo ordinario están atravesadas por una gran enseñanza; he aquí la enseñanza: la soberbia de los poderosos causa el desorden (“vivir según la carne…”. Cfr. Rom. 8, 9) en el mundo y la muerte. En cambio, la mansedumbre de los humildes, con la persona de Jesús al frente, re-ordena (“vivir según el Espíritu…”)  y salva el mundo. Vuelvo a repetir la gran enseñanza de las 3 lecturas de este domingo. Detengámonos un poco más sobre esto. Las soberbia, el egoísmo, o sea, el pecado causan el desorden de la creación y la muerte, porque pecando, uno se aleja de Dios que es vida y felicidad. Nosotros acostumbramos pensar y decir que las enfermedades y la muerte vienen de Dios. En realidad, estamos muy equivocados. Porque Dios es Dios de vida y de amor, que no de muerte (Cfr. Sabidurìa, cap. I). El que te ama no te aporrea. Dios es un padre todo amoroso y ni siquiera puede pensar de mandar una enfermedad y la muerte a sus hijos. Recuerden la parábola del hijo pródigo. Entonces, ¿Por qué cuando visitamos a un enfermo, le decimos: “Es voluntad de Dios…le mandó una prueba, y cosas así? Preguntémonos:

  1. ¿Quién causó los 320.000 muertos del terremoto de Haití? Sólo el delirio de algún desequilibrado mental pudo decir que fue castigo de Dios…y ha habido lamentablemente desequilibrados mentales…hasta gente de Iglesia, que han dicho esta blasfemia!
  2. ¿Quién determinó la muerte de las 7 personas muertas por la bomba dejada en el bus, la semana pasada, en Guatemala? Acaso Dios?
  3. ¿Quién quiso que fueran degollados los 22 campesinos en la finca Los Cocos, en el Petén, el mes pasado? Acaso Dios?
  4. ¿Es voluntad de Dios que mueran en el mundo 30.000 niños por hambre, diariamente? Acaso Dios? Acaso somos desequilibrados mentales? Hay que buscar los verdaderos causantes, porque estas cosas son causadas por seres humanos con nombre y apellido…y en alguna lista podría estar también nuestro nombre y apellido. Decir que es Dios el causante de todas estas desgracias es evadir nuestra responsabilidad humana; es que no queremos investigar; es que no queremos afrontar la lucha por la justicia; es que no queremos descubrir nuestras culpas!

Entonces, ¿Qué dicen? Las desgracias y la muerte ¿vienen de Dios o de otra fuente? Espero que sepan contestar bien, esta vez! Para dar más fuerza a lo que estoy diciendo, me voy a apoyar en algunos pasajes de la Sagrada Escritura y en algunos textos del Magisterio.

  1. De Dios sólo viene lo bueno, la vida y la felicidad, la enfermedad y la muerte son consecuencia del pecado (Benedicto XVI a los enfermos que iban a Lourdes, el 11 de febrero de 2009).
  2. Todo lo malo, lo que hace  sufrir y produce muerte es causado por el uso desordenado de la libertad humana, y las cosas, una vez desordenadas, ya no funcionan, no producen vida (“por el pecado entró la muerte en el mundo”, de forma directa, de causa y efecto, de lógica natural, no por intervención de Dios que mandarìa la muerte por el pecado. Cfr. Rom. 5,12).
  3. El lenguaje que solemos usar los cristianos ante las desgracias y la muerte es piadoso pero perpetúa una “imagen de Dios que tanto daño nos ha hecho y tanto daño sigue haciendo: la imagen de un Dios justiciero, vengador, antojadizo, arbitrario” (CELAM, 1999). “El infierno no es castigo de Dios sino la última consecuencia de la decisión humana” (Juan Pablo II, 28. 7. 1999).

Decimos:”Dios nos lo quitó, bendito sea el nombre de Dios!”; “es que le había llegado su hora!”; “hay que aceptar la voluntad de Dios!”; “Dios sabe lo que hace; lo necesitaba junto a él”. Son expresiones piadosas pero no corresponden a la verdad y entonces se vuelven extraviantes.
Entonces, las enfermedades y la muerte no vienen de la creación de Dios ni de El sino vienen del desorden que los humanos ponemos en la creación. Así lo dice el Papa Benedicto XVI.
Un ejemplo es el cambio climático. Talamos los árboles demasiado y no hay lluvia; consumimos cosas inútiles y tiramos millones de toneladas de deshechos en el mar, en los lagos y los peces se mueren; y se mueren también los pobres pescadores porque no tienen qué pescar y qué comer. Queremos usar gases que destruyen la capa de ozono… que es como un sombrero que nos resguarda de los rayos peligrosos del sol que queman y causan el cáncer de la piel, y entonces, se deshacen los glaciales y los mares crecen y ahogan los que están cerca del mar, y así vamos teniendo problemas graves, enfermedades y muerte (Cfr. Rom. 8,1-30)..
Es que cuando se desordenan las cosas, éstas no funcionan y en lugar de vida  producen muerte…accidentes de tránsito; el pecado es desorden. Si en la casa hay vicios, gritos, violencia, traiciones, injusticias con los hijos…se vuelve un infierno. Ese infierno no lo creó Dios sino nosotros, algún miembro de la familia, de la sociedad. La situación que estamos viviendo en Guatemala,,, con tantos delitos, con las instituciones que no funcionan. Consecuencias de los pecados o sea de los desordenes que la soberbia, la codicia y el egoísmo de tantas personas, desde la conquista hasta las masacres que se han cometido los últimos 40 años. La desigualdad…la extrema pobreza, la desnutrición, la falta de medicinas, de escolarización…
Dios, lejos de mandar estas cosas, llora por tantos sufrimientos y muerte de sus hijos e hijas…Preguntan algunos, ¿Por qué no lo evita?
¡Porque respeta la libertad! No los quiere, ni los permite sino los tolera! ¿Por qué no destruye a estos malvados?..y ¿Nosotros? Se dice que “No se mueve hoja sin la voluntad de Dios”. Pues está equivocado el dicho. Lo que hay que decir es que no se mueve hoja que Dios no sepa; eso sí; pero todo lo malo se mueve y se hace contra la voluntad de Dios. Las hojas de los árboles del Petén se mueven y caen al suelo no porque Dios lo quiera sino porque los que quieren llenarse de dinero lo quieren.

¿Què hacer? 5 cosas.

  1. Aclarar, combatiendo ciertas ideas que tanto daño nos han hecho y nos siguen haciendo.
  2. Desordenemos lo menos posible, pecando lo menos posible, ¡Ojalá NUNCA! Purificándonos con una buena confesión y con una vida en gracia de Dios.
  3. Produciendo mucho amor, mucho orden, hacia aquellos que más sufren por el desorden…así colaboramos con Cristo el RE-ORDENADOR.
  4. Si son delitos perseguibles, investigar y animar a investigar para exigir justicia (que es el primer paso del amor); y, después de haber encontrado el culpable o los culpables; haberlos llevados a juicio y encarcelados, entonces:
  5. PERDONAR …y ¡Y que todos nos encontremos en el Paraíso, aun este pobre desgraciado!

Chao. Mauro

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LA MISERICORDIA DIVINA

La misericordia, en la Sagrada Escritura, es una potencia especial del amor que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido. Sus frutos son: el perdón, la restauración de la alianza, la remisión de la culpa-deuda, gratis.

1)      Distinguir entre justicia humana y justicia divina.
2)      La primera es un acto básico de amor pero tiende a ser simétrica, estrecha, igualitaria entre la ofensa y la reparación (éste fue el punto de partida equivocado del CUR DEUS HOMO de San Anselmo); a menudo incluso, en las personas menos cultivadas, se la confunde con la venganza.
3)      La justicia divina, en cambio, es MISERICORDIA (miseri-cor-dare =  dar el corazón al miserable), la cual conlleva: comprensión, ternura y perdón hacia el débil ser humano, considerado en su esencia de ser imagen de Cristo, el HIJO PREDILECTO.
4)      En el A.T., la misericordia de Yavé es descrita con dos palabras: rahamim (= amor de entrañas, de madre) y hesed (=fiel a sí mismo, amor de padre). (Is.49, 15; Jer. 31,3; Is. 54,10).
5)      En la parábola del Padre misericordioso (mal llamada: del hijo pródigo), el hijo menor regresa pensando en la justicia humana (simétrica, igualitaria, tanto cuanto…), en cambio, el Padre actúa con la justicia divina, o sea: con misericordia, compasión, ternura y gratuidad (como una madre).
6)      Así actúa Dios con nosotros: perdona nuestras “deudas”, pecados, gratis. Cristo, imagen visible del Dios invisible, perdona a sus asesinos y se lleva al paraíso, el mismo día, al ladrón y asesino, que acaba de mostrar apenas un signo de honestidad.

NOTAS: – Cfr. La encíclica de J.P.II “Dives in misericordia”.
– La salvación es producida por la misericordia no por la justicia al estilo humano.
Nuestras obras buenas son signo de la gracia no causa, consecuencia no fuente (mèrito).
– El evangelio de Lucas es el evangelio de la misericordia. Y ésta es el tema eje de la predicación de Jesús.

Un fuerte abrazo,
Mauro